Instagram, un canal de generosidad

Jóvenes guatemaltecas publicaron una story en Instagram para pedir dinero o alimentos y poderlos distribuir entre la comunidad más pobre de su ciudad. La respuesta fue muy generosa.

Iniciativas sociales

El 1 de abril el prelado del Opus Dei escribió una carta ante la situación del Coronavirus, situación que ha afectado a muchas familias de todo el mundo. En nuestro país, Guatemala, ha afectado de modo particular a las de escasos recursos.

Con mis amigas, nos preguntábamos: “¿Qué podemos hacer?’’. En ese instante, una revisó su teléfono y vio un mensaje de texto con una petición de ayuda de doña Ana Lidia, quien vive en una comunidad pobre en Santa Isabel, Fraijanes.

Recordamos la invitación del prelado: “En estos días estamos experimentando cómo la solidaridad humana, sobre todo cuando está informada por la caridad, se vuelca en generoso servicio a los demás”. Así, decidimos lanzar una iniciativa de ayuda social a través de las stories de Instagram, donde pedimos donativos o alimentos para ayudar a las familias más necesitadas de la comunidad.

Enseguida se hicieron eco las jóvenes que reciben formación espiritual en Lendel, el centro del Opus Dei. Las distintas restricciones de estos días limitan el contacto y el movimiento, por lo que a través de la red social se concentraron las fuerzas de todas esas personas para llevar esa ayuda a los rincones de los hogares más necesitados.

En el momento de distribución de las ayudas entre la población desfavorecida.

Nunca imaginamos una respuesta tan pronta y generosa: fue tan rápida, que en pocos días llegamos a recaudar no sólo lo que necesitábamos para cubrir las necesidades básicas de la comunidad de Santa Isabel, sino que también pudimos ampliar nuestra ayuda a otras áreas cercanas.

Las donaciones llegaron a la cuenta bancaria, y los alimentos y productos de higiene a las puertas del centro del Opus Dei. Los recibíamos con guantes en mano y con una sonrisa detrás de la mascarilla.

Recibíamos con guantes en mano y con una sonrisa detrás de la mascarilla

Al día siguiente, hicimos dos equipos: unas iban al supermercado y otras empezaron a desinfectar los productos, siguiendo el protocolo establecido. En esa noche armamos las canastas básicas al ritmo de la canción: “Quédate en casa, pórtate bien…’’.

Como en nuestro país es posible trasladarse, el sábado fuimos a la Comunidad de Santa Isabel a hacer entrega de las canastas a cada familia. Acudieron a recibirla, siguiendo las medidas de prudencia sanitaria, una persona por familia y usando mascarilla.

Después de la entrega, doña Ana Lidia se acercó agradecida, contándonos la historia detrás del por qué habían decidido escribirnos pidiendo ayuda:

‘’Un día, mi esposo y yo llegamos a casa sin trabajo, lo que significaba que nos quedaríamos sin dinero, sin comida y sin medios. Uno de nuestros hijos, Héctor, de 12 años, preguntó preocupado: “Y ahora, ¿qué vamos a hacer?”. Le respondí con firmeza en la fe que rezaríamos todos juntos, pidiéndole a Dios su protección, ya que Él nunca abandona a sus hijos y que la Virgen siempre cubre con su manto a sus pequeños. Luego me acordé de vosotras y os escribí”.

Luego, nos acercamos para distribuir más ayuda a la comunidad vecina: La Puerta del Señor, en Fraijanes. En esta comunidad vive Doña Anita, una madre joven de escasos recursos, a quien conocemos desde hace bastantes años. Ella se preocupa por el bienestar de sus vecinos y busca los medios necesarios para ayudar a los más pobres, a los enfermos y a los ancianos que le rodean. Es una persona que pone lo poco que tiene al servicio de los demás. Su liderazgo le ha permitido formar un grupo de 8 personas generosas al que ha dado el nombre de “Portadores de Bendición’’. Ellos se encargaron de distribuir todo lo que les llevamos entre los más necesitados, entre ellos una familia que no había comido desde hacía cuatro días.

Es impresionante pensar que una story de Instagram logró tener tal alcance. Toda esta experiencia nos ha permitido darnos que estamos más unidos que nunca y que nada, ni siquiera una pandemia, limita la generosidad del corazón humano.