De Cusco a Roma: mi experiencia en el UNIV 2026

José Justiniani relata sus vivencias en el UNIV 2026 junto a un grupo de jóvenes peruanos que llegaron a saludar al Papa León XIV, se enriquecieron de la cultura de Roma y peregrinaron a los santuarios: Fátima, Zaragoza, Torreciudad y Lourdes.

De izquierda a derecha, José, Raúl, Jesús, Víctor, Juan, Enzo, Benjamín y Sergio.

Soy agregado del Opus Dei, frecuento el centro cultural Sama en Lima, aunque nací y conocí la Obra en Cusco, hace más de veinte años. Desde meses antes, junto a un grupo de jóvenes de Lima, Cañete y Piura, nos preparamos con ilusión para participar en el UNIV 2026, cuyo tema es “Construyendo puentes: el arte del diálogo”.

No queríamos que sea solo un viaje académico, sino una experiencia que integre la formación intelectual con nuestra vida espiritual, acompañados por Javier Rojas, sacerdote que celebró cada día la Santa Misa y cultivando con cada uno una sincera amistad a lo largo de nuestra peregrinación.

Como parte de esa preparación al UNIV 2026, elaboramos el artículo científico, titulado “La búsqueda de la verdad como presupuesto del diálogo en conflictos sociales: un análisis del caso Aymarazo desde la perspectiva de Joseph Ratzinger”. Sergio, estudiante de Marketing y Raúl, estudiante de Derecho, asumieron la exposición, mientras que, Víctor lideraba la comitiva de estudiantes peruanos y pude colaborar desde la asesoría académica.

En síntesis, sostuvimos que el diálogo solo es auténtico cuando está orientado a la verdad; de lo contrario, se vacía y se convierte en una herramienta estratégica sin capacidad de generar entendimiento real. El caso Aymarazo, ocurrido en el Perú, en la región Puno en el año 2011, nos permitió mostrar que incluso conflictos con base legítima pueden fracasar si las partes abandonan el compromiso con la verdad y el reconocimiento del otro.

Sin embargo, más allá del contenido académico, comprendimos que el tema del diálogo exigía algo más profundo, una disposición interior. Por eso, nos preparamos también espiritualmente, sabiendo que lo que íbamos a vivir no sería solo un congreso universitario, sino una peregrinación.

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Fátima, Zaragoza, Torreciudad y Lourdes

El 21 de marzo llegamos a Madrid, donde fuimos acogidos con un cariño entrañable por la familia Sánchez. Desde el primer momento nos hicieron sentir en casa; recuerdo especialmente la cercanía del señor César Sánchez, su esposa, su hija y su yerno Manuel, siendo este último quien con paciencia y buen humor nos acompañó durante nuestros desplazamientos por España y Francia.

César y su esposa pidieron al padre Rojas la bendición de su casa y de su pequeño nieto. El señor Sánchez fue el responsable de transportarnos durante nuestro viaje en una movilidad particular. De allí nació con él y su familia una amistad entrañable.

En Fátima comprendí algo muy concreto: la verdad que buscamos en el diálogo no es una idea abstracta, sino una realidad que se vive en la fe, en la comunión y en la apertura a Dios.

Desde Madrid iniciamos nuestra peregrinación hacia el Santuario de Fátima, en Portugal. Estar allí fue impactante. El padre Rojas celebró la misa y poco a poco se sumaron fieles de distintas partes del mundo. Lo que inicialmente era una misa pensada para unos jóvenes peregrinos peruanos terminó siendo una celebración universal. ¡Eso es una Iglesia viva y universal! En Fátima comprendí algo muy concreto: la verdad que buscamos en el diálogo no es una idea abstracta, sino una realidad que se vive en la fe, en la comunión y en la apertura a Dios.

Luego pasamos por Pamplona, donde visitamos la Universidad de Navarra y rezamos la oración acordaos ante la ermita de la Madre del Amor Hermoso, obsequiada por el fundador del Opus Dei.

