Amigo de la gente joven y buen hijo de la Iglesia

El cardenal Shan, obispo de la diócesis de Kaohsiung (Taiwan), comenta en este artículo como el beato Josemaría “procuró siempre fomentar grandes ideales en la gente joven, especialmente entre los universitarios”.

El beato Josemaría es un verdadero amigo de la gente joven. Procuró siempre fomentar los grandes ideales en ellos, especialmente entre los universitarios.

Sus escritos reflejan su preocupación por mostrar la necesidad de la honradez a todos aquellos que se están formando para ejercer un trabajo. En el punto 345 de Camino, dice: “¡Cultura, cultura! -Bueno: que nadie nos gane a ambicionarla y poseerla. -Pero, la cultura es medio y no fin”.

A partir de este punto, podemos ver una faceta importante de la espiritualidad del beato Josemaría: supo que el objetivo de la adquisición de conocimiento es dar gloria al Creador que ha hecho posible que aprendamos tantas cosas. En cualquier caso, todo aprendizaje debe llevarse a cabo con afán de perfección. Si se transforma en una ofrenda a Dios, nuestro trabajo debe estar bien hecho, como dice el beato... “que nadie nos gane a ambicionar la cultura...”.

Lo mismo dice en otros muchos puntos de Camino: “Oras, te mortificas, trabajas en mil cosas de apostolado..., pero no estudias. -No sirves entonces si no cambias. El estudio, la formación profesional que sea, es obligación grave entre nosotros.” (Punto 334). Y en el punto 338: “Antes, como los conocimientos humanos -la ciencia- eran muy limitados, parecía muy posible que un solo individuo sabio pudiera hacer la defensa y apología de nuestra Santa Fe.

Hoy, con la extensión y la intensidad de la ciencia moderna, es preciso que los apologistas se dividan el trabajo para defender en todos los terrenos científicamente a la Iglesia.

-Tú... no te puedes desentender de esta obligación.”

Desde que descubrí este pequeño libro (Camino), lo he usado con frecuencia en mi oración. No es sólo una guía para alcanzar las alturas de la espiritualidad cristiana. También constituye una guía sobre cómo los cristianos debemos amar a nuestra Madre la Iglesia. De hecho, aunque los puntos del librito tratan diferentes aspectos de la vida del cristiano -oración, mortificación, presencia de Dios, humildad, pobreza, etcétera- todos ellos conducen en último término al amor por la Iglesia.

Esto es realmente teológico. Vemos que cuando el Espíritu sopla donde quiere,—creando diferentes carismas, manifestaciones infinitas de la Caridad—, concluye que todos somos hijos de la misma Madre. Y a esta Madre debemos el honor de ser mejores cristianos sea cual sea nuestra ocupación.

Me parece que esto resulta muy relevante en nuestros días, cuando la Iglesia debe pronunciarse sobre cuestiones que fácilmente pueden confundir a creyentes y no creyentes. La clonación, la investigación con células madre, la eutanasia. Todos, religiosos y laicos, piden un pronunciamiento sobre estos temas a la luz de la Revelación Divina.

Ahora bien, no podemos dejar sola a la Iglesia a la hora de abordar estas tareas. Las palabras del beato Josemaría al respecto resuenan en nuestros oídos recordándonos la necesidad de estudiar con el fin de difundir la verdad y defender a la Iglesia.

El mundo parece buscar una luz en la Iglesia. La oscuridad de la ignorancia incapacita a muchos a dar incluso el primer paso para preguntarse a sí mismos cuál es el sentido de sus vidas. Para mucha gente, las cosas buenas de nuestro mundo -ciencia, trabajo, naturaleza- se convierten en escollos en su camino hacia la luz de la verdad.

La espiritualidad del beato Josemaría se centra en esta continua búsqueda a partir de las realidades ordinarias, y encuentra que “hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes”.

  • Cardenal Paul Shan S.J. // Christian Life Weekly (Taiwan)