El prelado del Opus Dei en Paraguay

El pasado 13 de agosto, Mons. Fernando Ocáriz inició su visita pastoral en Paraguay. En esta noticia te contamos los detalles de cada día.

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13 de agosto

Asunción recibió al Padre con un clima inusualmente fresco y en medio de una explosión de lapachos florecidos, los árboles que dan a la ciudad su fisonomía tan característica.

Pero no menos explosión se produjo en la sala de recepciones del aeropuerto: fue desbordante la emoción y la alegría de las familias que allí esperaban, con sus niños yendo y viniendo, al tercer sucesor de San Josemaría que acababa de pisar tierra paraguaya.

Ricardo, por ejemplo, saludó al Padre larga y efusivamente en guaraní, el idioma oficial del país, junto con el castellano; la familia Tapia le mostró un simpático afiche dándole la bienvenida; los González –curiosamente, dos familias con ese mismo apellido-, los Portillo, Piñanez, los Prieto, y los Colmán le ofrecieron flores y pequeños obsequios, mientras los niños jugaban con globos de colores.

La atmósfera, llena de cariño, era de serenidad y alegría intensa, contenida. Pocos minutos después, el Padre llegó a La Cumbrera, la casa de retiros y actividades de formación que lo alojará en estos días.

Nada más entrar, con su habitual sonrisa y alegría, pasó al comedor para saludar a un grupo de mujeres de la Obra que lo estaban esperando. Le recibieron con un fuerte aplauso y un sonoro “Bienvenido Padre al Paraguay”.

Finalmente, le dirigieron el típico saludo local “Mbaéichapa Padre” —¡cómo está, Padre!— y entonaron a viva voz la canción “Le damos la bienvenida”.

Esta noticia se irá actualizando día por día.

14 de agosto

El Prelado pasó a conocer las instalaciones de la nueva sede del colegio Buenafuente, anexa a La Cumbrera. Aunque el día estuvo nublado y lloviznaba, caminó entusiasmado en medio del barro y hasta plantó un árbol ayudado por Koki, fiel colaborador de Buenafuente.

Los alumnos y alumnas del Apoyo Escolar que allí funciona estuvieron presentes desde muy temprano con sus padres y le cantaron “Mbaéichapa”. El Padre les agradeció su presencia y les impartió su bendición. También repartió caramelos y encendió una vela frente a una imagen de la Virgen.

Al mediodía, recibió a varias familias de Encarnación, Ciudad del Este y Asunción en el living de La Cumbrera. Fue un encuentro sencillo y ameno, cargado de emociones y de niños que correteaban por los pasillos. De particular simpatía fue el saludo de la familia Feschenko: le entregaron unos rosarios que confeccionaron entre todos, con un recuerdo especial, para que el Padre los regalara durante su viaje.

Los Portillo sorprendieron con un rap que Nacho, de 11 años, había preparado para la ocasión:

“Somos los Portillo y aquí estamos contigo.

Por ti siempre rezamos, pues una gran responsabilidad estás llevando.

Gracias a ti la gente va creyendo,

gracias a ti el cristianismo va subiendo”.

Después del almuerzo, se dirigió a la Casa Colonial para tener una tertulia con mujeres de la Obra. Estaban esperándole de diversas ciudades: Asunción, Ciudad del Este y Encarnación. Además, había un pequeño grupo de Posadas (Argentina) y de Montevideo (Uruguay). Una de las presentes le entregó de parte de su sobrina de 9 años una alcancía con forma de chanchito, para que el Padre lo use para ayudar a la gente durante el viaje.

Más tarde, el Padre regresó al living de La Cumbrera para saludar a más familias y, luego, reunirse con estudiantes. El encuentro comenzó con una invitación a leer el evangelio, imaginando que cada uno es un personaje de la escena. Explicó que este es un camino “muy bueno para tener sintonía con Jesucristo”.

De forma divertida, Samuel le preguntó cómo es que era español, pero había nacido en París. El prelado narró que su padre tuvo que salir de España al finalizar la guerra civil en 1939 —como mucha gente— y, por eso, nació en Francia. A continuación, David le pidió que autografiara un escudo del Club Tuguató y le consultó sobre el mejor modo de prepararnos para el próximo sínodo sobre los jóvenes y la vocación: primero, rezar. Después, plantearse el discernimiento vocacional, sabiendo que Dios tiene un plan para cada uno, la santidad, y que “lo que Dios nos pide es un don que nos hace”.

Diego bromeó con el Prelado sobre la larga espera de 21 años para recibirlo en Paraguay, pero el Padre lo desafió indicando que él no había nacido, y despertó risas generales. Diego manifestó su inquietud por aprovechar la formación cuando uno se va acostumbrando a las charlas. Mons. Ocáriz le propuso “reconquistar la ilusión de la primera vez”, porque “cuando la fe es viva surge el deseo de conocer más a Jesucristo”. Al final, Diego lo invitó, “si tenía un huequito”, a darle un círculo de formación a él y sus amigos. Más risas y aplausos.

