En la siguiente entrevista, habla de diferentes temas actuales y de la próxima visita del Papa León XIV, a nuestra tierra. Quienes deseen saber más, pueden visitar esta web, con más detalles de su próxima ordenación diaconal y sacerdotal: https://ordenacionjota.my.canva.site

Eres de profesión ingeniero, y desde esa ciencia diste el salto a la filosofía y teología, Con independencia de si uno sigue estudios para recibir las órdenes sagradas, ¿por qué es importante para los cristianos formarse en el saber teológico y filosófico?
La vida de cada ser humano tiene una profundidad mayor de la que se puede apreciar con nuestros 5 sentidos. A menudo, no dedicamos el tiempo necesario para reflexionar acerca de las cosas más importantes, porque las responsabilidades que tenemos y las actividades que realizamos ocupan toda nuestra atención. La filosofía y la teología nos permiten comprender un poco mejor lo más importante, lo que son las cosas más en profundidad, y sus fundamentos. Los cristianos no comprendemos todo con solo recibir los sacramentos, sino que se requiere de un esfuerzo de nuestra parte para comprender nuestra misma religión. Aunque nunca llegaremos a comprender todo en esta vida, hay mucho por explorar.
Tanto la teología como la filosofía buscan conocer la verdad, las verdades que importan más. Las verdades que conocemos por nuestra fe, no suelen ser fáciles de explicar. Para explicarlas adecuadamente y para profundizar en su contenido, la teología se apoya muchas veces en la filosofía. Por ello, para comprender mejor la teología hace falta estudiar un poco de filosofía. Por otro lado, la filosofía tampoco es suficiente para conocer toda la verdad, pues hay cosas que no es posible explicar si no se acude a la fe cristiana.

Eres el único peruano que recibirá la ordenación diaconal, el 21 de noviembre, pocos días después del viaje del Papa León XIV. ¿Qué consejo le darías a tus compatriotas de cara al próximo viaje del Papa, aprovechando que tienes ocasión de residir en Roma?
La Iglesia y los cristianos necesitamos al Papa. Dios no deja a su Iglesia sola, da las gracias que necesita en cada tiempo, pero uno de los dones muy concretos que le ha dado es el Papa.
Estar junto al Papa es estar junto al sucesor de san Pedro, el vicario de Cristo en la Tierra. Es emocionante ver al Papa, pero sobre todo hay que ser consciente que se está frente a alguien querido e instituido por Jesucristo. La Iglesia y los cristianos necesitamos al Papa. Dios no deja a su Iglesia sola, da las gracias que necesita en cada tiempo, pero uno de los dones muy concretos que le ha dado es el Papa.
El Papa es para nosotros un verdadero padre, cuida de nosotros sus hijos, los cristianos, especialmente cuando reza por nosotros. Pienso que la actitud más justa de parte de los cristianos es rezar por el Papa, y manifestarle nuestro afecto cuando tenemos oportunidad de hacerlo.
Frente a tantos problemas que ocurren en la vida, en la sociedad y en la Iglesia, el camino seguro es seguir de cerca al Papa. Cada sumo pontífice se ha ocupado de las necesidades de la Iglesia de cada tiempo. Por ello, me parece importante procurar leer o escuchar las cosas que el Papa dice y escribe, por ejemplo, en las catequesis que suele dirigir cada miércoles.
El Opus Dei se apresta a conmemorar el centenario de su fundación. ¿Cómo se vive este tiempo de preparación en Roma junto con los otros fieles de la Obra?
El centenario es una gran oportunidad de redescubrir y revalorar el don que significa el Opus Dei, tanto para sus miembros, como para las demás personas. El ser del Opus Dei es un regalo inmerecido, pero no solo para quienes formamos parte, sino para todas las personas.
Se prepara el centenario con la ilusión de que cada uno pueda ser más fiel al espíritu que recibió san Josemaría en 1928 y que podamos transmitirlo mejor, y muchos más puedan comprender mejor su mensaje y vivirlo.
Se prepara el centenario con la ilusión de que cada uno pueda ser más fiel al espíritu que recibió san Josemaría en 1928 y que podamos transmitirlo mejor, y muchos más puedan comprender mejor su mensaje y vivirlo.
Cada vez se habla más de forjar una cultura vocacional en la Iglesia y en el Opus Dei. Desde tu experiencia personal, ¿Por qué consideras importante que se hable más de una cultura vocacional en las familias, en los colegios y en los clubes juveniles?
