Demasiado amor (o la historia desconocida detrás del videoclip de C. Tangana)

Hace un par de meses murió Sergio Larrinaga. Unos días después murió su padre, Manolo. Serían dos anónimos -o casi- si no fuera porque Sergio es el autor de la marcha “El amor”, las notas musicales que abren el archifamoso tema de C.Tangana “Demasiadas mujeres”. Esta es la historia de Eloísa, la madre de Sergio, la mujer de Manolo. Podríamos haber titulado esta noticia “Demasiada mujer”, pero ella no nos hubiera dejado...

En marzo de 2018 Eloísa salía de misa cuando escuchó una voz muy tenue que la llamaba: “Elitooo”. Al girarse vio a Manolo, su marido, que iba mal, muy mal… Se lo llevó al hospital, donde le dieron tres días de vida. Tenía cáncer de próstata, EPOC y metástasis ósea progresiva.

Sus hijos empezaron a organizarse para hacer turnos pero ella asumió la responsabilidad de cuidarle. “Los demás tienen sus familias, trabajan…”. En junio le dieron el alta y Eloísa se lo llevó a su casa.

Hacía treintaicinco años que no vivían juntos, aunque nunca habían perdido el contacto del todo. En todas las celebraciones familiares ella le pedía al resto de la familia que le llamaran todos. Cinco hijos, ocho nietos y dos bisnietos formaban una cadena demasiado fuerte como para soltarse del todo.

Un matrimonio en juego

En 1991, Eloísa sufrió una fuerte depresión a causa de la ludopatía de su marido. Mentiras, ausencias y mucho sufrimiento. El matrimonio vivía en el centro de Cádiz y sus hijos ya eran mayores de edad, así que un día ella le dejó y volvió a su barrio de la Viña natal. Con su luz espectacular y sus casas de vecinos, donde se compartía cuarto de baño con el resto de pisos.

Eloísa sólo fue al colegio hasta los doce años pero nunca le faltó el trabajo, incluso cuando sus niños eran pequeños. Se dedicó primero a la venta de cosméticos y después al cuidado de enfermos, algo que le abrió un panorama totalmente nuevo, también en su casa.

Con su marido, en un bar

A la ludopatía de su marido se unió la adicción de uno de sus hijos. Sergio era el cuarto. Desde pequeñito fue muy especial. Sufría terrores nocturnos de forma desproporcionada, pero los médicos no le daban importancia porque era una época en la que las enfermedades mentales no se trataban como ahora. Con los años llegaron problemas más graves. Era la época de la ruta del bacalao y del auge de las pastillas de éxtasis y Sergio se enganchó.

Ella siempre tuvo interés en comprender mejor qué le pasaba a su hijo y ha estudiado mucho el tema. “He ido formándome y, sigo haciéndolo, en patología dual psiquiátrica y drogodependencia. Estos enfermos sufren mucho. Son una patata caliente y no tienen acceso a tratamientos integrales. La gente cree que son las adicciones las que te llevan a un trastorno mental, pero no siempre es ese el orden”.

Luchar contra el estigma

Corría el año 1993 y ella seguía destrozada. Un día se encontró a una amiga de la infancia, que la invitó a un catecumenado en la parroquia del Rosario. “A mí me sonaba a chino pero fui”. Aquello le dio fuerzas. Empezó a tener un motivo para levantarse por la mañana: quedar con un grupo de catequistas.

Al principio no sabía rezar, ni sabía nada. “Me hablaban de 'El Señor' y yo no sabía quién era, ¡si yo siempre le había llamado Dios! Y de pequeña me habían hablado de Él como el que todo lo ve; niña, que te va a castigar…”.

Algo comenzó a despertarse por dentro... para rezar. Tanto que empezaron a llamarla “la loca del sagrario”. Buscaba, lo preguntaba todo, no le daba vergüenza: “Yo aprendía y sigo aprendiendo, aunque pronto cumpliré los 70”. Se confesó. La última vez tenía 42 años y había perdido la cuenta de cuántos llevaba sin hacerlo. Empezó a ir a un movimiento de familias anónimas, formado por personas que tenían familiares con trastornos de algún tipo y acabó coordinándolo. En 2007 fundó la asociación Mujeres de Acero, para ayudar a personas de su barrio con situaciones parecidas a la suya. “Me da mucha pena que la gente se acostumbre a ver a toxicómanos tirados por ahí. Son enfermos y tenemos que aprender a comprenderlos. No juzgarlos, ni estigmatizarlos”.

Con su hijo Sergio

“Yo sé que Dios me ha dado el carisma de cuidar a los enfermos que no quiere nadie, pero ese es el carisma de Jesucristo. En mi casa han fallecido ocho personas de mi familia cuidadas por mí. He ido aprendiendo a cuidar una necrosis, a poner una sonda… Ya me conocen los del ambulatorio y a veces me llaman para que hable con las familias de otros enfermos”.

