Estas frases del Papa León hablan de paz. Y de una paz que nosotros mismos podemos construir en el día a día. No pensemos solo en las guerras y en cómo otros deben resolverlas, sino en la paz que podemos contribuir a crear en la universidad, en la escuela, en la familia, entre los amigos, en la ciudad, en el barrio, en una tienda, haciendo deporte…
“¡La paz esté con ustedes! Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente” (8 de mayo de 2025).
La paz no es una tregua. Humildad, saber ceder, una paz que hay que alimentar constantemente con el tiempo. En las relaciones tiene que existir siempre esta tensión positiva por entenderse, comprenderse, para recuperar la armonía.
“La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia” (1 de enero de 2026).
La paz es suave, no hace ruido. Cuando está presente no nos damos cuenta; cuando falta, sí. Es luminosa y sabia.
Cuando tratamos la paz como un ideal lejano, acabamos por no considerar escandaloso que se la pueda negar, e incluso que se haga la guerra para alcanzarla. Pareciera que faltan las ideas justas, las frases sopesadas, la capacidad de decir que la paz está cerca. Si la paz no es una realidad experimentada, para custodiar y cultivar, la agresividad se difunde en la vida doméstica y en la pública (1 de enero de 2026).
“No se detengan a mirar el smartphone, miren hacia arriba: cada uno de ustedes es una estrella llamada a iluminar el camino de la concordia” (1 de enero de 2026).
“Ayudémonos unos a otros a construir puentes con el diálogo, para ser un solo pueblo siempre en paz” (Audiencia tras su elección).
No dejemos de dialogar, de hablar, de aclararnos, de exponer nuestras razones y pedir las razones del otro.
“La paz no es una idea abstracta, sino un camino común. Debemos ser hombres y mujeres fieles a Jesús, sin miedo, capaces de perdonar para volver a empezar”.
El perdón es propio de Dios, es difícil; no significa simplemente olvidar, sino ahogar el mal recibido en una abundancia de bien.
“¡La paz que Jesús nos entrega no es la que se limita a hacer callar las armas, sino la que toca y cambia el corazón de cada uno de nosotros! ¡Convirtiéndonos a la paz de Cristo! ¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón! Por eso, invito a todos a unirse a mí en la vigilia de oración por la paz que celebraremos aquí en la Basílica de San Pedro el próximo sábado, 11 de abril”.
Cambiar ante todo nuestro corazón, ser artesanos de paz…
La oración nos educa a actuar. Las limitadas posibilidades humanas se unen en la oración a las infinitas posibilidades de Dios. Pensamientos, palabras y obras rompen entonces la demoníaca cadena del mal y se ponen al servicio del Reino de Dios: un Reino en el que no hay espada, ni dron, ni venganza, ni banalización del mal, ni ganancia injusta, sino solo dignidad, comprensión, perdón… quien reza es consciente de su propio límite, no mata ni amenaza con la muerte.
La oración nos compromete a convertir lo que todavía hay de violento en nuestros corazones y en nuestras mentes: convirtiéndonos a un Reino de paz que se edifica día a día, en los hogares, en las escuelas, en los barrios, en las comunidades civiles y religiosas, ganando terreno a la polémica y a la resignación con la amistad y la cultura del encuentro. Volvamos a creer en el amor, en la moderación, en la buena política. Formémonos y comprometámonos en primera persona, cada uno respondiendo a su propia vocación. ¡Cada uno tiene su lugar en el mosaico de la paz! (11 de abril).
He aquí para qué sirve la oración: también para cambiar nuestro corazón, para reconocernos pequeños, pobres, no omnipotentes, para no actuar como si lo fuéramos… y ponernos a disposición de la omnipotencia de Dios.
“La paz no es una ilusión de los débiles, sino el coraje de los audaces. No la busquen en las páginas de los tratados si antes no la han escrito en el respeto al prójimo”.
Respeto: ser benevolentes, buscar las cualidades de las personas, las razones de su comportamiento, no juzgar, no acostumbrarnos a criticar.
“La verdadera paz no se construye levantando muros más altos, sino bajando las voces del odio. El desarme no es solo una cuestión de cabezas nucleares, sino de palabras que hieren y de miradas que excluyen”.
Mis palabras como armas… Excluir a las personas porque no encajan en mi círculo… Crecer en la capacidad de acoger, de ir más allá de mis propios criterios.
“¡Quien tenga armas en la mano, que las deponga! ¡Quien tenga el poder de desatar guerras, que elija la paz! No una paz perseguida con la fuerza, sino con el diálogo; no con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo” ( 5 de abril).
Cuidar las relaciones, salir al encuentro de las personas.
“Debemos perseverar en invocar el don de la paz para todo el mundo. La paz tiene el aliento de lo eterno: mientras al mal se le grita 'basta', a la paz se le susurra 'para siempre'” (5 de abril).
Lo necesitamos. No nos acostumbremos a la guerra, a la violencia. Sembremos positividad, aligeremos los ambientes.
“Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Es necesario iniciar en uno mismo ese desarme del corazón, de la mente y de la vida al que Dios no tardará en responder” (1 de enero de 2026).
Dejar que Cristo reine, no imponer a los demás nuestro poder: mis ideas, mis razones, mis puntos de vista…