Si uno no está en paz con Dios, difícilmente podrá construir puentes auténticos con los demás.

Recordamos las palabras pronunciadas por san Josemaría —sobre cómo el cielo y la tierra se unen en el alma en gracia— en el campus de la universidad me hizo pensar que el verdadero diálogo también nace en el interior de cada persona. Si uno no está en paz con Dios, difícilmente podrá construir puentes auténticos con los demás.

En Zaragoza, al besar el Pilar donde se apareció la Virgen, impresionaba la fe sencilla de tanta gente. Más adelante, en el santuario de la Virgen de Torreciudad, el silencio y la inmensidad del lugar invitaban a la oración profunda. Recuerdo especialmente una parada en los Pirineos, donde almorzamos al aire libre frente a la nieve y un riachuelo: en medio de esa belleza, la amistad entre todos los jóvenes que viajamos rumbo a Roma se fortalecía de manera muy natural, con la alegría sencilla de compartir como grupo.

De izquierda a derecha, Manuel, Raul, Sergio, P. Rojas, Jesús, Víctor, José y Elvis.

Finalmente, en el santuario de la Virgen de Lourdes, experimentamos algo muy especial. Un joven que no conocíamos se acercó a ayudarnos cuando andábamos perdidos buscando el lugar exacto donde se apareció la Virgen a santa Bernardita; hizo de guía con una generosidad sorprendente y nos compartió cómo ese lugar había sido significativo para su vida. Ahí confirmé que la fe une incluso a desconocidos, y que el diálogo más auténtico muchas veces nace en gestos sencillos.

Cada santuario mariano fue una lección, escuchar a Dios nos enseña a escuchar mejor a los demás.

Cada santuario mariano fue una lección, escuchar a Dios nos enseña a escuchar mejor a los demás. Sin esa apertura, cualquier diálogo humano corre el riesgo de quedarse en lo superficial.

Roma y el UNIV 2026: Iglesia universal y experiencia del diálogo

El 28 de marzo llegamos a Roma. Estar en la Plaza de San Pedro fue una experiencia difícil de describir. Pensar en los mártires, en la historia de la Iglesia y en la sucesión apostólica me hizo sentir verdaderamente en casa. Rezar el Credo ahí, como san Josemaría en su momento, aconsejaba a cada uno de sus hijos al llegar a la ciudad eterna, fue profundamente significativo.

El 30 de marzo, Sergio y Raúl expusieron el artículo académico en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Al inicio, un poco nerviosos, pero lo hicieron muy bien. Fue emocionante ver cómo una investigación que trabajamos con esfuerzo cobraba vida en un contexto internacional. Ese mismo día y en las conferencias posteriores, me quedó grabado un mensaje: para construir puentes no basta con dialogar, hay que hacerlo con respeto, sin renunciar a la verdad y reconociendo la dignidad del otro. No se puede defender la vida o la justicia desde el insulto o la descalificación.

Los chifles para el Papa León XIV: un obsequio que se volvió viral en redes

Ver al Papa León XIV tan de cerca me hizo pensar en la continuidad viva de la Iglesia, en Cristo presente en la historia.

El 1 de abril vivimos uno de los momentos más especiales de nuestro viaje: la audiencia con el Papa León XIV. Algunos pudimos saludarlo personalmente, y fue especialmente significativo cuando uno de nuestros compañeros, Elvis, con mucha sencillez, le entregó unos chifles piuranos al Santo Padre, gesto que poco después se hizo viral en redes sociales y que dio la vuelta al mundo. Ver al Papa León XIV tan de cerca me hizo pensar en la continuidad viva de la Iglesia, en Cristo presente en la historia.

Ese mismo día también compartimos unos momentos con el Prelado del Opus Dei, monseñor Fernando Ocáriz, a quien con cariño llamamos el Padre, en un ambiente de cercanía y universalidad, junto a jóvenes de todo el mundo.

