Mark, James, Eric y Mike habían sido inseparables desde la infancia. Muchos los llamaban los cuatro mosqueteros, siempre apoyándose en las buenas y en las malas. Pero al hacerse mayores, la vida empezó a complicarse.
La primera señal de conflicto apareció cuando Mark, el más carismático y ambicioso del grupo, fue aceptado en una prestigiosa universidad en la ciudad. Además, había conseguido una práctica laboral que estaba bien remunerada. Para él, era un sueño hecho realidad. Siempre había querido darle una vida mejor a su familia y había estudiado sin descanso durante la secundaria para asegurarse un futuro. Evidentemente, debía mudarse.
James y Eric, en cambio, estaban conformes con quedarse en su pequeño pueblo. No podían imaginarse dejar el lugar que siempre habían llamado hogar. Mike, el conciliador del grupo, se debatía entre su lealtad a Mark y su deseo de permanecer junto a sus otros dos amigos de toda la vida.
La partida de Mark dejó un vacío en el grupo, que desde entonces se sintió incompleto. Los amigos intentaron mantener el vínculo a través de visitas ocasionales, llamadas telefónicas y redes sociales, pero no era lo mismo. Su ausencia comenzó a sembrar celos e inseguridades en los demás, que sentían que se habían quedado atrás.
Una noche, en uno de sus poco frecuentes encuentros en su bar favorito, las tensiones salieron a la superficie. James, que llevaba tiempo sintiéndose eclipsado por los logros de Mark, no pudo evitar lanzarle una crítica.
—¿Te crees mejor que nosotros ahora, Mark? —soltó, después de haber bebido demasiado—. Tienes tu trabajo elegante, tu universidad de prestigio y tus nuevos amigos en la ciudad. ¡Ya ni siquiera nos necesitas!
Mark, sorprendido y dolido, no respondió de inmediato. Eric, intentando mediar, trató de calmar las aguas, pero ya era tarde. El daño estaba hecho.
La noche terminó en una amarga discusión y Mark, sintiéndose atacado y poco valorado, salió furioso del bar, dejando atrás a sus tres amigos en medio de la confusión.
El cuarteto, antes inseparable, quedó en ruinas. La amargura creció y la comunicación se fue apagando. Con el paso de los meses y los años, apenas se hablaban o se veían.
Mike, que había sido testigo de cómo la amistad se desmoronaba, decidió finalmente que no podía quedarse de brazos cruzados. Se puso en contacto con cada uno de sus amigos por separado y los convenció de reunirse una última vez, en el mismo bar donde todo se había roto.
Preguntas para reflexionar
- ¿Cómo crees que será esta conversación? ¿Habrías hecho lo mismo que Mike?
- Ponte en el lugar de Mike: ¿qué habrías hecho en cada momento de estas interacciones?
- ¿Realmente James se equivocó con lo que dijo? ¿La ruptura de la amistad fue culpa solo de Mark, o compartida?
- ¿Con cuál de los cuatro “mosqueteros” te identificas más?





