El Michael Jordan del Raval: “No soy un bicho raro por ser extranjero”

¿Qué tienen en común Michael Jordan y el anónimo Glen Caliba? Ambos escucharon decenas de 'noes' en su infancia, sudaron para ser los mejores, pero sobre todas las cosas, supieron recuperarse de cada fracaso para convertirse en héroes de sus equipos. Y, además, los dos aman el baloncesto.

Revista de prensa
Opus Dei - El Michael Jordan del Raval: “No soy un bicho raro por ser extranjero” Glen Caliba, hijo de inmigrantes filipinos, es el primer exalumno de la ONG con estudios universitarios. Es ingeniero informático, admirador de Bach y tutor de jóvenes. Foto: El Mundo.

El Mundo El Michael Jordan del Raval: “No soy un bicho raro por ser extranjero”

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Desde pequeño, a Caliba le ha inspirado una frase del jugador de los Chicago Bulls: "El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia gana campeonatos". En su caso, su equipo se llama Braval, una organización que desde hace dos décadas facilita apoyo a jóvenes del Raval de Barcelona a través del deporte y el refuerzo escolar. Y él, como Jordan, es la estrella del grupo tras transformarse en el primer ex alumno que se ha graduado en la Universidad. Y lo hizo como ingeniero informático.

El Braval es un centro de apoyo socioeducativo, para los niños y jóvenes del Raval, que promueve la cohesión social, lucha contra la marginación y que previene la exclusión social

"Jordan es una leyenda que se focalizaba en su objetivo, no se distraía y yo seguí ese camino", explica mientras confiesa que hoy la música lo cautiva aún más que el deporte. Se convirtió en un aficionado y su referente es Johann Sebastian Bach. "Soy un enamorado de la música clásica, me entusiasmó mucho pero ya entrado los años. Estudié piano, violín y órgano en el Conservatorio Municipal de Barcelona. Mi mayor referente del periodo barroco es Bach", sostiene.

La música le dio voz a su silencio en momentos difíciles y le permitió sobrellevar los fantasmas de la discriminación. "Un día en el Conservatorio una persona pasó por delante de mí y preguntó en voz alta: '¿Desde cuándo estudian negros acá?'. Hay palabras hirientes que no merecen respuesta", reflexiona el joven de 31 años.

Glen Caliba, hijo de inmigrantes filipinos, es el primer exalumno de la ONG con estudios universitarios. Es ingeniero informático, admirador de Bach y tutor de jóvenes

Glen es un hijo de inmigrantes filipinos y se crió en el Raval, el barrio más céntrico y degradado de Barcelona. Es uno de los primeros estudiantes de Braval, la organización que funciona en el barrio y que ahora cumple dos décadas desde que se plantó la semilla. La celebración va de la mano de la presentación de un libro titulado 20 historias de superación en el Raval.

El autor y presidente de la ONG, Josep Masabeu, recuerda que en 1998 hubo una explosiva llegada de inmigrantes al Raval. "Entonces nos planteamos: ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo afrontarlo? Había que incidir en la atención familiar primaria, abrir espacios comunes y creamos la Fundación Raval. Ya han pasado por aquí 1.240 chavales de 30 países, diez lenguas distintas y nueve religiones", señaló.

¿QUIÉN IBA A DECIR QUE CHICOS QUE SALIMOS DEL RAVAL ÍBAMOS A TENER UNA CARRERA UNIVERSITARIA?

El Braval cuenta con seis grupos de baloncesto y seis de fútbol que juegan con 120 equipos deportivos de Barcelona. Son 250 niños que tienen entre 8 y 18 años que entrenan, compiten y reciben apoyo educativo de un voluntario cuatro veces por semana. El programa llevó a cero el absentismo escolar, elevó a 80% el éxito en la ESO y logró que 13 jóvenes terminen la carrera universitaria.

Este joven de sonrisa tímida y mirada huidiza recuerda el esfuerzo que realizaron sus padres para que él y sus hermanos pudieran estudiar. "Llegaron de Filipinas hace tres décadas. Mi madre, Martina, era enfermera. Mi padre, Amancio, era profesor. Los dos tocaron Barcelona y se pusieron a limpiar casas para conseguir algo de dinero". El sacrificio dio sus frutos.

Para formar parte del equipo de baloncesto, Glen tenía la obligación de asistir a las clases de apoyo de matemáticas. "Era la materia que más sufría en el instituto, me iba muy mal, y hoy es la base de mi trabajo porque me desempeño como ingeniero en el Departamento Tecnológico de una plataforma online para turistas que se llama Gotaki". Con tenacidad rompió las barreras y encaminó su futuro. "Tengo dos hermanos menores, uno nutricionista y otro farmacéutico. Los tres pasamos por el Braval. Cuando lo pienso me choca y me alegra al mismo tiempo", desliza.

El narcotráfico es un problema en el barrio. "Tristemente hay mucho movimiento de drogas, decenas de narco pisos. Eso hace que los chavales que están más en la calle que en su casa, se acerquen a las malas compañías. Además, como los padres pasan muchas horas en el trabajo, no los pueden controlar. El Braval ayudó a los pequeños a tener un espacio en dónde jugar, estudiar e integrarse con personas de bien", indica.

En el Raval viven 49.000 personas en poco más de un kilómetro; la mitad son inmigrantes. Glen dejó su casa de toda la vida el año pasado. Se mudó. Sin embargo, regresa todos los días para dar clases a los estudiantes del Raval. "Mi hogar era muy pequeño. Durante mi infancia diez personas convivíamos en 90 metros cuadrados. Mis padres, mis dos hermanos y dos familias más", subraya.

TENÍA AMIGOS CUYO CUARTO NO ERA MÁS QUE SU CAMA; LA DIFICULTAD ECONÓMICA NUNCA FUE UN LÍMITE PARA TERMINAR LOS ESTUDIOS

"Me duele el prejuicio que existe con los inmigrantes. Me miran y me doy cuenta que muchos piensan: Tiene rasgos de extranjero y además si es de el Raval seguro será un delincuente, un terrorista o quizás no tenga educación. Eso no tiene por qué ser así. No soy un bicho raro por haber nacido en otro país. No soy un ciudadano de segunda".

Los voluntarios del Braval son una pieza indispensable de este engranaje. De los 160 referentes, Glen es uno de ellos. Quiere devolver todo lo que recibió, siente que es su obligación. "Les doy clase de matemáticas, física y química a los chavales. Siempre les digo que si no se destacan por su talento, que lo hagan por su esfuerzo", señala el joven que cree que cuanto más difícil es la victoria, mayor es la felicidad.

No le gustan las fotos. Posa un poco incómodo para el reportaje. Esboza una mueca de vergüenza y afirma: "Esto lo hago únicamente por los chavales del Raval". Y lo reafirma con una frase de la física francesa Marie Curie, otro de sus referentes: "Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos".