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Hablar de san José como modelo de fe, nos lleva, en primer lugar, a tener presente lo que significa la fe. El Catecismo de la Iglesia Católica de forma clara nos enseña lo siguiente: “La fe es una adhesión personal del hombre entero a Dios que se revela. Comprende una adhesión de la inteligencia y de la voluntad a la Revelación que Dios ha hecho de sí mismo mediante sus obras y sus palabras”. Como podemos percibir, la fe exige una entrega total del hombre a Dios.

La Biblia nos va presentando a lo largo de la historia de la salvación, una serie de hombres y mujeres que son modelos de fe. En ellos se percibe cómo la fe lleva a orientar toda la existencia humana hacia Dios. Al respecto, sabemos que en el Antiguo Testamento el modelo de fe es Abraham. De ahí que el mismo Pablo señala al patriarca como Aquel que fue justificado por la fe y se convirtió en padre de los creyentes. En el Nuevo Testamento el modelo de fe es la Santísima Virgen María. Ella es la sierva humilde del Señor, aquella que tuvo una verdadera peregrinación en la fe.

Y ¿qué podemos decir de la fe de san José? Apoyándonos en los pasajes evangélicos donde aparece José no es una exageración afirmar que el Padre adoptivo del Señor, mostró analógicamente una obediencia de la fe como Abraham y como María, aunque en su situación concreta. En este sentido, vamos a indicar una serie de aspectos vividos por el Custodio del Redentor y que están relacionados con una fe verdadera y todos ellos armónicamente unidos permiten hablar de una vida marcada por la fe.

a. Fe y escucha

San Pablo enseña que la fe viene ex auditu, es decir por la escucha de la Palabra. San José es el hombre de la escucha de la Palabra. El sentido que no aparezca nunca en los Evangelios hablando sino escuchando, tiene una clara intención teológica. ¿Cuál es? La de mostrarnos la total apertura de San José al mensaje divino.

En una sociedad, como la actual, donde se ha perdido el hábito de la escucha, no solo con Dios sino con los demás, conviene proponer a José como el modelo de la escucha atenta a la Palabra de Dios.

b. Fe y silencio

El silencio tiene un valor sagrado. La Sagrada Escritura muestra cómo el silencio es un contexto vital para de la acción salvífica de Dios. San José, lo sabemos, es el varón del silencio, por eso, puede escuchar correctamente la Palabra de Dios. En un mundo donde el ruido y el barullo parecen ser esenciales y por eso hay una crisis de interioridad, José nos enseña que solo el silencio es el camino para acoger la Palabra de Dios. Es necesario redescubrir el valor sagrado del silencio.

José nos enseña que solo el silencio es el camino para acoger la Palabra de Dios.

c. Fe y obediencia

La obediencia (ob- audire) es una exigencia de la fe ante Revelación, siendo el modelo de obediencia el mismo Cristo, quien no vivo a hacer su voluntad sino de Aquel que le envión. La Redención del hombre ha pasado por la obediencia de Cristo. Y san José se inserta en todos aquellos justos de la historia de la salvación que con su obediencia colaboraron en la salvación. Es tan importante la obediencia que san Pablo habla de la obediencia de la fe. San José siempre aparece obedeciendo lo que Dios le pide. Un indicativo de la fe es la obediencia a Dios, a su santa ley, a sus inspiraciones y planes sobre nuestra vida. San José es un modelo de total disponibilidad a los planes de Dios.

d. Fe y fortaleza

La fortaleza ciertamente es una virtud cardinal, pero para el creyente está profundamente enraizada con su fe. De ahí que son varios los textos sagrados que presentan a Dios como nuestra roca, nuestro baluarte, nuestra fortaleza. Solo aquel que tiene una fe firme en Dios, tiene la verdadera fortaleza. San José tuvo una fe recia que le permitió sobrellevar las diversas dificultades que aparecieron en su caminar y que él era consciente que tenía que superar para ser fiel a su vocación de Padre adoptivo del Salvador y Custodio de María.

La fortaleza que bebe de la fe es esencial para cumplir nuestra vocación martirial. Hoy es tiempo de martirio. En efecto, ante el constante bombardeo de ideologías de diverso tipo y que como un nuevo Herodes quieren atentar contra la dignidad de las personas humanas, sobre todos los más indefensos, San José nos enseña a ser fuertes en la fe.

e. Fe y castidad

San Pablo afirma que el creyente debe tener el buen olor de Cristo. Ese buen olor de Cristo, lo trae la virtud de la castidad. La relación fe y castidad no es artificiosa, al contrario, el que se ha entregado a Cristo con todo su ser, eso es fe, al mismo tiempo da gloria a Dios con su sexualidad. San José es el varón casto, el protector de la virginidad de María.

No se trata de estar obsesionados con los temas de sexualidad, pero, no podemos callar, pues sería una traición al Evangelio, que es necesario una verdadera educación en la castidad. De ahí que san José es actual, su vida limpia, su mirada pura, nos enseñan el valor de esta virtud que nos permite amar correctamente al prójimo.

f. Fe y trabajo

El apóstol Santiago señala con claridad que la fe sino está acompañada de obras está muerta. Dicho de otra manera, solo las obras concretas pueden mostrar una fe viva. En este sentido, la fe de san José se desplegó existencialmente en su trabajo de cada día. Los Evangelios señalan que era fabris, a Jesús se le llama el filius fabris. San José muestra una fe activa, no una deformación de la fe.

San José muestra una fe activa.

En este sentido, san José aparece como modelo de fe para los laicos. ¿En qué sentido? Los laicos están llamados a santificar las realidades temporales, pues su vocación es hacer presente el Reino de Dios en el mundo. Es decir, a iluminar desde su fe todo aquello que existe en el mundo. Aún es tarea pendiente lo enseñado sobre los laicos en el Concilio Vaticano II. Proponer a José como modelo de trabajo bien hecho es un incentivo para el Evangelio del trabajo.

No dejemos de acudir a san José, en verdad es su intercesión es poderosa delante de Dios, quien como decía San Josemaría es: Padre y Señor nuestro, maestro de vida interior, y un hombre joven, fuerte y trabajador”.