Exposición itinerante sobre el “Inge Arturo” recorre México

La historia de Arturo Álvarez ha viajado por cerca de 20 ciudades entre matraces, pizarras y cartas. Maestro exigente, amigo cercano y hombre de fe, el ingeniero Arturo demostró que la santidad no está reservada a lo extraordinario, sino que puede surgir en lo cotidiano: en una clase bien preparada, en un consejo oportuno y en la sonrisa compartida con sus alumnos.

El 25 de octubre de 2021, la Arquidiócesis de Guadalajara abrió formalmente la causa de canonización de Arturo Álvarez Ramírez, miembro agregado del Opus Dei. En 2025 se entregaron las actas del proceso al Dicasterio para las Causas de los Santos en Roma. Actualmente, se trabaja en la preparación de la positio, el siguiente paso formal en la causa.

Durante un año y diez meses, desde enero de 2024, miles de personas en México han conocido de primera mano la vida del “Inge Arturo” gracias a la exposición itinerante «La química de la docencia».

Exposición realizada en abril 2025, en Monterrey, Nuevo León.

La muestra no es solo una colección de objetos personales ni una recreación de espacios; es un viaje en el tiempo. Desde Guadalajara hasta San Luis Potosí —pasando por Aguascalientes, Ciudad de México, Saltillo, Torreón, Monterrey y otras ciudades—, ha recorrido 19 ciudades, a lo largo de 5.296 kilómetros, y ha recibido a 29.123 visitantes. En cada lugar se han recreado un laboratorio y un aula universitaria con matraces, tubos de ensayo, un reloj de pared, una pizarra y la bata blanca que usaba el profesor Arturo.

Galaría de fotos

La Química de la docencia – exposición itinerante de Arturo Álvarez “El Inge”

Quienes visitan la exposición se sorprenden al descubrir cómo un profesor universitario nacido en Ciudad Guzmán en 1935, hijo de un albañil y de un ama de casa, llegó tan lejos y transformó tantas vidas. La muestra incluye fotografías familiares, cartas de agradecimiento, su pasaporte, calificaciones de estudiantes e incluso la imagen de la única novia que tuvo, antes de responder al llamado de Dios a vivir el celibato apostólico como miembro agregado del Opus Dei.

El “Inge Arturo” no se limitaba a enseñar fórmulas químicas. Abría las puertas de su oficina, apodada “el confesionario”, para escuchar problemas personales, orientar a sus alumnos y brindar consuelo. Sus clases eran exigentes, pero siempre acompañadas de un afecto genuino y un interés profundo por cada estudiante.

Durante la gira de la exposición, en cada una de las ciudades se organizaron eventos que presentaban la vida heroica y ejemplar de Arturo Álvarez. Como resumió Mons. Mariano Fazio, vicario auxiliar del Opus Dei: «No hizo cosas espectaculares, sino que, en una vida normal de profesor universitario, dejó la impronta del espíritu cristiano». Esa “normalidad luminosa” ha conmovido a miles de visitantes, incluso a quienes lo conocían por primera vez y no compartían su fe.

Don Mariano Fazio, en la Universidad Panamericana.

Hasta ahora, más de 29 mil personas han recorrido «La química de la docencia». Padres, estudiantes y trabajadores se detienen frente a vitrinas que cuentan pequeñas historias: un examen corregido con tinta roja, un retrato en bicicleta un domingo, la carta de un alumno enfermo agradeciendo su visita. Cada pieza es una ventana al corazón de un hombre que entendió su trabajo como camino de santidad.

El proceso de canonización sigue su curso: tras la fase diocesana en Guadalajara, la documentación llegó a Roma y se estudian los testimonios y favores atribuidos a su intercesión. Mientras tanto, la exposición permite que muchos jóvenes descubran un ejemplo único: “Es la primera vez que veo algo así”, escribió un visitante en los cuadernos de la muestra. En redes sociales, fotos y mensajes replican la experiencia: «Quiero ser un profesor como él», «me recordó que se puede enseñar con alegría y fe».

Artículo del Excelsior (julio de 2024)

Al recorrer de nuevo el laboratorio y el aula del Inge Arturo, la vida de este maestro se hace presente en cada vitrina, en cada testimonio y, sobre todo, en cada persona. Como dijo uno de sus alumnos: «Un maestro no solo imparte conocimientos; da parte de sí mismo. El Ingeniero Arturo nos enseñó ciencia, pero también un camino hacia la santidad».

A treinta años de su partida y tras la apertura de su causa de canonización, queda claro que la verdadera química de la docencia no estaba en los compuestos de laboratorio, sino en la fórmula simple y poderosa de vivir con fe lo ordinario de cada día. Su ejemplo sigue vivo, enseñando que la grandeza se encuentra en los gestos cotidianos y en el cuidado sincero por los demás.

Publicación en Instagram, Mons. Ramón Castro, obispo de Cuernavaca (enero de 2025)

Este primer recorrido del museo itinerante La química de la docencia concluyó con un acto de clausura en el aula 17 del edificio de la Universidad de Guadalajara, donde el ingeniero Arturo impartió clases durante más de 30 años.


Oración para pedir la intercesión de Arturo Álvarez

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