“​Coloreza”: el Via Crucis para niños

Este “​Via Crucis con ojos de niño” surgió en 2020 con la idea de ayudar, a los niños que estaban preparándose para recibir la Primera Comunión, a meterse en la Pasión del Señor. “​Coloreza” activa de un modo creativo las potencialidades del niño para involucrar a cada miembro de la familia, bien sea preguntando o pidiendo ayuda.

Opus Dei - “​Coloreza”: el Via Crucis para niños

Las instrucciones de “Coloreza” son:

1. Descargar el archivo PDF.

2. Imprimir cada una de las hojas.

3. Colorear los dibujos y leer atentamente el texto que los acompañan.

4. Procurar poner en práctica algún propósito.

5. Compartirlo con toda la familia.



Textos del “Via Crucis con ojos de niño”

Recuerda la eterna ternura y misericordia del Señor que nos cuida siempre. Encontrarás imágenes muy bonitas para colorear y un comentario de lo que sucedió en cada una. El dolor y el amor de Jesús por ti. Una historia que termina con alegría, porque el Señor resucitó después de morir, y vive para siempre.

1. Jesús es condenado a muerte

Jesús hizo todo bien. Y hubo algunas personas que por eso m ism o le tenían tanta envidia que querían matarlo. Y para condenarlo se inventaron una mentira. Él podía haberse librado de morir si también hubiera dicho otra mentira… pero Jesús era sincero y valiente, y decía la verdad siempre, y hasta el final, para enseñarnos el valor de la VERDAD. No decir la verdad es un pecado que se llama mentira.

También nosotros hemos de tener la valentía de decir siempre la verdad aunque a veces nos cueste un pequeño castigo.

2. Jesús carga con la cruz

A Jesús le echan encima una Cruz de madera que pesa muchísimo. Pero no la lleva enfadado, sino que la abraza. Como cuando uno abraza a un amigo o a una amiga, que lo hace con cariño.

Todos los días hay cosas que nos cuestan: levantarnos o acostarnos a la hora, obedecer a papá o mamá en algo, comerse todo lo que nos ponen, hacer los deberes cuando toca… En ese momento no hay que enfadarse sino que hay que hacerlo como si lo estuviéramos abrazando. Con cariño. Y así ¡qué fácil! Porque llevar las cosas contigo, Jesús, es ir acompañado por un amigo de verdad con el que podemos contar siempre.

3. Cae Jesús por primera vez

Jesús no se hace el fuerte, sino que cuando ya no puede con la Cruz, se deja caer. A lo mejor queda mal delante de los otros; pero eso le da igual.

No tenemos que ponernos tristes cuando metemos la pata. Aunque quedemos mal delante de quien sea, tenemos que pensar que Jesús nos comprende porque Él también se cayó varias veces. Y siempre estará junto a nosotros para ayudarnos. Y con su ayuda nos podremos levantar ¡con alegría!, todas las veces que sean necesarias, para seguir adelante y luchando.

4. Jesús encuentra a María, su Santísima Madre

A la Virgen María no le dejaban acercarse mucho a Jesús. Pero aun así Ella, como era su madre y la que más le quería, buscó la manera de poder ponerse junto a Él, para que pudiera verla de cerca. Y en cuanto la vio Jesús recobró las fuerzas.

Cuando necesitemos ser fuertes, basta con que miremos a la Virgen, que es nuestra Madre, y nos dará fuerzas. Y cuando estemos tristes, basta que miremos a la Virgen y nos pondremos otra vez alegres.

5. Simón ayuda a llevar la cruz de Jesús

Simón era un hombre que venía de trabajar en el campo y volvía a su casa para estar con su mujer y sus dos hijos: Alejandro y Rufo. Pero por el camino se encontró con Jesús que llevaba esa Cruz tan pesada. Y, viéndole tan cansado, le echó una mano. Y eso aunque ni siquiera lo conocía. Pero lo hizo porque tenía buen corazón.

Nosotros también tenemos buen corazón. Por eso hemos de echar una mano en casa, y a los amigos… ¡a todo el mundo que lo necesite! Y así estaremos siempre contentos. Porque sé que ayudándoles a ellos te ayudo a ti, Jesús. Jesús, que nunca te deje solo ante los problemas de los demás, enséñame a ser como Tú. Que tu mirada se cruce con la mía cuando mis padres, mis hermanos, mis compañeros… necesiten que les eche una mano. Que sepa decirles que sí.

6. Una piadosa mujer enjuga el rostro de Jesús

¡Es verdad! Se llamaba Verónica. Era una mujer que vio desde su balcón cómo pasaba Jesús por delante de su puerta con toda la cara llena de sangre y sudor. Y a ella le dio mucha lástima. Cogió un paño grande y limpio que tenía en casa, salió, y le limpió la cara a Jesús. ¡Y Jesús dejó su sonrisa dibujada en la tela! Pues cada vez que hacemos un favor a alguien se dibuja una gran sonrisa en la cara de Dios.

¿Has pensado alguna vez cuántas veces le haces sonreír a Dios? ¡Qué contento se debe de poner! ¿Sabes qué siempre está pendiente de ti y te mira día y noche? Así, con la misma piedad de “la Verónica”, puedes rezar cada noche tres avemarías a la Virgen para acompañarla junto a Jesús.

7. Cae Jesús por segunda vez

¡Jesús se ha vuelto a caer! Aún le queda un buen trecho de camino, y la subidita al Calvario. Pero ya desde el principio Jesús camina sin fuerzas. Y sin quejarse.

