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Un imposible

​Tuve la suerte de conocer a Encarnita en 1993 y acudir a su Misa de funeral en 1995. Desde ese día siempre pido que cuide a mi hermana.

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Fui su médico y ahora me ayuda

Días antes, mi mujer y yo estuvimos en el acto de clausura, en su fase diocesana, del proceso de canonización de Encarnita Ortega, ya que en su día fuimos admitidos como testigos; pues yo fui médico de Encarnita y gozábamos de su amistad. Puse en sus manos la situación tan grave de nuestro hijo Alfonso para que intercediera ante el Señor.

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