Organizados por la ONG Universitarios para el Desarrollo, los voluntarios se distribuyeron en dos convivencias de trabajo al norte y al sur del país: una en La Viña y otra en El Bolsón. Allí construyeron módulos habitacionales, realizaron tareas de mantenimiento en espacios comunitarios y compartieron tiempo con familias del lugar.
Para muchos de los voluntarios, esta experiencia está profundamente ligada a su vida cristiana. Como recuerda el Papa León XIV en Dilexi Te, “la caridad es una fuerza que cambia la realidad, una auténtica potencia histórica de cambio”.
En esa misma línea, el Papa Francisco señalaba: “De un modo misterioso, el amor de Jesús se manifiesta a través de nuestro servicio: cuando intentamos levantar y curar a alguien, Jesús está ahí, codo a codo con nosotros”.
El Bolsón, Río Negro

En la Patagonia, el equipo de 75 voluntarios -conocidos como los “Bolsoneros”, que viajan desde hace más de 20 años-, hizo base en la Escuela Hogar del lugar. Durante su estadía, el foco principal estuvo en la construcción de tres módulos habitacionales de 5x3 metros (equipados con habitación y baño), destinados a pacientes del centro de salud mental local. El alcance del proyecto también incluyó la renovación de un Salón de Usos Múltiples (SUM) y la refacción integral de la casa parroquial, donde vive el sacerdote del pueblo.
Concretamente, estas obras representan una mejora importante para los pacientes del centro de salud mental que ahora cuentan con un espacio propio, con habitación y baño, que les ofrece más privacidad y mejores condiciones para la vida diaria.

A su vez, el arreglo del SUM devuelve a la comunidad un lugar de encuentro en mejores condiciones, mientras que la casa parroquial ahora ofrece un entorno más confortable. Fue justamente ahí donde se vivieron momentos imborrables entre el polvo y el desorden de la obra. Como recuerda uno de los voluntarios, Ignacio Assirio: "¡La felicidad del padre Pepe era contagiosa! Entraba donde estábamos trabajando, bailando al ritmo de la música que poníamos y admirando cómo iban quedando las renovaciones con una sonrisa de oreja a oreja". Escenas como esta muestran el clima con el que se vivieron esos días de trabajo, transformando el trabajo en una alegría genuina compartida.
“Éramos 75 personas de distintas edades, estudiando carreras diferentes, con circunstancias y costumbres distintas; pero conectados y unidos por un mismo ideal y una misma fe”.
Ignacio “Nacho” Assirio, es un estudiante platense de Agronomía y este verano sumó su cuarta experiencia en El Bolsón. Resumió la experiencia con entusiasmo: “Éramos 75 personas de distintas edades, estudiando carreras diferentes, con circunstancias y costumbres distintas; pero conectados y unidos por un mismo ideal y una misma fe”.
Esa sintonía fue clave para disfrutar lo que hacían. “A medida que pasan los días cuesta más y va apareciendo el cansancio y las dificultades”, confesó Ignacio. “Pero saber que ese esfuerzo que uno pone en cada pincelada, palada o revoque es para mejorar la vida de una familia, te ayuda a poner siempre buena cara, a hacerlo de la mejor manera, por amor a Dios”.
La Viña, Salta

95 jóvenes del norte y centro del país (los “Viñateros”) continuaron con un legado de 15 años de viajes solidarios que han dejado huella en la comunidad. La plaza y los vecinos son testigos directos de este avance sostenido, algo que se refleja de manera especial en la Plaza Divino Niño, que se construyó desde cero y donde este año las tareas se enfocaron en el revoque fino de su histórica ermita y de los bancos que la rodean.
Más allá de este punto neurálgico, el progreso del pueblo se impulsó con un despliegue de obras en múltiples instituciones: se construyeron veredas y se hicieron trabajos de albañilería y pintura en el cementerio local; se renovó el Centro de Jubilados con impermeabilización de techos y colocación de cerámicos; se pintaron los exteriores e interiores del Hospital de La Viña; y se llevaron a cabo exhaustivos trabajos de mantenimiento, pintura y terminación de rampas en dos escuelas.

