En busca de la pieza que faltaba

9 historias en el aniversario de los 90 años de las mujeres en el Opus Dei. La primera protagonista de esta serie es Viviana Cifuentes, quien cuenta cómo encontró, siendo adulta, la fe y amistad con Jesús. Una historia de conversión.

Opus Dei - En busca de la pieza que faltaba

Viviana Cifuentes, 34 años, Licenciada en Odontología.

El amor y el primer encuentro con Él

Viviana Cifuentes tiene 34 años. Su familia es católica, pero no practicante, y estudió en un colegio laico en La Reina. Por eso, aunque bautizada, nunca le hablaron de Dios en su juventud. Dice que no heredó la fe y jamás pensó que ese era el camino. Pero que, aún así, “tenía la sensación de que estaba incompleta”, señala.

En junio de 2010, navegando por Twitter, red social que sólo veía para informarse, coincidió con una persona que vivía en España y con quien empezó a intercambiar opiniones. Sin saber su edad o su aspecto físico, se fue interesando cada vez más en conocerlo, ya que concordaban en la manera de pensar. Al poco tiempo, coordinaron una llamada por Skype y así fue cómo se vieron las caras por primera vez. Viviana sintió de inmediato una conexión y después de diez meses de conversaciones y llamadas, Juan José -19 años mayor que ella- decidió venir a Chile en Semana Santa.

Estuvieron juntos ese fin de semana y se dieron cuenta que eran el uno para el otro. Viviana estudiaba Odontología en la Universidad Andrés Bello, pero no llegó a titularse porque a los dos meses de ese primer encuentro decidió irse a Valencia, España, a vivir con él. Ello a pesar de los reparos y temores de su familia.

“En esa casa había amor, porque no estaba simplemente limpia, sino que se notaba que todo estaba hecho con dedicación y cariño”

Al llegar conoció a su cuñada Teresa, numeraria auxiliar, que trabajaba en la administración de La Lloma, una casa de retiros del Opus Dei en Valencia. Al explicarle su trabajo, Viviana quedó muy sorprendida de la calidez y alegría que transmitía y, especialmente, por su vocación de servicio y generosidad. “En esa casa había amor, porque no estaba simplemente limpia, sino que se notaba que todo estaba hecho con dedicación y cariño”, relata.

En diciembre de 2011 Viviana y Juan José se casaron por el civil y Teresa le regaló el libro Camino, el cual guardó hasta que un día, después de un año y medio, lo encontró. “Lo leí de un tirón y me gustó muchísimo. Por eso quise conocer más sobre su autor, al cual sólo había oído por una calle que hay en Santiago”, explica. Se puso a investigar por internet mientras volvía a leer Camino.

A medida que iba conociendo más sobre san Josemaría y el Opus Dei, se dio cuenta que “esta vocación es para cualquier persona, independiente de su profesión, sus gustos, su forma de vivir la vida”. También vio que su suegra, que también era del Opus Dei, tenía una enfermedad muy dolorosa y no se quejaba nunca. Como lo había leído en Camino, comprendió que era porque ella “ofrecía” su dolor a Dios.

Viviana y Teresa, su cuñada que vive en La Lloma, Valencia 2017.


Juan José y Viviana en La Almudena, Madrid 2019

“¿Cómo he podido llegar hasta aquí sin Dios?”

El año 2013 el matrimonio regresó a Chile debido a la crisis económica que había en España. Viviana había desarrollado una página web junto a una amiga para comparar precios de insumos dentales. Al llegar a Chile decidió continuar con la empresa.

Un día su marido sintió la necesidad de hablar con un sacerdote. Fueron juntos a la Parroquia de la Vera Cruz, -viven en la comuna de Santiago- donde los recibió el sacerdote Francisco Quingles. Aunque Juan José había sido el de la iniciativa, fue Viviana quien acordó con el sacerdote un plan para irse formando en la fe. Durante casi dos años se juntaron todos los sábados a las 16:00 horas a estudiar doctrina con el Catecismo de la Iglesia Católica. Su marido la acompañaba porque quería apoyarla y además le interesaba ahondar más en su propia formación. En la Vera Cruz -parroquia encargada al Opus Dei- veía cómo los sacerdotes tenían un trato delicado al hacer la misa y la genuflexión: “eso me hacía creer a mí también que Jesús estaba ahí, presente”.

“Noté que durante toda mi vida había buscado hacer las cosas bien por amor propio, por mi propia satisfacción, por destacar. Y lo que me gustó del Opus Dei fue darle otro sentido, más sobrenatural, al trabajo bien hecho”

“Hice la primera Comunión y Confirmación el 2016. Estaba feliz, me sentía tan bien”, explica con una gran sonrisa. “Noté que durante toda mi vida había buscado hacer las cosas bien por amor propio, por mi propia satisfacción, por destacar. Y lo que me gustó del Opus Dei fue darle otro sentido, más sobrenatural, al trabajo bien hecho”, añade.

Un año después, el 3 de junio de 2017, el padre Francisco los casó y desde entonces, para seguir formándose, comenzó a asistir a Millantué, un centro del Opus Dei ubicado en la calle Holanda, en Providencia. Mientras más ahondaba en su fe, se preguntaba “¿cómo he podido llegar hasta aquí sin Dios? Tenía la sensación de que estaba incompleta”, explica con profundidad.

“Desde que me casé por la Iglesia comencé a ir a misa todos los días, casi sin darme cuenta. Durante un tiempo había tenido que ir al kinesiólogo a las 7 de la mañana, por lo que pensaba: si pude ir todos los días a esa hora, también podré ir a misa antes del trabajo”, cuenta Viviana. Agrega que “para animarme, me decía: me estoy levantando para ir a misa y sé que no puedo flojear”.

Viviana trabaja en Providencia en una empresa que creó con una amiga

En el Opus Dei fue descubriendo cómo crecía su amor a Jesús y sus ganas de “exigirse” un poco más. “Quise empezar a hacer oración, a rezar el rosario y otras normas de piedad porque quería tener presencia de Dios en mi día, tener una relación muy cercana”, cuenta. Añade que “mi dificultad más grande es la paciencia y de esta manera, estando más cerca de Jesús, siento que puedo crecer, interesarme por los demás, quererlos más”.

“Al principio uno piensa ¿para qué me voy a complicar la vida? Pero después te das cuenta de que el premio es ir al cielo y ojalá llevar a muchos conmigo. Nada es demasiado”
Pidió la admisión como supernumeraria el 2 de junio de 2018 y desde entonces siente que este camino que ha recorrido en busca de la fe y la amistad con Dios llegó al punto que necesitaba. “Aquí se está muy bien”, comenta. “Al principio uno piensa ¿para qué me voy a complicar la vida? Pero después te das cuenta de que el premio es ir al cielo y ojalá llevar a muchos conmigo. Nada es demasiado”, enfatiza.