En 2015 su encuentro con Dios dio otro paso definitivo. “Conocí a Mari Toni, supernumeraria del Opus Dei, que ha sido mi ángel de la guarda”. Con ella, Eloísa fue a su primer curso de retiro. De camino, en el coche, iba con dos amigas que no paraban de contar desgracias y ella se iba poniendo mala… Menos mal que el marido de una de ellas, que iba conduciendo, le echó un cable y les dijo: “que la vais a asustar”. Efectivamente, así era. “¡No podemos ser profetas de calamidades! Tenemos que contagiar con nuestra alegría, que el Espíritu Santo sabe lo que necesitamos en cada momento. Yo siempre se la pido a Dios”.

Un año después pidió la admisión en la Obra. “Estoy muy contenta. El Opus Dei ha sido un eslabón bastante fuerte para mí. Es una gran familia, no biológica pero sí del alma, donde rezamos unos por otros. Cuando alguien cercano a mí lo pasa mal por algo, también la gente de misa diaria, me los llevo a dar una vueltecita, porque todos necesitamos ayuda”.

Cuando se enteraron sus amigas del barrio no daban crédito. Hasta ese momento, con frecuencia hablaba mal del Opus Dei y ella se lo ha ido dando a conocer. “La ignorancia es muy atrevida, lo sé porque yo también he criticado mucho”.

C. Tangana y Sergio

El cuidado final

La vuelta a casa de Manolo fue dura. Además, pocos meses después, Eloísa tuvo que llamar a una ambulancia porque su hijo estaba consumido por los estupefacientes. Salió adelante pero no fue la única vez que vivió una crisis de este tipo. En varias ocasiones le han llamado para decirle “tu hijo está mal en tal o cual sitio”, y ella iba a buscarle. “Mentía más que pestañeaba pero yo le quería tanto que no podía dejar de cuidarle. Ha sufrido mucho: estaba deprimido, tenía fobias...”.

Cada día después de misa se quedaba un rato rezando y le pedía a Dios que sacara a su hijo adelante. En medio de la desesperación le vino a la cabeza el nombre de un psiquiatra que había sido vecino suyo del barrio en la infancia. Le llevó y le diagnosticaron un trastorno bipolar.

Por la vía de los hechos, Eloísa acabó haciéndose cargo de los dos. Como su casa es un estudio muy pequeño y no cabían los tres, alquiló una habitación muy barata en una calle cercana. Cuando su marido estaba peor, se quedaba con ella y su hijo se iba a la habitación alquilada; y cuando era al revés, hacían el cambio. El que vivía en la habitación iba cada día a casa de Eloísa para comer, ducharse… Así han estado durante un año y medio.

Eloisa acompañaba a Manolo día y noche

Con los cuidados y el cariño, su hijo mejoró y pudo continuar desarrollando su profesión: Componer, tocar... La música cofrade fue su pasión y talento no le faltaba. De hecho, en octubre de 2020, el cantante de trap C. Tangana escogió una marcha compuesta por él para uno de sus videoclips. Se llama “el Amor” y sirve para introducir el tema Demasiadas mujeres. Es conmovedor escuchar a Eloisa hablar del cantante, ajena al éxito de S.Tangana, como le llama, porque más que el éxito lo que a ella le conmueve es el trabajo de su hijo y el cariño de su banda que, como recuerdo después de su muerte, le enmarcaron la partitura del tema.

Cuidar a los dos ha sido un sinvivir, porque Sergio tenía brotes y Manolo se iba deteriorando poco a poco. Un día, a ella también le dio un subidón de tensión y tuvieron que llevarla al hospital. “Yo le dije a Dios: si ha llegado mi hora que sea tu voluntad pero tú sabes bien que este cuadro no se lo puedo dejar a mis hijos…”. Y se repuso.

En febrero de este año, de forma repentina, falleció Sergio. Tenía 45 años. Mientras le hacían la autopsia, Eloísa volvió a casa. No podía decirle nada a su marido, que ya estaba muy enfermo. Disimulaba y rompía a llorar cuando se quedaba sola.


Marcha El amor, compuesta por Sergio


Eloisa acompañaba a Manolo día y noche. Contrató una chica para que se quedara con su marido una hora que ella aprovechaba para ir a misa: “porque eso sí que no podía dejarlo, es de donde saco la fuerza”. Manolo murió unos días después. En casa, rodeado del amor de su familia y después de recibir la Unción de los enfermos.

El resto de sus hijos le están muy agradecidos a su madre, porque han visto en ella lo que significa perdonar y lo que puede conseguir el amor: encontrar la felicidad aún en medio del sufrimiento. “Se puede perdonar, se puede acoger… ¡se puede todo! Dios te da las gracias necesarias. Dios te lo da todo. Yo estoy rota porque ha sido muy fuerte todo lo que ha pasado, pero tengo la seguridad de saber dónde están y esa seguridad es mi consuelo y mi esperanza. Los dos han muerto rodeados de cariño, de un amor casi infinito, y con la mirada puesta en el Cielo”.

Seguro que cuando Sergio escribió su marcha El amor pensó en su madre. El amor nunca es demasiado, pero en esta ocasión roza el exceso.