— Háblenos del cielo, un poco.
— Lee a San Pablo cuando habla del Cielo, y dice que “ni oído humano oyó, ni ojo humano que vió”. No hay manera de hablar del cielo. Es el bien, sin mezcla de mal alguno. Porque todas las cosas buenas de la tierra, sin mezcla de mal, de una manera que no se puede ni calificar, le llamamos ‘infinito’. Es poco.
Todo eso es el Cielo. ¡Es el amor! Un amor que no empalaga, que no hace traiciones, que es siempre nuevo; que satisface y, sin embargo, nunca diremos basta”, porque siempre nos parecerá poco.