Me encanta la literatura fantástica. Lo que me fascina de este género es que, aunque los mundos, las tramas y los personajes pueden ser muy distintos, muchos comparten ciertos arquetipos.1 Uno de los más interesantes, especialmente en la fantasía contemporánea, es el del protagonista huérfano o que desconoce su propio pasado. De una manera u otra, el personaje principal descubre a lo largo de la historia una figura paterna que le revela algo especial sobre su pasado, algo que lo hace único y sumamente valioso.2 Y, por lo general, esa figura paterna sacrifica su vida por amor al protagonista.
Este arquetipo del huérfano que descubre su verdadera identidad se encuentra por excelencia en la Biblia. Podría decirse incluso que la Sagrada Escritura es la historia de la humanidad que se quedó huérfana a causa del pecado original y que durante generaciones intentó en vano regresar al hogar del Padre, hasta que Jesús vino a la tierra y entregó su vida para abrir para siempre la puerta del amor de Dios. Con Cristo, el hombre recupera su verdadera identidad: la de hijo amado incondicionalmente por Dios.
Pero este no es el final de la historia, sino el comienzo de una aventura nueva y apasionante. Dios nos revela nuestra verdadera identidad y nos muestra el camino a través de Cristo. Sin embargo, el pecado sigue nublando nuestros ojos ante quiénes somos realmente. Nuestros corazones están atormentados por heridas del pasado y por un uso desordenado de la libertad, lo que dificulta interiorizar la verdad del amor de Dios. Esto también se refleja en muchas historias de fantasía. El protagonista descubre quiénes son sus padres y cuál es su verdadera historia, pero también hay heridas y traumas dolorosos en su corazón que debe afrontar, aceptar y dejar sanar con la ayuda de los demás. Así puede abrazar su verdadera identidad y alcanzar su destino final.
La virtud de la piedad es la virtud que nos permite interiorizar la verdad de nuestra filiación divina en nuestra actitud y en nuestro comportamiento. Uno es piadoso cuando se comporta con la dignidad de un hijo amado de Dios. Para algunos, esto resulta más natural porque crecieron en una familia unida y amorosa y recibieron una imagen positiva y verdadera de Dios como Padre. Pero también puede ocurrir que la imagen del Dios Padre amoroso haya quedado empañada porque recibiste poca atención y poco amor en la infancia, porque viviste una situación familiar rota, o porque atravesaste circunstancias en tu vida que dañaron tu identidad.
La hermana Clare Crockett (1982-2016) es un ejemplo de alguien que interiorizó la virtud de la piedad partiendo de una identidad herida. Nacida y criada en Derry, Irlanda del Norte, fue bautizada en la Iglesia Católica, aunque era indiferente a la religión. Desde muy joven, se encaminó hacia una prometedora carrera como actriz. Al mismo tiempo, se entregaba a las fiestas, los chicos y el alcohol, hasta que acabó por casualidad en un retiro en el norte de España, donde el Cristo crucificado llamó a la puerta de su corazón. Tras un largo camino interior, descubrió su vocación como religiosa en el Hogar de la Madre. Murió con fama de santidad a los 33 años, en un terremoto en Playa Prieta (Ecuador), donde vivía en ese momento.
La hermana Clare tenía padres cariñosos, pero su desconocimiento de Dios y su vida pecaminosa la habían dejado con una identidad herida. A base de tanteos y errores, llegó a conocer verdaderamente el amor paterno de Dios y aprendió a poner todas sus heridas y su pecaminosidad a los pies del Señor.
Poco a poco, una piedad profunda fue echando raíces en su alma en proceso de sanación, como atestiguan estas palabras de su diario:
Estoy meditando ahora la parábola del hijo pródigo y me está ayudando mucho. Me hace mucho bien contemplar el cuadro de Rembrandt, porque me siento totalmente identificada con el hijo que estaba perdido, roto y vacío, no solo en mi vida pasada, sino incluso a veces ahora.
Con frecuencia necesito arrodillarme ante el Padre. La verdad es que solo encuentro paz cuando me apoyo en Él, cuando me presento ante Él con todas mis miserias y dejo que Dios sea Dios, que me ama y me perdona incondicionalmente. No siempre entiendo su amor y su misericordia, porque los míos son tan débiles y tan manchados. A veces parece como si quisiera demostrarle a Dios que mi oscuridad es demasiado grande para ser vencida. Pero experimento que Dios me pide que confíe en Él y, cuando lo hago, entonces tengo paz y libertad.3
Lo que la hermana Clare muestra de manera tan inspiradora es que tu fragilidad y tus limitaciones pueden ser precisamente la fortaleza con la que puedes abrazar al Padre. Es a través de las heridas de tu alma donde el amor de Dios puede entrar e iluminar tu verdadera identidad.