Recuerdo una frase que repetía san Juan Pablo II: “¡no tengáis miedo!” En realidad, sí se habla de vocación en estos ámbitos, pero con otro sentido. La mayoría de los jóvenes se plantea una vocación profesional, y se prepara y esfuerza mucho para sacarla adelante. El problema es que esta vocación es un poco restringida, y no abarca lo más importante de nuestra vida.
También debería hablarse de una vocación familiar. Tal vez antes era más común que los padres pregunten a sus hijos sobre sus aspiraciones a formar una familia. Con el deseo de respetar la libertad de los hijos, pienso que se pierde la oportunidad de orientarlos en un ámbito tan importante.
La vocación, no tendría por qué ser un tema tabú en la familia, ni en ninguna parte. La vocación, en el fondo, es el plan que tiene Dios para cada persona. Dios ha previsto que unos sean ingenieros, que otros sean médicos, otros sean policías, algunos formen una familia y otros no. Todo entra en el plan de Dios cuando obramos con rectitud de intención, con el deseo de hacer el bien.
La vocación cristiana es siempre un camino de servicio a los demás, y un camino exigente, pero que siempre es amable y llevadero, porque Dios nos ayuda.
La pregunta que tenemos que hacernos es dónde quiere Dios que realice esa misión de servicio a los demás que todos tenemos, cuál es el camino que quiere Él para mí para hacerme santo, es decir, para llevar mi vocación cristiana a su plenitud. La vocación cristiana es siempre un camino de servicio a los demás, y un camino exigente, pero que siempre es amable y llevadero, porque Dios nos ayuda. Cuando una persona es joven, podría pensar, yo no sería capaz de educar a unos hijos, pero cuando es padre o madre, Dios le da la ayuda necesaria para poder hacerlo bien.
Antes de partir a Roma, participaste en actividades con jóvenes en el Club Saeta en Lima y en el Colegio Alpamayo, ¿Qué mensaje darías a aquellos jóvenes que se están planteando ser más generosos con Dios?
Ciento por uno. Cuando estudiaba en la universidad, nunca encontré un negocio donde se pueda ganar tanto. Dios es el mejor empleador que podemos tener. Ser generosos con Dios, nos parece algo tan difícil, pues el mundo es un lugar maravilloso y pensamos que estamos dejando cosas de mucho valor. En cuanto das algo a Dios, en realidad, no has perdido nada, lo has ganado. Los cristianos somos más libres, cuando estamos más desprendidos de las cosas que tenemos y de las cosas que hacemos. En realidad, lo que hacemos al seguir una vocación es dedicar todo nuestro esfuerzo a realizar el plan que tiene Dios para cada uno. Dios nos ofrece el ciento por uno, pues nuestros pequeños sacrificios, son eso, cosas muy menudas, mientras que Él nos ofrece una felicidad que no tiene límites, que conoceremos especialmente en el Cielo, pero que empezamos a disfrutarla en esta vida, aunque no esté libre de dificultad
¿Qué significado tiene para ti recibir la ordenación diaconal, y en unos meses, la presbiteral, ad portas del centenario del Opus Dei?
Recibir la ordenación sacerdotal es una gran responsabilidad porque el sacerdote hace presente a Cristo entre los hombres y tiene a su cuidado el alma de las personas. El recibirla en torno al centenario del Opus Dei, me da la oportunidad de reflexionar acerca de lo esencial y auténtico de la vida sacerdotal.
El sacerdote se ordena para los demás, para estar siempre disponible a los demás, para transmitir la alegría del Evangelio, para ser instrumento a través del cual la gente pueda crecer en su fe, en la esperanza y en la caridad.
El sacerdote debe configurar toda su vida con este don. Así como es siempre sacerdote y no puede dejar de serlo, debe vivir siempre según esta vocación. Esta no se realiza en la soledad, sino en la compañía cercana a los demás, como nos recuerda el Papa. El sacerdote se ordena para los demás, para estar siempre disponible a los demás, para transmitir la alegría del Evangelio, para ser instrumento a través del cual la gente pueda crecer en su fe, en la esperanza y en la caridad. Aun así, aunque el sacerdote vive para los demás y para hacer felices a los demás, no pierde la propia felicidad, sino que al darse a los demás, crece también la propia alegría y felicidad. Pienso que los que son padres de familia tiene mucha experiencia de esto, pues cuando dan de su tiempo a sus hijos, aunque les quede menos para sus propias aficiones, participan de la alegría de ver crecer a sus hijos.

