¡Rebeldes desde jovenes!

Un joven se dirige a san Josemaría y le pregunta: ¿Usted fue rebelde cuando fue joven?

–Yo quisiera preguntarle si usted ha sido rebelde cuando era muchacho.

– Sí, sí. Y ahora sigo siendo rebelde, porque no me da la gana vivir como un cerdo.

No me da la gana protestar por todo sin dar una solución positiva.
No me da la gana llenar de desorden la vida. Me rebelo contra todo eso.

Quiero ser hijo de Dios, tratar a Dios, portarme como un hombre que sabe que tiene un destino eterno.

Y además, pasar por la vida haciendo el bien que pueda: comprendiendo, disculpando, perdonando, conviviendo.

Esta es mi rebeldía. De modo que yo soy más rebelde que ninguno.
Y tú, sé muy rebelde, que no es malo.