«Ignoré Fátima durante 20 años»

Nacido en Porto de Mós (Leiría), Tiago es un apasionado del automovilismo. Después de muchos años alejado de Dios, asistió a clases de fe católica en un centro del Opus Dei en Oporto. Y Dios entró en su vida a gran velocidad un día en Fátima.

Desde pequeño le ha gustado conducir y el mundo del motor siempre le ha fascinado. Tiago tiene ahora 40 años y conduce en su tiempo libre un pequeño Mini de competición, una máquina bien preparada. El pequeño coche de competición ya ha ayudado a este ingeniero a conseguir varias victorias en competiciones de coches clásicos.

La pasión por las cuatro ruedas se intensificó en Oporto, donde estudió Ingeniería Mecánica en la FEUP. Guarda buenos recuerdos de aquellos tiempos. Recuerda un hecho que nunca olvidó: “Mi abuelo murió cuando yo tenía 20 años y estudiaba en Oporto. Eso me hizo preguntarme: ¿a dónde vamos... qué es esto?”.

Su relación con Dios era inexistente. Aunque vivía cerca del Santuario de Fátima, veía a los creyentes “como gente aburrida, que seguía reglas, que no era libre, que tenía esa fe y esas prácticas por miedo". Yo veía todo eso de forma reductora y equivocada”.

En una carrera en el Algarve arrancó en la posición 27 y acabó subiendo al podio (clica para ver vídeo)

"¿Qué es lo que impulsa a toda esta gente?"

En aquellos años, un buen amigo me habló de ir a un centro del Opus Dei en Oporto. No tenía especial interés en ir, también porque no sabía qué era aquello. “Ese amigo mío acabó muriendo en un accidente de coche ese verano. Poco después acabé yendo solo a llamar a la puerta de ese centro, porque le tenía mucho cariño a ese amigo”, cuenta.

“Tuve la oportunidad de asistir a un curso de doctrina católica -relata Tiago-, algo nuevo para mí. Fue deslumbrante. En ese momento tenía una novia. Fue un noviazgo súper interesante, éramos muy buenos amigos. Y fue ella quien me ayudó a descubrir la belleza de la fe. Recuerdo que ambos fuimos a Fátima, un lugar que apenas había visitado. Me conmovió profundamente. Al ver a toda esa gente en torno a una imagen y un ambiente de gran paz, me vino esta pregunta a la cabeza: ¿qué es lo que mueve a toda esa gente?”.

En una actividad de voluntariado en Guinea con estudiantes de la Residencia Universitaria Montes Claros (Lisboa)

“Toda la vida adquiere un espléndido brillo”

Más tarde Tiago descubrió su vocación al Opus Dei como numerario. Así explica la belleza del celibato y de la entrega a Dios en medio del mundo: “Descubrí un disfrute muy especial en los momentos de oración, notaba cómo mi alma se acercaba a Dios. Y empecé a ver cómo ese amor por otra persona -que no era un obstáculo-, en mi caso tomaba una forma diferente, pues no lo necesitaba para esta felicidad que estaba descubriendo, que estaba tomando forma en mí”.

“Y el paso, al aceptar la llamada de Dios, me llevó a exclamar: ¡Vaya... esto es realmente amor! ¡Toda la vida adquiere un brillo esplendoroso, en todo...!”.

“Soy ingeniero mecánico -continúa Tiago-, especializado en la gestión del mantenimiento de edificios. La forma en que acometo mis deberes diarios tiene un sentido, lo veo integrado en un plan de Dios para mí que antes no veía”.

“Llevo 16 años viviendo en una residencia universitaria. Es genial compartir el tiempo con gente joven, ayudarles a crecer y madurar, manteniendo su personalidad, ayudándoles a ser mejores estudiantes, mejores amigos, mejores hijos”, concluye.


Temas propuestos para reflexionar después del vídeo

1. Nuestra Señora de Fátima

Fátima es un tesoro para toda la Iglesia. No es un lujo, porque todo se hace con gran dignidad y sin ostentación. Pero es un tesoro: aquí crecen los corazones y las almas, aquí se toca la Iglesia, se siente la presencia de la Virgen, es algo que no se puede explicar, pero aquí se nota que la oración de la Virgen es muy eficaz.

Beato Álvaro del Portillo

2. La vocación al Opus Dei como numerario

La disponibilidad de los numerarios para servir a los demás consiste en una auténtica disponibilidad del corazón: la libertad efectiva de vivir sólo para Dios y, a través de él, para los demás, junto con la voluntad de asumir las tareas que sean necesarias en la Obra.

Carta del Prelado, 28 de octubre de 2020

3. El celibato: una paternidad profunda y real

Aunque quien vive el celibato no tiene hijos naturales, se hace capaz de una paternidad profunda y real. Es padre —o madre— de muchos hijos, porque «paternidad es dar vida a los demás» (Papa Francisco, Homilía en Santa Marta, 26-6-2013). Sabe que está en el mundo para cuidar de los demás, mostrándoles, con su vida misma y con su palabra cercana, que solo Dios puede saciar la sed que experimentan.

Quien da su vida por sus amigos