El por qué del sufrimiento

En su cuarta visita a Chile, el Prelado del Opus Dei, respondió preguntas a la comunidad de la Universidad de los Andes.

“El sufrimiento es algo que nos ata a Dios y a las otras personas; el sufrimiento hace familia”, enfatizó el obispo Prelado del Opus Dei, Monseñor Javier Echevarría”, ante una sobrecogida concurrencia de la Universidad de los Andes durante el primer encuentro de su visita pastoral a Chile. En un diálogo con alumnos, académicos y personal del establecimiento, respondió preguntas sobre temas que habitualmente se eluden en nuestra sociedad, como el sentido del sufrimiento y el servicio.

Con fuerza dijo: “Es verdad que no podemos entender el por qué del sufrimiento, pero al mismo tiempo es la manifestación más clara del amor más perfecto…. El sufrimiento dignifica a la persona, haciéndonos que nos parezcamos más a Cristo. Porque bastaba una palabra suya, una gota de su sangre y hubiese redimido al mundo. Sin embargo, como decía San Josemaría, entregó hasta el último aliento de su vida, hasta la última gota de su sangre. No le quedaba ya nada más como hombre. Y todo lo entregó para que nosotros nos acercásemos a Dios. A ese Dios todo misericordia y todo amor”.

Juan Carlos López Navarro, médico cirujano y jefe del Departamento de Anatomía de la Escuela de Medicina de la Universidad de Los Andes

De esta manera el obispo respondió a la estudiante de enfermería Macarena Helfmann, que participa en un trabajo social de atención a personas de la calle y gente abandonada, y quien le confidenció que el estar cerca de gente que sufre la ha acercado a Dios.

Macarena Helfmann, estudiante de enfermería de la Universidad de Los Andes

“Amad el sufrimiento cuando el Señor lo permita”, agregó. “Y a la vez, no tengáis miedo en buscar una mortificación corporal, de algo que te gusta, y ofrecerlo por las personas que no tienen de aquello que nos privamos. Gozosamente,” precisó.

Recomendó  llevar un crucifijo en el bolsillo y mirarlo cuando algo cueste especialmente. También leer el Catecismo y frecuentar la lectura del Evangelio, como una manera de conocer mejor al Señor. “Si queremos ser otro Cristo,  o el mismo Cristo,  pues que nos comportemos como Él”.

Una clínica que sea una familia

Gabriela Cuevas planteó una pregunta al Prelado del Opus Dei.

En el mismo encuentro, Gabriela Cuevas, quien trabaja en el área de hotelería de la nueva Clínica de la Universidad de los Andes, le consultó sobre cómo mantener la ilusión en el servicio, sin caer en la rutina.

Monseñor Echevarría señaló que san Josemaría “tenía muy en sus recuerdos las escenas que había presenciado en los hospitales que frecuentaba, que fueron la fuerza para sacar adelante el Opus Dei. Recordaba especialmente a un muchacho gitano a quien atendía espiritualmente y viendo éste su cariño hizo un cambio total en su relación con Dios. Al final, San Josemaría sacó un crucifijo del bolsillo y le pidió que lo besara. El muchacho, consciente de su vida pasada, decía: cómo voy a besarle con esta boca sucia. Bésale, que dentro de poco vas a recibir ese abrazo de Dios para siempre, le dijo. Y aquel hombre murió purificado”.

Así, “ cuando trabajéis en el servicio, que sea con afecto y también con 

Mons. Javier Echevarría junto a una familia en la Universidad de Los Andes

sentido sobrenatural. Que penséis que cada cosa que pongáis, ya sea una flor, un tenedor, que (los pacientes) sepan que no están en una clínica, pues estarán en una clínica que es una familia”.

“¿La rutina? No. Yo no concibo a mis padres –que ya están en el cielo- cansados de quererme. Estoy seguro que estaban esperando cuando volvía a casa, sin lugar al acostumbramiento. Por vuestro comportamiento y modo de actuar, podrán entender lo que será esa caridad de Dios, ese amor al que estamos llamados, donde ya no habrá pausas, donde estará el Señor volcándose con nosotros. Cada una y cada uno somos instrumentos de Dios que tenemos que llevar sin rutina ese amor a través del trabajo ordinario. “