Las residencias universitarias: un sueño de san Josemaría
Piura: Residencia “Altozano” para siempre
Una inspiración cristiana que ilumina la vida
Los jóvenes, esperanza de la Iglesia y del mundo
En los testimonios de antiguas residentes de Altozano (Piura) y Ausangate (Lima) se aprecia cómo esos años de formación, estudio y relaciones de amistad, impactaron en sus vidas.
Las residencias universitarias: un sueño de san Josemaría
Poco antes de empezar su trabajo con jóvenes, san Josemaría se trasladó a vivir a Madrid, donde experimentó lo que significaba vivir lejos de la familia.
Uno de sus primeros sueños apostólicos fue sacar adelante una residencia universitaria: la academia DYA. Un lugar donde se impartían clases para estudiantes de Derecho y Arquitectura, aunque su nombre tenía una doble lectura: Dios y Audacia.
La academia DYA fue la primera residencia universitaria y contó con el primer oratorio del Opus Dei en el mundo. Desde allí comenzó la costumbre de dar catequesis a cargo de jóvenes universitarios y las visitas a enfermos en los hospitales y barrios pobres de Madrid, que hasta el día de hoy se viven en los centros de la Obra de los cinco continentes.
El padre Manuel Botas, quien vino al Perú a iniciar la labor apostólica del Opus Dei, se planteó sacar adelante una residencia universitaria de varones, con el diferencial de que no sea una simple pensión, como se le conoce comúnmente a estos lugares, sino que tuviera un aire de familia, propio del espíritu del Opus Dei. Con el tiempo, las mujeres de la Obra se plantearían iniciar también una residencia dirigida a universitarias, primero en Lima y luego en Piura, tras el inicio de la Universidad de Piura.
El año 1955 supuso un cambio de época y de mentalidad, pues la mujer peruana accede al voto, que se convierte en el punto de inflexión para la participación femenina en la vida política y social del país y de una progresiva incorporación de la mujer en las aulas universitarias.
Para algunas jóvenes peruanas estudiar en Lima suponía un gran desafío, pues había que encontrar un lugar acogedor, una especie de extensión de su familia, y que por otro lado tuviera unas instalaciones adecuadas para el estudio.
Así nació la Residencia Universitaria Ausangate en el año 1961, acogiendo a mujeres que venían a empezar su carrera en Lima provenientes de Piura, Trujillo, Chincha y Tarma. El objetivo era ofrecer a las estudiantes un ambiente de familia, amistad y estudio que facilitara su paso por la educación superior, complementando con actividades culturales y, para quienes lo desearan, formación espiritual.

Giuliana Baanante, arquitecto, llegó a estudiar a Lima desde Trujillo, una ciudad conocida en el Perú como la “capital de la primavera”. Cuenta cómo fueron sus años en la residencia: "Son innumerables las anécdotas y experiencias que conservo de los años que viví en la Residencia Ausangate. Fueron años de formación, amistad y crecimiento personal que quedaron grabados para siempre en mi memoria.
Lo que más recuerdo es el espíritu de compañerismo que vivimos entre las residentes. Compartimos mucho más que un espacio físico: alegrías, preocupaciones, metas y sueños (…) fue, sin duda, una de las mejores etapas de nuestras vidas. Allí aprendimos a madurar, a valorar la amistad sincera, a desarrollar hábitos de estudio y a descubrir la importancia de vivir nuestra relación con Dios en medio de las actividades cotidianas. Las enseñanzas de san Josemaría sobre el trabajo bien hecho, el estudio y la búsqueda de la santidad en la vida ordinaria nos dieron la fortaleza para enfrentar dificultades o momentos de desánimo.
Resulta imposible resumir en pocas líneas todo lo vivido: los paseos, los exámenes, las celebraciones de Navidad, el inicio de cada ciclo académico, los retos que enfrentamos juntas y los momentos de alegría y aprendizaje compartidos. Guardo también un profundo agradecimiento por los consejos y la guía de los sacerdotes capellanes y tantas personas que, con su sabiduría y dedicación, contribuyeron a nuestra formación humana y espiritual”.

Rossana Yahiro, quien en 1985, fue de Chiclayo a estudiar a Lima, cuenta "el más lindo recuerdo que tengo de mis días como residente de Ausangate es la amistad que forjamos chicas de distintos lugares de nuestro Perú, amistad que sigue hasta ahora y, el aprender a santificar los estudios y todas las pequeñas cosas de nuestro día a día. Siempre agradecida con la Obra por eso".

