Vivir la vocación en el corazón de la selva del Perú

Miguel trabaja en el corazón de la selva en una zona a más de mil kilómetros de la ciudad de Lima, la capital del Perú. Nos cuenta como procura vivir su vocación como supernumerario del Opus Dei.

Hace años que llevaba tratando de cumplir el plan de vida; lo veía como algo imposible, aun sin ser todavía de la Obra. Sin embargo, por trabajo me trasladé a la Base Operativa Nuevo Mundo, en medio de la selva de Cusco, a más de setecientos kilómetros de Lima, rodeado de la comunidad nativa Matsigenka y del trabajo diario en operaciones en hidrocarburos. Allí pensé que sería imposible mantener esa constancia.

"Si Dios te ha llamado, ha previsto todo, incluso esto, Él te dará las gracias y las fuerzas para sacar todo adelante"

Fue entonces cuando un sacerdote me dijo algo que no he olvidado: "Si Dios te ha llamado, ha previsto todo, incluso esto, Él te dará las gracias y las fuerzas para sacar todo adelante". Esas palabras fueron una guía, y el tiempo le ha dado la razón.

Descubrí que la llamada de Dios no conoce fronteras geográficas ni limitaciones tecnológicas, y recién entendí las palabras de San Josemaría cuando decía que el plan de vida "no ha de convertirse en normas rígidas, como compartimentos estancos; señalan un itinerario flexible, acomodado a tu condición de hombre que vive en medio de la calle, con un trabajo profesional intenso, y con unos deberes y relaciones sociales que no has de descuidar, porque en esos quehaceres continúa tu encuentro con Dios” (Amigos de Dios, 149).

La tecnología al servicio de Dios

La tecnología que usamos para coordinar operaciones petroleras se convirtió en mi aliada espiritual; cada mañana, poco antes del amanecer en la selva, participo en la retransmisión de la Santa Misa en mi móvil. Sé que no equivale a asistir a Misa, pero en estas circunstancias de imposibilidad justificada, me ayuda a mantener la fe encendida, a unirme espiritualmente a la Iglesia que celebra la Eucaristía en todo el mundo, y a alimentar mi deseo de recibir la comunión al regresar a Lima.

Algunos podcasts sobre vida espiritual acompañan mis traslados en caminatas por el campamento o en los vuelos de una hora que hacemos desde Lima a la base de operaciones; y viceversa. Los libros electrónicos me permiten leer el Evangelio y cuidar mi lectura espiritual cada día.

Cumplir las normas del plan de vida en el campamento implica levantarme una hora antes de lo habitual —cuando la mayoría de las personas aún duerme— y a veces acostarme una hora después, pero vale la pena. Me es útil el ejemplo del profeta Daniel, quien "tres veces al día se arrodillaba y oraba dando gracias a su Dios, como lo había hecho antes" (Daniel 6:10), incluso cuando estaba en tierra extraña. Si Daniel mantenía su oración en el exilio babilónico ¿cómo no voy a hacerlo con los medios que ahora tenemos?

Además, está el ejemplo de Jesús, que se levantaba temprano para orar cuando era aún de noche: "Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba" (Marcos 1:35).

El liderazgo como servicio

San Josemaría en Es Cristo que pasa, 50 dice: "para servir, servir". En el campamento, como coordinador de un grupo que ve actividades ultra riesgosas, debo estar atento a las necesidades de mis compañeros. Esto implica escuchar sus problemas y aconsejarlos; cuando alguien enferma, a veces debo reemplazar sus labores además de realizar las mías, y si la situación se complica, ir a visitarlo a su habitación.

...lo bueno que es vivir la unidad de vida, donde Dios y la familia priman sobre el trabajo, sin que haya que descuidarlo.

Aprovecho las charlas diarias de seguridad —que son obligatorias antes de las labores— para hablar no solo de procedimientos, sino de virtudes humanas aplicadas al trabajo y a la vida; hablo de lo bueno que es vivir la unidad de vida, donde Dios y la familia priman sobre el trabajo, sin que haya que descuidarlo.

También hablo de los mandamientos, presentándolos en sentido positivo: lo bueno que es el hecho de ser honestos (octavo mandamiento); de no tomar lo que no es nuestro (séptimo); de no hablar mal de nadie, conscientes del daño que podemos hacer con la lengua (octavo); de acompañar a nuestros padres ancianos (cuarto); a considerar el dinero como medio y no como fin (décimo); de comprender que el éxito no se mide por lo que uno puede acumular, sino por el bien que uno puede hacer, y de ser fiel a nuestras esposas, enamorándonos cada día más de ellas aunque haya una distancia física.

San Josemaría nos enseña: "No se trata de campañas negativas, ni de ser antinada. Al contrario: vivir de afirmación, llenos de optimismo, con juventud, alegría y paz; ver con comprensión a todos: a los que siguen a Cristo y a los que le abandonan o no le conocen" (Surco, 864).

En medio de las muchas oportunidades de cada día

En el campamento hay muchas oportunidades diarias de ofrecer algun pequeño vencimiento con la comida que —a veces— no es de nuestro agrado, con los horarios irregulares, con algún malentendido entre compañeros, con el calor que puede llegar a ser insoportable, o con las noches en que no se puede dormir bien porque el compañero de la habitación aún no tiene sueño y se queda viendo televisión. Todo eso es materia de ofrecimiento a Dios, y nos ayuda a procurar vivir esa centralidad de Jesucristo en nuestra vida diaria.

Con María, hasta en el fin del mundo

Y en todo esto, no estoy solo, como dice san Josemaría en Camino: "No estás solo. –Ni tú ni yo podemos encontrarnos solos. Y menos, si vamos a Jesús por María, pues es una Madre que nunca nos abandonará". Cada día rezo el Santo Rosario, llevando en las avemarías los nombres de mis compañeros, amigos y mi familia. Al mediodía —cuando puedo, porque el trabajo no siempre lo permite— tengo una alarma que me recuerda rezar el Ángelus, y por la noche, antes de dormir, el Acordaos.

Tengo una devoción especial a una oración, que los cristianos del siglo III ya rezaban: el "Bajo tu amparo". La rezo además en el santo rosario, porque en los momentos difíciles acudo mucho a Ella como Madre: "Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen gloriosa y bendita!"

San Josemaría nos decía que "la Virgen es a la vez Madre nuestra": Aquí, lejos de mi familia, pero con el corazón pendiente de ellos a la distancia, esa verdad se siente con más fuerza, porque Ella me enseña a perseverar, a no desanimarme, a encontrar a Dios en cada circunstancia.

Donde Dios llama, Dios provee

La gracia de Dios es el impulso para sacar cada día adelante el plan de vida, en la necesidad de hacer oración, de conversar con Él. Si alguien me hubiera dicho hace años que iba a poder cumplir el plan de vida en medio de la selva amazónica, probablemente hubiera pensado que era un sueño irrealizable.

“A ti te pido lo imposible, porque lo posible lo hace cualquiera”

Me viene a la memoria esa frase de san Josemaría que dice: “A ti te pido lo imposible, porque lo posible lo hace cualquiera” y ese imposible, es procurar la santidad de vida en lo ordinario, en lo cotidiano incluso en un campamento en el corazón de la selva peruana.

Y aquí, en esta base operativa, he descubierto que no hay lugar —por remoto que sea— donde Dios no pueda alcanzarnos, no hay circunstancia —por difícil que parezca— donde no podamos santificarnos y que no hay trabajo que no pueda convertirse en oración.

Miguel Alcántara