Dora y los nuevos electrodomésticos

Las personas que trabajaron junto a Dora recuerdan la seriedad y la ilusión que ponía en lo que hacía; su responsabilidad para aprovechar el tiempo y ser más eficaz. También cómo se interesaba por estar al día en los adelantos técnicos que podían facilitar el trabajo.

Opus Dei - Dora y los nuevos electrodomésticos

Las personas que trabajaron junto a Dora recuerdan la seriedad y la ilusión que ponía en lo que hacía; su responsabilidad para aprovechar el tiempo y ser más eficaz. También cómo se interesaba por estar al día en los adelantos técnicos que podían facilitar el trabajo. Aunque dominaba los diversos sectores del trabajo doméstico, en la lavandería y en la plancha se manifestaba especialmente su capacitación profesional, su saber hacer.

A partir de los años 60, en Villa Tevere, se incrementó notoriamente el número de residentes, con el consiguiente multiplicarse del número de prendas que llegaban al planchero. Pronto llegaron a ser unas 200 personas, lo que exigió una mejor organización del trabajo y distribución de funciones.

En concreto, Dora se ocupaba entonces del lavado en seco de los trajes, chaquetas y algunas sotanas que requerían ese tipo de tratamiento. Realizaba esta operación a mano, con bencina en un patio al aire libre –por la toxicidad del producto–, lo mismo en invierno que en verano. Colocaba un barreño en el suelo y realizaba su tarea durante las horas que fueran necesarias. «Le quedaban las manos heladas, pero ella estaba contenta y no le daba importancia» (Recuerdos de Remei Mitjans Carbó). Aunque se daba cuenta de que había que encontrar una solución y comenzó a pensar en ello.

Buscando optimizar los recursos

Un día de diciembre de 1966, san Josemaría vio a Dora y le preguntó, como en otras ocasiones: "¿Qué me cuentas?". Doraaprovechó para explicarle lo que creía una solución para su trabajo. Le contó que en una exposición había visto unas máquinas que le habían parecido muy adecuadas para Villa Tevere y le habían gustado mucho: una máquina de lavar en seco y una plancha de stiro-vapor.

Describió la máquina para lavar en seco -la Seca- su funcionamiento con percloro –un líquido no inflamable–, sus dimensiones, etc. Añadió que aunque era muy cara, a la larga, podría ahorrar bastante dinero porque la bencina empezaba a tener un precio elevado, y obligaba a trabajar al aire libre, también en invierno, etc. San Josemaría seguía con detalle la explicación y Dora continuó con la stiro-vapor –la Estiro–, sus ventajas y el inconveniente: el precio.

El Fundador del Opus Dei que había seguido la propuesta de Doracon gran interés comentó que ante la compra de un instrumento de trabajo no hay que considerar sólo el precio, sino también las mejoras que puede suponer de las condiciones de trabajo, el ahorro de tiempo y esfuerzo. Le sugirió que transmitiera esos datos a quienes correspondía estudiar si era posible esa adquisición y subrayó la importancia de que se hiciera bien el análisis previo: primero los beneficios para quienes debían realizar esos trabajos, luego la eficacia, el lugar de instalación, el consumo de energía, etc.

El estudio mostró que se ahorraría un 90% de gasto y que de este modo en cuatro años se habría amortizado la compra de la Seca. Además, utilizaba bastante menos producto que el utilizado para lavar a mano, porque al realizarse al aire libre, una buena parte se evaporaba. Sumado a esta ventaja económica, la Seca supondría un ahorro considerable de tiempo, y la ropa se conservaría mejor. Y sobre todo las personas no estarían expuestas a un producto tóxico, al frío y al calor del patio.

Al poco tiempo se adquirió la stiro-vapor, la plancha que tanto apreciaba Dora; y, pocos meses después, la Seca.

Una nueva etapa

En cuanto llegaron los nuevos electrodomésticos, Dora estudió las instrucciones de uso para conseguir su máximo rendimiento, y se ocupaba de su manutención. Francisca Castilla explica que este tipo de «máquinas requieren limpiezas semanales, mensuales, quincenales y otras diarias. Realizar las limpiezas diarias era sencillo, las semanales también, pero las mensuales era más difícil, porque había que quitar a la máquina todo el percloro que había en el depósito. No sé cómo lo hacía Dora, pero todo le salía bien».

El ritmo de trabajo era el mismo, pero con mejores resultados y más facilidad.

El proceso para el trato de la ropa era el siguiente: una vez limpios los trajes en la nueva Seca se revisaban y se cosían los desperfectos que tuvieran, después se planchaban con la stiro-vapor. «Cuando ya había suficiente ropa preparada, Dora enchufaba la plancha y decía: –Tú sigue cosiendo, que yo voy a planchar. Yo me resistía porque quería planchar para que ella estuviera sentada, pero me comentaba: – ¡No, hija; tú eres joven y yo no me puedo anquilosar a estos años míos!» (Recuerdos de Francisca Castilla).

Dora planchaba con mucha rapidez; pero sin escatimar esfuerzo ante los detalles que pudieran parecer pequeños y que exigían mayor cuidado. Nunca doblaba en caliente las prendas de punto, sino que las ponía en una percha hasta que se enfriasen, y luego las planchaba. Esto suponía un poco más de tiempo pero evitaba que se marcaran los dobleces.

No era sólo una profesional competente, era muy buena maestra. Exigía y, si algo estaba mal terminado, lo manifestaba claramente, incluso con firmeza. Porque Dora sabía que la primera condición para poder santificar el trabajo es realizarlo con la mayor perfección humana posible. A Dios no se le pueden ofrecer chapuzas y así lo enseñaba Dora a las más jóvenes, porque era consciente de su responsabilidad.

Dora hacía vida las palabras de san Josemaría en Amigos de Dios:

"Convenceos de que la vocación profesional es parte esencial, inseparable, de nuestra condición de cristianos. El Señor os quiere santos en el lugar donde estáis, en el oficio que habéis elegido por los motivos que sean: a mí, todos me parecen buenos y nobles —mientras no se opongan a la ley divina—, y capaces de ser elevados al plano sobrenatural, es decir, injertados en esa corriente de Amor que define la vida de un hijo de Dios".


Anécdotas extraídas del libro "Una luz encendida, Dora del Hoyo", Javier Medina. Ed. Palabra, Madrid 2012.