Piura: Residencia “Altozano” para siempre
A poco de comenzar la Universidad de Piura, en 1969, se vio la conveniencia de empezar la Residencia Universitaria “Altozano”, para apoyar la formación de alumnas de la Universidad de Piura y proporcionar alojamiento a jóvenes provenientes de otras ciudades, dando el ambiente propio de una casa de familia u hogar.
Karina Ruiz, antigua residente, describe su experiencia en Altozano así: “durante los dos años y medio que viví ahí conocí a unas maravillosas personas que ahora son mis mejores amigas (...) pero lo mejor fue conocer a Dios y aprender muchísimas cosas que me han ayudado a vivir mejor la fe cristiana. Esos son los tesoros más importantes que me llevo de Altozano, para siempre”.
Pilar Santa María, quien vivió en los noventa cuando la residencia se ubicaba en la urbanización Clark, en Piura, menciona: “Altozano formó a amigas que ahora van por el mundo, pero que siempre están unidas por el buen recuerdo que dejó en sus corazones, no solo el sentido de amistad sino también en su formación espiritual”.


Una inspiración cristiana que ilumina la vida
Cientos de mujeres del Perú, y también de países como Ecuador o España, pasaron por la experiencia de una residencia con “sabor a casa”, agradecidas por la amistad, las guitarras y los aprendizajes que deja siempre la convivencia de la época universitaria.
En ese ambiente familiar, las jóvenes recibían también orientaciones para estudiar, aprovechar el tiempo y crecer en virtudes que son muy importantes para la convivencia: el espíritu de servicio, el respeto por los trabajos de la casa, el orden, la puntualidad. Y como residencias inspiradas en valores cristianos, quienes lo deseaban podían libremente participar en actividades formativas.
Varias residentes participaron en los Congresos UNIV, durante Semana Santa en Roma, en el que estudiantes universitarios de los cinco continentes participan en debates, concursos, exposiciones y una conferencia magistral que gira en torno a un tema único, compartiendo ideas y proyectos con el objetivo de generar un impacto real en la sociedad.

El UNIV nació bajo el impulso de san Josemaría y lleva celebrándose ininterrumpidamente desde 1968. Ya son varias las generaciones que han participado en esos encuentros y en todas ellas hay un denominador común: jóvenes que buscan un protagonismo activo en la mejora de la sociedad.
El UNIV también ha sido un espacio de intercambio de experiencias de estudiantes peruanas con universitarias de todo el mundo. Y en esos días de Semana Santa miles de jóvenes están más cerca del Papa y tienen un encuentro con el Prelado del Opus Dei.
Los jóvenes, esperanza de la Iglesia y del mundo
San Juan Pablo II tuvo una relación muy especial con la juventud, a quienes consideraba la esperanza de la iglesia y del mundo. Su pontificado inició las Jornadas Mundiales de la Juventud (1985), más conocidas como las JMJ. En su Carta Apostólica “Dilecti Amici”, con ocasión del Año Internacional de la Juventud, san Juan Pablo II animaba a los jóvenes a involucrarse en diferentes actividades a favor de los demás, entre otros mensajes que dejaron huella entre los jóvenes.
En febrero de 1985, durante su visita apostólica a tierras peruanas, en la misa en el Hipódromo de Monterrico, el santo Padre hizo un llamado siempre actual a los jóvenes peruanos: “Construid un Perú más fraterno y reconciliado. Construid un Perú mucho más justo. Construid un Perú sin violencia, siempre anticristiana. Construid un Perú donde reinen la honestidad, la verdad y la paz. Construid un Perú más humano, donde el misterio de cada hombre se viva a la luz del misterio de Dios”.

Puede interesarte conocer Youth, un espacio para jóvenes en la web del Opus Dei que busca ayudar a vivir la fe en el siglo XXI a través de vídeos, artículos, podcasts y más.
San Josemaría en una entrevista a la revista Telva, recogida luego en el libro “Conversaciones”, decía: “La mujer está llamada a llevar a la familia, a la sociedad civil, a la Iglesia, algo característico, que le es propio y que sólo ella puede dar (...) Si se forma bien, con autonomía personal, con autenticidad, realizará eficazmente su labor, la misión a la que se siente llamada, cualquiera que sea: su vida y su trabajo serán realmente constructivos y fecundos, llenos de sentido.”