Laguna Grande generó un momento especial: le regalaron una camiseta del colegio y le dieron a tomar tereré —bebida tradicional del país— con la misma guampa que había tomado el Papa Francisco, como acreditaba una foto que presentaron como prueba.

Martín, de Ciudad del Este, le preguntó por el buen uso del celular y el Padre lo invitó a ser sincero consigo mismo: ¿qué busco aquí, al usar el teléfono? Y Ezequiel le contó que él no va a un centro de la Obra, sino que la Obra viene a su casa, porque en Encarnación, las actividades de formación se hacen en su casa. Ante eso, se llevó un “la Obra está en vuestras manos, las tuyas y las de tus amigos”, de manera más clara.

Un recitado de Fidel que terminó con tres hurras a todo pulmón puso el broche de oro a la tertulia, que dio lugar a una foto en el jardín, mezcla de tomas con dron y flashes creativos.

A las 19, la Parroquia San Cristóbal desbordaba de gente, por la doble alegría de festejar la Fiesta de la Asunción, patrona de la Ciudad, y participar de la concelebración presidida por Mons. Ocáriz, acompañado de los presbíteros Víctor Urrestarazu, Andrej Rant, Jorge Gisbert, Luis Aguirre, Federico Mernes y Juan Carlos Alegre.

En las intenciones, se recordó a mons. Rogelio Livieres, en el tercer aniversario de su fallecimiento, primer sacerdote de la Obra de origen paraguayo (aunque nacido en Corrientes por cuestiones políticas) y obispo emérito de Ciudad del Este.

En la homilía, destacó la relación entre la Fiesta de la Asunción y la historia de la ciudad, y reflexionó sobre que “la Asunción hace que la Virgen esté más cerca de nosotros, la hace de tal manera unida a Dios que es capaz de escucharnos y estar presente con cada una y cada uno de nosotroDestacó que “nos escucha como madre”y que “el Cielo está muy cerca de nosotros, por una mediación materna”: “Siempre está dispuesta a escucharnos… esto nos tiene que animar a acudir más a la Virgen, a tener más confianza en la oración a la Virgen, concretándola de muchos modos que la tradición de la Iglesia nos transmite —el rosario, otras devociones…—, pero que sea siempre con ese sentimiento filial —somos verdaderamente hijos de quien es Madre de Dios—”.

Finalmente, recordó la importancia del servicio: “En el Evangelio que acabamos de escuchar, lo primero que hace es pensar en su prima, ponerse en camino con prontitud, con prisa, para quedarse meses ayudándola”.

“Todo ese camino —continuó— es un camino de entrega a los demás, de servicio (…). Acudamos mucho a la Virgen: pidámosle que nos enseñe a servir, a comprender, a disculpar, a preocuparnos de los demás. Así, Ella nos lleva, precisamente, hacia Jesús”.

Compartió la cena con sacerdotes socios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y fieles de la prelatura. Entre anécdotas variadas del trabajo y la docencia, el padre Bernardo le comentó sobre su tarea apostólica en un barrio periférico de Ciudad del Este y contó que ambos estaban en la víspera del aniversario de ordenación, él cumple cinco y el prelado 47.

Mañana, Fiesta de la Asunción y aniversario de la ordenación sacerdotal del Prelado, es el día de los grandes encuentros en el centro de convenciones del Shopping Mariscal. Seguiremos actualizando estas noticias.

15 de agosto

Hoy fue un día inolvidable por dos motivos: el Prelado celebró la Misa de la Asunción de la Virgen en el oratorio de La Cumbrera —con particular relieve para los asuncenos al estar en la ciudad que lleva su nombre—, y, además, por ser el 47° aniversario de su ordenación sacerdotal. Para esta fiesta, utilizó una casulla especial confeccionada por “Dora Ornamentos”.

Mediada la mañana, tuvimos la primera tertulia para mujeres de la Obra en el Centro de Convenciones del Shopping Mariscal López. El estrado lucía lleno de flores coloridas y Teresa tocaba el arpa mientras entraba al salón. Luego le recordó que también la había interpretado en 1974 ante san Josemaría en Buenos Aires.

A raíz de las preguntas, el Padre fue tocando diversos temas: desde el amor y la fidelidad en el matrimonio hasta el orden y la “flojera”. Mónica contó que siempre que viajan en familia se encomiendan al Ángel de la guarda y que hace un mes tuvieron un grave accidente de tránsito, pero milagrosamente salieron ilesos. Entonces le consultó cómo nació en la Obra la costumbre de la bendición de viaje. Mayra, por su parte, le pidió un consejo para no descuidar el trato con Dios en este mundo ajetreado. El Padre destacó la importancia del orden para dominar la situación a fin de no dejar que la situación nos domine a nosotros.