¿Cómo se manifiesta la piedad en la vida cotidiana? En la paz y la confianza con que rezamos, en la dignidad con que asistimos a la Santa Misa y a otras celebraciones litúrgicas, en el respeto con que nos arrodillamos ante el Sagrario, en la manera en que tratamos a quienes nos rodean... Se trata de que la conciencia de ser hijos del Dios Todopoderoso impregne toda nuestra vida.
También se expresa en el arrepentimiento que mostramos cuando pecamos y en el deseo con que nos acercamos al sacramento de la Confesión. Durante toda nuestra vida tendremos que aprender a convivir con nuestras limitaciones y errores. Un alma piadosa lo comprende y es consciente de que Dios también lo tiene en cuenta. Sus caídas y sus limitaciones no le arrebatan la paz interior, sino que lo impulsan a abrazar aún más la misericordia divina y a comenzar de nuevo con la fuerza que viene de lo alto.
La vida puede ser compleja. A veces surgen en ella desafíos que pueden parecer abrumadores y difíciles de sobrellevar. Santos como Josemaría Escrivá también lo vivieron. Pero tenían un secreto: nunca soltaron la mano de nuestra madre María. María siempre conduce a Jesús. Ella siempre te ayudará a experimentar y vivir el amor infinito del Padre con toda tu fragilidad:
«¡Madre! Vuelve a llamarla. Ella te escucha, te ve quizás en peligro, y con la gracia de su Hijo, ella, tu santa Madre María, te ofrece el refugio de sus brazos, la ternura de su abrazo. Llámala, y te encontrarás con fuerzas renovadas para la nueva lucha»4.
En resumen:
- Definición: La virtud de la piedad es la virtud que nos permite interiorizar la verdad de nuestra filiación divina en nuestra actitud y en nuestro comportamiento.
- Santos jóvenes: Las heridas y vulnerabilidades de la Hna. Clare Crockett permanecieron con ella después de su conversión, y aprendió a llevarlas a Dios una y otra vez en la oración, dejando que su amor y su misericordia la sanaran y arrojaran luz sobre su verdadera identidad como hija amada de Dios.
- Libros y películas: Muchas novelas de fantasía presentan a un protagonista que desconoce la verdad de su pasado y debe descubrir su verdadera identidad. Ese descubrimiento no es el final de la historia, sino el comienzo de una aventura nueva y apasionante.
- De san Josemaría: «Si te haces niño delante de Dios, ese hecho te acercará a tu Padre Dios, y a tu Madre, la Santísima María. Y san José y tu Ángel no te dejarán desprotegido cuando te vean niño. ¡Ten fe. Haz todo lo que puedas. Sé penitente y amoroso! Ellos suplirán lo que te falte» (Forja, n.º 598). Más aquí y aquí.
- Consejos prácticos:
Lleva tu fragilidad y tus limitaciones a Dios en la oración y en el sacramento de la Confesión. Dios te ama, y su luz puede entrar en tu alma a través de tus heridas.
La dignidad con la que participas en la Misa, te arrodillas ante el Sagrario o tomas parte en la liturgia expresa y profundiza tu conciencia de que estás ante tu Padre.
La paz es un signo de piedad: orar con calma, reaccionar ante las dificultades, levantarse de nuevo cuando uno cae...
Cuando la vida se complica o te sientes desbordado por los desafíos que enfrentas, María te ayuda a experimentar el amor infinito de Dios Padre.
1 En la literatura y la narrativa, los arquetipos son tipos de personajes, esquemas argumentales o símbolos comunes que aparecen en distintas culturas.
2 Algunos ejemplos de libros de fantasía que comparten este arquetipo: Harry Potter (J.K. Rowling), El ciclo de la herencia (C. Paolini) y La trilogía Farseer (R. Hobb). Este arquetipo también aparece en obras de ciencia ficción, como Star Wars y Hacia las estrellas (B. Sanderson).
3 Hna. Kristen Gardner, SHM, Sor Clare Crockett. Sola con Cristo a solas (Zurita, 2021), pág. 212.
4 San Josemaría Escrivá, Camino, n.º 516.





