Cuando nacía cada uno de mis hijos y los llevaba por primera vez a la misa del domingo, en mi imaginación los levantaba con mis brazos y se los enseñaba a la imagen de la Virgen. En silencio le pedía: que sea numerario o numeraria.
Lo pedía, pero al mismo tiempo pensaba que era algo casi imposible. Yo conocí el Opus Dei en 1979, cuando vine a estudiar a una escuela hotelera. En aquel entonces tenía ideas equivocadas y pensaba que los numerarios debían ser personas con mucho dinero. Con el tiempo comprendí que en realidad viven la pobreza cristiana y el desprendimiento de los bienes materiales, entregando toda su vida a Dios.
A 170 kilómetros de la capital vivía el abuelo de Pedro José, mi papá. Era agricultor, pero tenía una vocación enorme de servicio a la comunidad. Durante años fue catequista: noche tras noche iba de casa en casa enseñando la fe.
Siendo todavía muy joven, Pedro José lograba captar la atención tanto de adultos como de niños
Pedro José pasaba con su abuelo muchas vacaciones. Lo acompañaba a las posadas y a las visitas. Cuando cumplió 14 años, mi papá le pedía que leyera el Evangelio y luego le hacía preguntas sobre lo que había entendido. Si le parecía bien la explicación del nieto, le decía: “Eso vas a explicar hoy en la iglesia”. Y así, siendo todavía muy joven, Pedro José lograba captar la atención tanto de adultos como de niños.
Cuando nació nuestro primer hijo decidimos llamarlo Pedro, por su abuelo y por el significado del nombre; José, por su papá y también por ser el nombre del papá de Jesús. Siempre he pensado que el significado de esos dos nombres define bastante bien la personalidad de Pedro José.

Con Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei
Desde pequeño sentía dentro de mí que él iba para algo más. No sabía exactamente para qué: quizá para ser un buen profesional o un buen papá. Pero también pensaba que podría ser sacerdote del Opus Dei. Aunque me preguntaba: ¿cómo?, si ni siquiera podía llevarlo a una residencia universitaria.
Rezaba mucho y, en mi imaginación, lo veía vestido de negro, con sotana: gordito y no muy alto
Dios tenía sus planes. Pedro, que estudió en el Liceo Javier, comenzó a ir al Club Tucán y más adelante a Kinal.Yo no decía mucho, pero por dentro estaba feliz. Rezaba mucho y, en mi imaginación, lo veía vestido de negro, con sotana: gordito y no muy alto.
En octubre de 2009 me dijo con mucha naturalidad:
—Tenés un hijo numerario.
Yo respondí también con aparente normalidad:
—Vas a ser pobre toda tu vida y la entrega es para siempre.
Y él me contestó:
—Lo sé. Por eso rezá mucho.
Seguía pensando en verlo algún día vestido de sacerdote
En 2019, cuando terminó su carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad de San Carlos de Guatemala, me dijo que se iría al Colegio Romano de la Santa Cruz, en Roma y a estudiar en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Yo no podía creerlo. Seguía pensando en verlo algún día vestido de sacerdote.
Después de tres años en Roma, en 2022, me dijo:
—Ya casi me regreso a Guatemala.
Fue entonces cuando por primera vez le dije lo que siempre había pensado:
—Ah… yo quería un hijo padrecito.
Me dio muchas razones, y entonces dejé de pedirlo a Dios. Pensé: bueno, ni modo, no será.
No regresó pronto, sino que él continuó estudiando en Roma. Y en 2025 me llamó para preguntarme:
—¿Cuándo vendrás a Roma?
Le dije que no podía. Insistió y me dijo:
—Podés venir en noviembre de este año… o en mayo 2026.
En ese momento pensé: se va a ordenar
Guardé silencio. En ese momento pensé: se va a ordenar. Porque sabía que las ordenaciones de los numerarios suelen ser en noviembre para diáconos y en mayo para sacerdotes, y Pedro me confirmó que se ordenaría en esa fecha.

Hoy con Pedro José en Roma luego de su ordenación
Me quedé muda. No podía hablar. Me vinieron a la mente muchos recuerdos: los años de entrega de mi papá al servicio de la Iglesia; mi esposo —que falleció hace pocos años, el 12 de julio del 2021— rezando rosarios incontables por sus hijos, por los numerarios y por los sacerdotes, día tras día.
Dios no permitió que él escuchara de labios de Pedro José la invitación a ir a Roma. Pero estoy segura de que lo escuchó desde el Cielo.
He rezado mucho por esas manos de Pedro José que tocarán a Nuestro Señor en la Eucaristía
Desde ese día he rezado mucho por esas manos de Pedro José que tocarán a Nuestro Señor en la Eucaristía. También por los 17 compañeros del Opus Dei que se ordenaron el 23 de mayo de 2026 en Roma. He mendigado oraciones por todos.
No puedo definir exactamente lo que siento. Pero sí puedo decir que Dios se fija en uno sin mérito alguno.
También pienso que tengo una gran familia, guiada desde el cielo por mi esposo. Estoy muy agradecida con todos los del Opus Dei de Guatemala y de Roma, porque nos han tratado con muchísimo cariño.
Gracias, Dios mío, por tanta bendición.
Y si usted lee este testimonio, le pido que rece por Pedro José de León Chávez, por mi familia y por todos los que dicen sí a Dios, para que sean siempre fieles y felices.
