Devoción a don Álvaro en una prisión del Congo

Repartiendo estampas de don Alvaro en una prisión central de Kinshasa (R. D. Congo).

Opus Dei - Devoción a don Álvaro en una prisión del Congo

Vivo en Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo. En julio del 2018 fui a visitar mi tío que hacía tiempo que no veía. Era vigilante y vivía en el solar que guardaba. Cuando me presenté a ese lugar, me dijeron que mi tío tuvo un problema con la justicia –relacionado con el solar que guardaba– y lo llevaron a la prisión central de la ciudad.

Decidí entonces ir a verle allí, pero era la primerísima vez que iba a hacer una visita en una prisión, y sentía bastante aprehensión por todo lo que se oía contar acerca de ese centro penitenciario.

Fijé un día para la visita: será un domingo después de celebrar la Santa Misa en mi casa. Encomendé el fruto de la visita al Beato Álvaro, pensando en mi tío al que iba a visitar y también para que todo se pasará muy bien.

Y el día de la visita me llevé también un buen taco de estampas con la oración al Beato Álvaro, para repartirlas allí aprovechando la ocasión. Me fui vestido con la sotana blanca, come se visten aquí los sacerdotes, y de esta manera, la gente no me confundirá con un “pastor” de sectas de todo tipo y que no pocas veces van vestidos de clergyman.

aprovechaba esas paradas en los controles para ir repartiendo las estampas del Beato Álvaro que llevaba conmigo

Una vez allí, tuve que pasar por cuatro controles al interior de la misma prisión y en cada control me dejaban una tarjeta de un color determinado que tenía que devolver al regresar. Al verme con sotana, los funcionarios me trataban con mucha amabilidad. Y aprovechaba esas paradas en los controles para ir repartiendo las estampas del Beato Álvaro que llevaba conmigo.

En el último control antes de darle la estampa, le pregunté al funcionario si era católico. Él me contestó que no, pero que agradecía mucho que le diera una estampa, porque la oración siempre sirve. Había mucha gente alrededor y todos querían recibir también una estampa. Primero la recibían, y después de mirarla a los dos lados, me preguntaban, ¿y cómo funciona esto?

En este último control es donde, en teoría, deberían indicarme el pabellón donde se encontraba la persona que estaba buscando. Pero repasando varias veces sus registros, el funcionario no encontraba el nombre que le facilité. Mientras tanto yo estaba rezando a don Álvaro para que no regresara a casa sin haber saludado a mi tío.

no se preocupe lo encontraremos en un par de minutos

Entonces me dijo el funcionario: no encuentro el nombre de su tío en los registros, pero esto no quiere que no esté, le voy confiar a dos presos encargados del servicio de orden para que le lleven a otro funcionario que está más al interior de la prisión.

Encontramos el funcionario en cuestión en un patio, sentado bajo un toldo, y al verme se puso de pie para acogerme con mucha amabilidad diciendo que también él era católico. Me preguntó por el motivo que me llevó a él y me dijo: no se preocupe lo encontraremos en un par de minutos; puso el nombre y apellidos de mi tío en dos trocitos de papel, los dio a dos presos con la misión de traerle la persona indicada lo más pronto posible.

Me presentó una silla para que me sentara y empezamos a charlar. Le dije que era un sacerdote del Opus Dei. Y él me contestó: “conozco el Opus Dei. ¿Fue fundado por Monseñor Josemaría Escrivá, verdad? Lo digo porque en los años 80, recibía por correo la hoja informativa sobre el fundador del Opus Dei, e iba a la misa que se decía en la catedral Nuestra Señora del Zaire –así se llamaba el Congo antes–, los 26 junio.

No podía imaginar encontrar en este lugar una persona que tenía cariño y devoción a nuestro Padre

Y le voy a decir una cosa: ¿sabe usted lo que más me quedó gravado? Unas palabras de Monseñor Escrivá que leí en una hoja informativa acerca de la confesión frecuente.” ¡Me quedé impresionado¡ No podía imaginar encontrar en este lugar una persona que tenía cariño y devoción a nuestro Padre.

Y mientras estábamos hablando, los dos enviados llegaron con mi tío al cabo de unos minutos. Estaba sorprendido y muy contento de verme, lo mismo que yo. El funcionario nos dio permiso para que fuéramos charlar en la zona de la capilla católica que estaba por allí y donde mi tío solía ir a rezar.

Estoy convencido de que este encuentro fue un favor del Beato Álvaro. Y don Álvaro hizo incluso más, ya que al cabo de unos días mi tío salió de ese centro de detención, porque se verificó que eran infundados los motivos por lo que le habían detenido.