Muchas veces también tenemos que hacer las cosas que nos toca aunque estemos muy cansados. Como los deberes, por ejemplo, cuando llegamos a casa cansados. Y entonces, si queremos parecernos a Jesús, no vale quejarse. Lo hacemos y se lo podemos ofrecer a Jesús.

8. Jesús consuela a las hijas de Jerusalén

Jesús se encuentra con unas mujeres que le conocían, y estaban llorando de pena viendo a Jesús, que es tan bueno, sufriendo tanto, sin tener culpa de nada. Pero Jesús, al verlas, se repone y empieza a tener con ellas detalles de cariño y consuelo. Porque siempre, siempre, siempre, hay junto a nosotros personas a las que podemos cuidar y consolar, y que lo necesitan más que nosotros.

Jesús, que no m e olvide nunca de esto: el mejor modo para estar siempre contentos es hacer lo que pueda para que los demás no estén tristes.

9. Jesús cae por tercera vez

“No hay dos sin tres”, se suele decir. Y también se dice que “a la tercera va la vencida”. Por eso hay quien pensó, al ver a Jesús caer por tercera vez: “De esta caída ya no se levanta”. Pero ya se ve que no le conocían… ¡Jesús se levanta siempre! Y nos enseña a nosotros a levantarnos siempre, a luchar siempre, a volver a empezar las veces que haga falta, aunque nos cueste, sin parar nunca hasta llegar al final.

¿Y cuántas veces tenemos entonces que levantarnos? Pues… muchísimas. Cuantas más veces, mejor. Porque cada vez que m e levanto es un paso que me acerca a Ti, Jesús.

10. Despojan a Jesús de sus vestiduras

El único vestido que tenía Jesús era una túnica muy bonita que le había hecho la Virgen. Bueno, pues hasta eso le quitaron. Lo único que tenía. Y ni siquiera se lo devolvieron a la Virgen, sino que se lo quedaron los soldados. Y ahora sí que Jesús se quedó sin nada de nada. Entregó todo lo que tenía.

Podemos pedirle que seamos generosos cuando alguien nos pida algo, o cuando vemos que alguien necesita cualquier cosa y nosotros se lo podemos dar. Aunque nos quedemos sin eso. Así aprenderemos de Jesús a llenar el corazón solo de amor, de amor de verdad; del que Él nos da, dándose por nosotros hasta el final.

11. Jesús es clavado en la Cruz

Debe ser muy doloroso que te claven en una Cruz. Si ya cuando nos peleamos o nos pillamos un dedo, gritamos… También Jesús gritó un poco cuando le clavaban en la Cruz, claro. Pero luego se dio cuenta de que eso hacía sufrir mucho a su madre, que estaba allí delante viéndolo todo. Y entonces decidió poner buena cara. ¡Jesús, que nosotros pongamos siempre buena cara cuando nos duela algo!

A veces nos escapamos o escondemos ante el dolor porque somos un poco cobardes y tenemos miedo a sufrir, pero viéndote, Jesús, m e doy cuenta que Tú eras “más que valiente”…Te lo diré: “mi verdadero héroe”, a quien debo de poner como meta en mi vida.

12. Muerte de Jesús en la Cruz

¿Sabes cuáles fueron las últimas palabras que dijo Jesús en la Cruz antes de morir? Pues dijo: “Todo está cumplido”. Con esas palabras lo que quería decirnos Jesús es que durante toda su vida, hasta el final, siempre hizo lo mismo: obedecer.

¿Y sabes dónde aprendió Jesús a obedecer, cuando ya era mayor? Pues aprendió siendo pequeño, cuando vivía con san José y con la Virgen María en Nazaret. Primero aprendió a obedecer en las cosas pequeñas, y así luego pudo obedecer en las cosas más difíciles.

Pues nosotros igual. Tenemos que aprender desde pequeños a ser tan obedientes como Jesús.

13. Desclavan a Jesús y lo entregan a su Madre

¡Qué bonitas son esas imágenes en las que aparece la Virgen con su hijo Jesús, ya muerto, en su regazo, sobre sus rodillas! Son bonitas, pero dan mucha pena. De hecho, a esas imágenes de la Virgen se les suele llamar la Virgen de los Dolores. No se dice sólo “dolor”, en singular, sino “dolores”. Porque la Virgen tuvo muchos dolores. No sólo ver cómo moría su Hijo. Sino que también a Ella le duele cada vez que tú y yo hacemos algo malo. Porque Ella también es nuestra Madre, y cada vez que hacemos algo malo a nuestra madre le duele.

Imagínate cuántos dolores pasó Ella, que es la madre de todas las personas de todos los tiempos. Por eso hemos de procurar portarnos cada vez mejor. Y así le daremos sólo alegrías.

14. Dan sepultura al cuerpo de Jesús

A Jesús le llevan a enterrar a un sepulcro que está cerca, en un jardín. Ese sepulcro no tiene puerta; lo que hace de puerta es una piedra enorme que tienen que mover entre varios. Y ahí se quedó ese viernes… hasta el tercer día, que fue el día que resucitó.

Por eso a ese tercer día se le llama desde entonces “el día del Señor” (eso es lo que significa la palabra “Domingo”). Y por eso el domingo es el día más importante de la semana. ¡El domingo siempre es fiesta! Es un día de descanso y de alegría. Y es el día para poder ir con toda la familia a participar en la Santa Misa, y así darle gracias por todo lo que ha sufrido por nosotros, y porque con su Resurrección nos ha abierto las puertas del Cielo.

Y así aprenderé la lección más importante de la Semana Santa: “Jesús, ¡cuánto me quieres!”.