“Puntualmente ver a los chicos divertirse en la Plaza Divino Niño jugando con los juegos que armamos, sentados a la media tarde en los bancos, me ayudó a tomar un poco de dimensión de lo que generan y ayudan los viñateros a la gente del pueblo", comentó Sebastián Dascanio, voluntario mendocino.
“La Viña fue un antes y un después en mi vida, me mostró que estamos hechos por y para el Amor".
Sebastián Dascanio, de Mendoza, llegó a La Viña por primera vez en 2020 casi de casualidad. “Fui de rebote, solamente porque no me quería quedar en Mendoza en enero y me llegó la invitación de la mano de mi amigo Marcos un par de días antes de que empiece”, recordó. Allí, al compartir los días con los demás, se contagió del espíritu de la convivencia, que lo animó a volver año tras año.

Pero para Sebastián, La Viña terminó siendo mucho más que un viaje de trabajo solidario; fue un punto de inflexión vital. “Dios empezó a mostrarme a través del servicio y del trabajo bien hecho, que mi vocación estaba en servirlo a él a través del Opus Dei”, contó con emoción al recordar que en 2024 pidió la admisión como supernumerario. “La Viña fue un antes y un después en mi vida, me mostró que estamos hechos por y para el Amor, que no hay nada más lindo que sacarle una sonrisa a los demás y que Dios nunca se deja ganar en generosidad”.
La pausa necesaria: contemplar y recargar

No todo fue fratacho y pala. Como en todo buen equipo, el descanso fue parte vital de la convivencia. En el sur, los bolsoneros cambiaron el polvo de la obra por el aire puro de la montaña, con subidas exigentes al Cajón del Azul, al Encanto Blanco y al Cerro Piltriquitrón, o tardes de mates en el Lago Puelo y el Río Azul.
En el norte, este año no se realizó la tradicional visita a Cafayate y se apostó por un descanso necesario. El refugio estaba cerca del dique Cabra Corral. Bajo la sombra de la arboleda, con pileta, partidos de truco, guitarra y alguna que otra siesta, los chicos recuperaron el aire para afrontar el tramo final de las obras. “El descanso es un momento importante para seguir fomentando la amistad con los demás y para llegar con más energía a terminar bien el trabajo”, explicó Dascanio.
Vacaciones para el corazón

El verdadero resultado de estas convivencias trasciende los ladrillos y la pintura; también se refleja en la vida de cada una de las personas que se acompañan en la comunidad. Más allá de las refacciones, el objetivo es que los vecinos de estos pueblos encuentren espacios más dignos y agradables que los alienten a seguir creciendo y apostando por un futuro mejor.
“La unión que nace en los equipos de trabajo se afianza más fuera de él: al compartir la Misa, los ratos de oración, la cena, un partido de truco o una cerveza a la noche”
Este desarrollo humano se afianza especialmente en lo que, en la jerga deportiva, se llama el "tercer tiempo". “La unión que nace en los equipos de trabajo se afianza más fuera de él: al compartir la Misa, los ratos de oración, la cena, un partido de truco o una cerveza a la noche”, destacó Ignacio. Es en esos momentos de pausa, al visitar y compartir tiempo con las familias del lugar, donde verdaderamente se logra acompañar, escuchar y compartir.

Al final de la quincena el cansancio se siente después de días de trabajo intenso. Para Ignacio, no haber sido “una ameba tirada en el sillón viendo reels todo el día” fue un entrenamiento inmejorable para las batallas que traerá el resto del año. Sebastián coincide con este diagnóstico. “A pesar de la incomodidad y el trabajo al sol, uno también vuelve descansado”, reflexionó el mendocino. “Pienso que la razón está en el corazón, que vuelve renovado y alimentado para que el motor del amor de Dios sea el que nos impulse a lo largo de todo el año”.
Así, estos 170 jóvenes vivieron en primera persona las palabras del Papa León XIV en Dilexi Te: que la caridad es una fuerza capaz de transformar la realidad. Como sintetiza Sebastián: “No hay mejores vacaciones para el corazón que vivirlas dándose a los demás”.
