San José, Modelo de fe
El evangelio no nos dice mucho sobre san José, pero aún así podemos aprender mucho de él. En este artículo destacamos algunas de las virtudes de san José que nos pueden ayudar también a nosotros.
Te aviso, te anuncio, que hoy renuncio.
Quizá esto te recuerda a la canción de Shakira, pero venimos a hablarte de otro tema: la mortificación. Aprender a elegir bien. Renunciar a algo no es perder, es entrenar el corazón para ser más libre y amar mejor.
San José: el brillo de ser y estar
San José no brilló haciendo ruido, sino entregándose de verdad: ¿y si la felicidad que buscas está más en darte que en destacar? En medio de la incertidumbre, él confió en Dios… ¿te atreves tú a soltar el control y dejarle guiar tu historia?
Y tú... ¿qué habrías elegido?
Jesús invita al joven rico —cumplidor pero inquieto— a dar un paso radical: venderlo todo, dárselo a los pobres y seguirle; él se va triste porque no se atreve a soltar sus seguridades. Y tú te quedas con la pregunta clavada: cuando Cristo te mira con amor y te llama, ¿bajas la mirada… o le dices “aquí estoy”?
¿Ante quién te arrodillas?
La Cuaresma empieza en el desierto, donde Jesús nos enfrenta a una pregunta clave: ¿ante quién pongo mi corazón? Porque lo que parece libertad —hacer lo que quiero— puede acabar esclavizándonos.
San José, mi Padre y Señor
Al empezar y terminar nuestros ratos de oración con el texto que preparó San Josemaría, acudimos siempre a San José y además añadimos mi Padre y Señor. Y no deja de ser curioso que el hombre que había renunciado por amor de Dios a la paternidad, más de dos mil años después se ha invocado por miles de almas.