La Semana Santa en Roma fue el centro de todo. El Vía Crucis en el Coliseo fue impactante. Mientras contemplaba a Cristo cargando la cruz, entendí que el verdadero diálogo no nace de imponer, sino de cargar con el otro. Solo cuando hay sacrificio, apertura a la verdad y amor, el encuentro deja de ser confrontación y se convierte en reconciliación. Ese mensaje quedó grabado con fuerza.

También fueron muy significativos los momentos vividos en Santa María de la Paz, la iglesia donde se encuentra la tumba de san Josemaría Escrivá. La cantidad de confesionarios reflejaba una preocupación profunda por acercar a las almas al perdón de Dios. En Roma, tuvimos la oportunidad de visitar la escalera santa, conocida también como scala santa, que subimos de rodillas, recordando que son las mismas que nuestro Señor Jesucristo subió en Jerusalén antes de ser llevado ante Poncio Pilatos. Fue un momento de profunda piedad y recogimiento.

Una experiencia que transforma: integrar fe, vida y formación

Con el paso de los días, fui comprendiendo que lo estudiado para el congreso UNIV 2026 sobre el diálogo se hacía vida. No era solo un concepto académico, lo vivíamos en la convivencia diaria, en la amistad, en las dificultades del viaje y en el cuidado mutuo. Víctor, por ejemplo, asumía muchas veces el rol de “médico” del grupo cuando alguno se resfriaba y había que estar atento a las diferentes necesidades de los demás.

La convivencia se enriquecía con cada uno, Enzo y Benjamín, con su experiencia previa de viajes a Roma, nos guiaban en los desplazamientos; Juan, siempre sereno, estaba atento a todos; Sergio y Raúl llevaron adelante la exposición en la PUSC con gran responsabilidad; y Jesús, cuya alegría fue parte importante del grupo, nos dio también un motivo especial de celebración, pues en Roma festejamos su cumpleaños con sencillez, incluso con un pequeño momento de canto y alegría que vivimos como la familia que es la obra.

Cada misa, meditación y cada momento de conversación ayudaban a darle sentido a lo que vivíamos, integrando fe, vida y formación.

La forja de una verdadera amistad en la ciudad eterna

Jóvenes de distintas ciudades del Perú, con historias diferentes, terminamos construyendo una verdadera amistad. Lo mismo ocurrió con participantes de otros países: a pesar de no conocernos, compartíamos la misma familia, pues muchos pertenecemos al Opus Dei o participamos de sus actividades con gente joven.

La fe y la razón se integraron de manera natural. El artículo que preparamos para exponer en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz no quedó en teoría: lo vimos reflejado en la realidad. Entendimos que sin verdad no hay diálogo, pero también que sin caridad la verdad no se comunica.

El 6 de abril vivimos la clausura del UNIV 2026, que se llevó a cabo en la sede de Cavabianca. Fue un momento extraordinario en el que distintas comitivas de muchas partes del mundo presentaron un show de talentos, reflejando la alegría, creatividad y unidad vivida durante esos días.

Personalmente este viaje marcó un antes y un después. No fue solo una experiencia académica o turística, sino un encuentro profundo con Dios, con la Iglesia y los demás. Me permitió ver que el mundo necesita jóvenes capaces de dialogar sin renunciar a la verdad, de construir puentes con respeto y de vivir su fe con coherencia. Y en lo personal, me ha ayudado a fortalecer mi vocación como agregado.

A otros jóvenes les diría que se animen a ir a Roma y participar de una convivencia como es el UNIV o de un Jubileo de la Juventud. Peregrinar, formarse y abrirse a una experiencia universal como el UNIV en Roma no solo amplía la mente, sino que transforma el corazón. Porque cuando uno se pone en camino, buscando la verdad con sinceridad, termina encontrando mucho más de lo que esperaba; encuentra sentido, fe y una forma más auténtica de vivir.

José Justiniani