Quince parejas pronuncian el: «Sí, quiero»

Las maestras del colegio Montefalco (México) invitaron a prepararse para el matrimonio a los padres de las alumnas que lo desearan. Quince parejas aceptaron la aventura.

Iniciativas sociales
Opus Dei - Quince parejas pronuncian el: «Sí, quiero»Un momento de la ceremonia de matrimonio en Montefalco (México).

Claudia Mtanous es directora del Colegio Montefalco, situado en el estado de Morelos (México). Ofrece educación a más de 500 niñas de 24 localidades diferentes, procedentes en general de áreas con pocos recursos económicos. En esta entrevista narra cómo han ayudado a casarse a numerosos padres de sus alumnas.

¿Cómo surgen estos “matrimonios comunitarios”?

Notamos que muchas niñas de secundaria y bachillerato faltaban a la misa dominical. Nos dimos cuenta que en algunos casos sus padres no estaban casados por la Iglesia, por lo que no fomentaban entre sus hijas el recibir la comunión o la confesión.

De ahí surgió la idea de ofrecerles un curso y celebrar una ceremonia de “matrimonios comunitarios”. La mayoría requerían sólo “un empujoncito”, pues el deseo lo tenían. Varios de ellos frecuentan la Escuela para Padres, así que aceptaron nuestra propuesta con agrado.

¿Cómo les invitaron a casarse?

Primero, lo platicamos con el padre Severo, párroco de Jonacatepec -área donde se encuentra Montefalco-, y le comentamos lo complicado que podría ser para algunas parejas tramitar la documentación y los permisos correspondientes a cada parroquia, ya que viven en otros poblados y municipios. Para gran alegría nuestra, nos dijo que tanto él como su secretaria se encargarían de hacerlo para que los “novios” pudieran casarse en Montefalco.

Hablamos con las alumnas interesadas y les sugerimos que entusiasmaran a sus padres

Hablamos con las alumnas interesadas y les sugerimos que entusiasmaran a sus padres con la idea; el apoyo de las niñas resultaría fundamental. Finalmente, reunimos a los interesados en el colegio. Algunos no aceptaron nuestra propuesta, ya que tenían algún impedimento para casarse. Pero quince parejas dijeron que sí: varios no estaban bautizados, otros no estaban confirmados o no habían recibido la primera Comunión. El sacerdote les preparó para esos sacramentos y yo me encargué de hablar del matrimonio.

¿Cómo les prepararon?

La preparación empezó en octubre y terminó en marzo. Pedimos a cada pareja que buscase un matrimonio amigo -ya casado y practicante- que les acompañase a lo largo de todo el camino. Fue muy hermoso ver cómo les ilusionaba prepararse para el matrimonio y cómo iba creciendo el entendimiento entre ellos.

En la última reunión, preparamos una mesa adornada con pétalos de rosas rojas y brindamos con vino espumoso en copas de cristal. Ese día también les entregamos a los novios una carta que les escribieron sus hijas en secreto, y donde les decían lo felices que estaban y lo mucho que les apoyaban en su decisión.

Antes de la boda, celebramos un retiro espiritual de cuatro horas con los novios y los padrinos. Al final cerramos con un emotivo brindis en donde todas las parejas se desearon felicidad y fidelidad eterna.

¿Cómo se desarrolló la ceremonia?

Nos las apañamos para que quedara hermoso, sin gastar mucho dinero. A las once de la mañana llegaron los primeros invitados y novios. Las alumnas voluntarias los recibieron y pronto se llenó el espacio con toda la gente.

El padre Severo y el padre Ricardo Sada precedieron al ingreso de las diecisiete parejas. Había matrimonios de todas las edades, desde muy jóvenes, hasta otros mayores de 50 años.

Las novias ofrecieron sus flores a la Virgen y, al son de la marcha nupcial, salieron de la explanada

Las hijas de los matrimonios hicieron las peticiones y llevaron las ofrendas. La parte donde se hacen las promesas fue muy emotiva. Cada sacerdote empezó en una esquina de la fila e iban casando a las parejas hacia el centro, se entregaron las arras, los anillos y el lazo. La comunión fue larga porque, gracias a Dios, mucha gente iba preparada para comulgar.

Al terminar la misa, las novias ofrecieron sus flores a la Virgen y, al son de la marcha nupcial, salieron de la explanada mientras las maestras aventaban pétalos de flores y se escuchaban muchos aplausos de fondo. A los tres sacerdotes los despedimos muy agradecidas por la ayuda, y al padre Severo le entregamos una despensa que habían donado los matrimonios para los necesitados de su parroquia.

¿Qué es lo que más te marcó de esta experiencia?

Con este evento demostramos lo que podemos hacer para apoyar a las familias, para que sepan que estamos ahí para ellos, para ayudarlos a vivir su vida cristiana de la mejor manera posible. Esto hace que se vea al Colegio Montefalco y a los papás como una gran familia donde, además de sus hijas, nos importan mucho ellos.