Madrid, 1936. Los amigos de Isidoro estaban escondidos en pisos prestados o detenidos en cárceles. La situación se había vuelto muy peligrosa para los católicos y muchos sacerdotes ya no podían salir a la calle. Entre los que se ocultaban estaba San Josemaría y un grupo de jóvenes con los que había compartido los primeros años del Opus Dei.
Isidoro tenía treinta y tres años, era ingeniero, y tenía algo que el resto del grupo no tenía: nacionalidad argentina. Había nacido en Buenos Aires el 13 de septiembre de 1902 y eso le permitía moverse por la ciudad con una cierta libertad. Y siguiendo el mensaje de Jesús —"Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos" (Juan 15, 13)— decidió usar esa libertad para ellos.

Tres años cruzando la ciudad
Con un brazalete de la Embajada argentina en el brazo, amparándose en una documentación precaria —una partida de nacimiento de Buenos Aires— y sabiendo que su vida estaba continuamente en peligro, Isidoro decidió poner su vida al servicio de sus amigos.

Un compañero generoso. Socorrió a muchas personas llevándoles provisiones y alimentos que conseguía con gran sacrificio, renunciando en buena parte a lo suyo.
Un mensajero audaz. Cruzaba Madrid llevando mensajes de cariño y cercanía de San Josemaría a cada uno de los miembros del Opus Dei dispersos por la ciudad.
Un amigo tras las rejas. Uno de los primeros miembros, Ángel Santos Ruiz, fue arrestado en julio de 1937. Isidoro pasaba a visitarlo. Ángel lo recordaría como "la bondad personificada". Cuando lo dejaron libre, Isidoro siguió yendo a su casa para que él y su familia pudieran recibir la Comunión.
El que llevaba a Jesús. En aquellos meses se puso de manifiesto su amor a la Eucaristía: a pesar de las restricciones, proporcionaba a San Josemaría y a otros sacerdotes el pan y el vino para que pudieran celebrar la Misa y recibir a Jesús.
Para entender lo que hizo, hay que mirar lo que ya era
Cuando uno conoce los años anteriores de Isidoro, lo que vino después deja de sorprender tanto.
En Málaga, donde había trabajado como ingeniero en los Ferrocarriles Andaluces antes de la guerra, sus alumnos lo recordaban dando clases particulares gratis a los chicos que no llegaban al examen. Su sueldo le permitía vivir bien, pero vivía con sobriedad porque mandaba el dinero a su familia o lo repartía entre gente que necesitaba.
Pero lo que más se repite en los testimonios de quienes lo trataron es una sola cosa: lo buen compañero y amigo que era. Un compañero ingeniero, Raimundo Renta, contaba una escena de un tranvía en Málaga: todos los obreros saludaban a Isidoro con la mayor amabilidad, hasta que Renta no pudo con la curiosidad y le preguntó a uno: "¿Qué tal se porta con ustedes el señor Zorzano?". Y la respuesta fue:
"Isidoro es un camarada más, no tiene una mala palabra para nadie, y por eso le queremos y se le sigue de cabeza".

En los talleres pensaban lo mismo. Los obreros que trabajaban con él lo decían así: "En los talleres no tenía más que amigos. Nadie puede hablar mal de él". Y otro profesor de la Escuela Industrial de Málaga, Romero Santana, lo resumía sin vueltas: "Por su carácter e inmejorables condiciones de jefe, de caballero y de amigo, supo siempre mantenerse en su puesto, en todos los tiempos, haciéndose respetar y querer de todos".
Sus alumnos contaban algo parecido: "Nos perdonaba los errores y nos ofrecía con toda la confianza y desinteresadamente su enseñanza y su ayuda en todo cuanto estudiábamos. Nos favorecía a todos en cuanto podía y para él no existían diferencias. A todos nos atendía con cariño".
Un compañero lo describió con una frase corta: "Estaba siempre dispuesto a ayudar a todos en cualquier momento".
La amistad heroica de la guerra fue la continuación lógica de una amistad cotidiana sostenida por años.
Ingeniero argentino en camino de santidad
Isidoro murió con fama de santidad el 15 de julio de 1943, a los 40 años. El Papa Francisco lo declaró Venerable en el 2016. Es el reconocimiento de la Iglesia de que Isidoro vivió las virtudes heroicamente y un paso más hacia su posible canonización: puede proponerse como modelo de vida cristiana y como intercesor ante Dios.
Hoy miles de personas de todo el mundo acuden a él como a un amigo, para pedirle por las necesidades más diversas.
Si querés conocer más sobre Isidoro, podés leer subiografía completa o ver eldocumental sobre su vida.