Después del almuerzo, el Prelado estuvo de sobremesa en la Casa Colonial, entre chistes e historias. Al entrar, le cantaron la música “Felicidades”, polka típica que se canta en fechas de cumpleaños o de especiales aniversarios. También sonó la guarania titulada: Mombyry Guive (“Desde lejos”), totalmente en idioma guaraní.

Una de las presentes que había estado en Río de Janeiro en enero cuando el Padre viajó a Brasil, le contó que, desde que se enteraron de la venida del Padre comenzaron a prepararse por dentro y por fuera, y para eso, hasta habían hecho una dieta para estar mejor para su venida. El Padre se rio divertido. Finalmente, María Angélica, una de las primeras que llegó al Paraguay a iniciar la labor de la Obra, le entregó en representación de todos, un cáliz de orfebrería típica paraguaya.

Más tarde fuimos nuevamente al Centro de Convenciones para el encuentro con jóvenes. En un ambiente de gran alegría, Angie, Gianni y Guada bailaron “Acuarela paraguaya”, con trajes típicos, cántaros y botellas en la cabeza. Las chicas habían modificado la letra de la canción incluyendo al Padre y a los que le acompañan, como detalle especial. El Prelado manifestó su admiración por el equilibrio para sostener el cántaro en la cabeza.

María Luisa, se presentó como la chica que le entregó la caricatura acariciando un burrito el día anterior. Le preguntó cómo lograr la paz y evitar las peleas entre los hermanos cuando se está en una familia numerosa. La invitó a rezar y a aprender a tener paciencia.

Luisa le contó que conoció la Obra a través de una colega y le comentó que lo que más le impresionó fue la posibilidad de santificar el trabajo. Giuli y Camila le entregaron una remera de tenis con el logo de Generación Solidaria –un grupo de jóvenes que hace voluntariado en barrios carenciados-, para que el Padre les recuerde en cada match point.

Al terminar, le esperaban niñas de varios clubes juveniles identificadas con remeras de distintos colores. Le cantaron al Padre la canción “Un solo canto”, y le entregaron unas flores.

Más tarde, Mons. Ocáriz visitó el Colegio Las Almenas para bendecir el nuevo oratorio. Saludó a Sandra, la directora del colegio, y a las demás autoridades y familias fundadoras. Las alumnas de 3° grado, que este año harán la Primera Comunión, le recibieron cantando el himno del colegio. Entró al oratorio y rezó con todos un avemaría: comentó lo bonito que estaba el retablo. Luego, descubrió una placa conmemorativa que recuerda que este oratorio, dedicado a la Sagrada Familia, fue construido con el trabajo de las familias y exalumnas del colegio. Al salir, encendió una vela mientras tres exalumnas, dos de ellas mellizas no videntes, cantaban el Ave María de Schubert, y bendijo unos burritos.

Al regresar a La Cumbrera, plantó dos lapachos, uno amarillo y otro blanco. Visitó la ermita de la Virgen y bendijo las medallas de una placa que recuerda su visita, prendió una vela y rezó una Salve.

De vuelta en el Centro de Convenciones, lo recibieron cantando con palmas, y evocando la música el Prelado comenzó señalando que “la alegría debe ser el clima de nuestra vida” y se refirió a la “gran fiesta” de la Asunción, especialmente querida en estas tierras.

Juan José recordó las alabanzas del Papa Francisco a la mujer paraguaya y bromeó sobre que el comentario no deja bien parados a los varones. Tomando ocasión de esto, consultó cómo combatir el machismo y ser más comprometidos en los temas del hogar. El Padre lo invitó a querer cada día más a su esposa y dedicar tiempo en la oración a pensar modos de concretar ese cariño.

Sergio se animó a proponer que, cada vez que rece el misterio del rosario de la Asunción de la Virgen, se acuerde de nosotros y le pidió una recomendación para cuidar el amor conyugal. El Padre sugirió que aprenda de la experiencia de sus fracasos y pedir ayuda al Señor. Edgar recitó un saludo en guaraní y todos celebraron esta “lengua estupenda”.

Más tarde, Diego consideró que podía ser una falta de delicadeza irse del país sin la “albirroja” y pasó al frente con la camiseta… entre la algarabía se escucharon deseos de mejores resultados en el futuro para la selección de fútbol.

La tertulia giró en torno a amistad con los hijos, honestidad profesional, preocupación por el bien común y la responsabilidad social, y la promoción de la familia: “La familia es una prioridad para el mundo, para la sociedad y para la Iglesia”. Antes de terminar le entregaron un sombrero pirí y el Prelado llamó a rezar especialmente por el Papa.

El día acabó entre historias familiares, aperitivo, pizzitas y arroz con leche. Mientras tanto, seguían llegando obsequios, tarjetas, cartas y recuerdos.