Han pasado ya algunas semanas desde que León XIV pisara suelo español, pero el eco de aquellos días sigue resonando. Una muestra de ello es el artículo que Ana Sánchez de la Nieta, periodista de Aceprensa y una de las voces detrás del podcast «Esperando a León», publicó en LinkedIn y que reproducimos a continuación.
El título retrata bien lo que le ocurrió a ella —y, en realidad, a buena parte de España— durante la visita: que León XIV no dejó indiferente a nadie. Ni a los fieles, ni a los voluntarios, ni a los periodistas que fueron a cubrir la visita y acabaron hechizados.
En su artículo, Ana repasa cómo surgió el podcast «Esperando a León» —fruto de meses de conversaciones con personas que conocieron de cerca a Robert Prevost antes de ser Papa—, comparte las preguntas que le haría a León XIV si tuviera ocasión de entrevistarle, y agradece a quienes hicieron posible aquellas semanas de trabajo.
📌 Lee el artículo en LinkedIn «Cuando deje de ser una groupie, quiero entrevistar al Papa».
El artículo termina con una cita de san Josemaría que ilumina, casi a modo de clave de lectura, lo que muchos vivieron estos días: cuando alguien está cerca de Cristo y se comporta como un hijo de Dios, quema donde esté. Abrasa y no deja indiferentes los corazones (Forja, 25).
Reproducimos a continuación el artículo:
Cuando deje de ser una groupie, quiero entrevistar al Papa
Hace unos meses, cuando supimos que el Papa León XIV vendría a España, Ana Zarzalejos y yo nos presentamos voluntarias para echar una mano en la comunicación de la visita. Pensamos en hacer un podcast que diera a conocer la biografía de un Papa que todavía era un recién llegado. La organización de la visita nos dio el OK y a Aceprensa (el medio donde trabajamos) le pareció bien que dedicáramos algunas horas a este trabajo.
Titulamos el podcast «Esperando a León». Queríamos entrevistar a algunos de sus amigos. Llegamos a soñar con ir a Perú y terminar entrevistando en el podcast… al propio León XIV. Las dos últimas cosas no las hicimos (no las descartamos para un futuro), pero sí pudimos hablar con varios de sus amigos.
Uno de ellos, Armando Jesús, fue una pieza clave en el podcast. Nos facilitó muchos contactos, además de contarnos jugosísimas anécdotas, algunas muy divertidas protegidas por un riguroso off the record. Gracias a él nos recibió Rafael Lazcano (justo a la vuelta de un viaje de Roma), tuvimos una charla deliciosa y entretenidísima con Miguel Ángel Martín Juárez (y descubrí para mi desolación que el Papa es del Madrid), hablamos con Juan Lydon y Alicia Azabache para conocer sus primeros tiempos en Trujillo y con Jasson Sempertigue para saber más de sus años de obispo en Chiclayo. Para esta etapa tuvimos también la ayuda de Carlos Henríquez, que tenía muchos testimonios grabados de fieles chiclayanos.
A Armando le debemos mucho… aunque hay que reconocer que, cuando llamábamos, la respuesta unánime era «Por Roberto, lo que queráis». Descubrimos que, a Robert Prevost —Bob o Roberto para ellos—, le quieren mucho —pero mucho es mucho— sus amigos. Y descubrimos también facetas de su carácter —humano y espiritual— que hemos visto estos días. Es —nos contaban— un hombre sereno, discreto, muy piadoso y confiado en la gracia de Dios. Escucha mucho. Es prudente, sumamente listo y divertido. Todos confesaban que se lo han pasado muy bien con él. Y que es deportista y que le gusta comer, que son dos cosas muy sanas. Eso sí, no conseguimos que nadie nos contestara a la pregunta de qué le enfada a León. Que también es algo muy sano. Quizás lo descubriremos algún día.
Se nos ha escapado León XIV sin entrevistarle. Aunque, al menos a mí, quizás me hubiera pasado lo que a muchos periodistas estos días: que León los ha hechizado y han mutado de informadores a groupies en lo que dura un telediario. Estamos tan ayunos de líderes que el hechizo —en cualquier caso— es comprensible.
Creo que lo primero que le hubiéramos preguntado a León era lo que el resto no nos han contestado: qué le indigna, qué le enfada, qué le hace perder los nervios... y qué hace para no perderlos. De este viaje, le hubiéramos preguntado qué sintió al volver a España —un país muy conocido y querido para él— como Papa, cómo valora la visita, si va a volver en el año Jacobeo, qué se siente al volar en un Falcon, qué come —y qué reza— un hombre de 70 años para soportar semejante tute (sé de periodistas y voluntarios con 30 y 40 años menos que no levantan cabeza desde hace días). Pero sobre todo le haría cinco preguntas:
- Cómo preparó la visita, los discursos, los encuentros (ha sido una visita histórica y las cosas históricas no se improvisan).
- Cómo se hace para escuchar y acoger a todos… y, al mismo tiempo, no dejar que te marquen la agenda ni te escriban los titulares.
- Qué rezó delante de la Sagrada Familia y qué le pidió a Dios en la vigilia de los jóvenes.
- En qué momentos y por qué se emocionó.
- Qué podemos hacer los españoles para no solo acoger sino querer al que es diferente.
Le preguntaría también otro par de cosas personales, ya que estamos, pero eso no lo voy a publicar en LinkedIn.
Y, para terminar la entrevista, aprovecharía para darle las gracias por otras cinco cosas:
- Por regenerar, por unos días, la vida política, social y cultural española. Por obligarnos a los periodistas a dejar de hablar de cloacas y prostíbulos y ponernos a investigar sobre la Escuela de Salamanca y quitarle el polvo a los trascendentales del ser: el bien, la verdad y la belleza. Y por obligar a los políticos a recordar en qué consiste verdaderamente su trabajo.
- Por recordarnos —a esta España cainita— que tenemos mucho de lo que sentirnos orgullosos. De nuestra cultura, de nuestro arte, nuestra música, de nuestros santos y de nuestra fe. De nuestras raíces, vaya.
- Por insistirnos —machaconamente— lo importante que es una iglesia y una sociedad unidas. Le pediría que no deje de repetírnoslo aunque sea desde el Vaticano. Lo necesitamos: cada español lleva un entrenador, un presidente, un obispo y un papa dentro y, en cuanto nos despistamos, montamos una guerra.
- Por animarnos a alzar la mirada a Cristo, inyectarnos Evangelio en vena y animarnos a superar los estrechos márgenes de tradicionales o progresistas. No hace falta ser cristiano con apellidos. El sustantivo basta y sobra.
- Y, por último, por dirigirnos esa misma mirada a los que sufren: a los inmigrantes, a los presos, a los pobres y también a los enfermos, a los niños, a los ancianos, a los que están solos o deprimidos. O al que, simplemente, está al lado, al que no soy yo. A ese que llamamos prójimo y tantas veces ni siquiera vemos.
Por todo esto, gracias, Santo Padre, y cuando quiera, le entrevistamos. No nos importa viajar a Roma o a Perú.
Aunque, lo dicho, para hacer esta entrevista, a mí al menos, se me tiene que pasar el efecto groupie. A mí y a media España. Nos ha pasado lo que advertía san Josemaría en uno de sus libros (Forja, 25): cuando alguien está cerca de Cristo y se comporta como un hijo de Dios, quema donde esté. Abrasa y no deja indiferentes los corazones.
Y, si no, que se lo digan a muchos de los periodistas que han cubierto este viaje… ¡Menuda panda de groupies estamos hechos!

