3.500 años de experiencias compartidas

Los jubilados, dice Raúl López, tienen muchas oportunidades de santificar sus actividades diarias porque -aunque lógicamente ya no son como las de los años anteriores- siguen siendo ocasión de vivir plenamente el servicio a los demás.

Opus Dei - 3.500 años de experiencias compartidas

En esta residencia para personas mayores de México, el sol de Querétaro juega con la brisa y marca la cadencia de un diálogo festivo y sereno. Raúl, que algo conoce de ayeres, prefiere hablar del futuro. Paz, su esposa, asiente y de vez en cuando le ayuda a redondear alguna idea. Entonces intercambian sonrisas y sellan así su complicidad de siempre.

¿Cuál es la materia de santificación de trabajo para una persona jubilada?

Una persona jubilada tiene una enorme cantidad de formas de santificar el trabajo porque éste nunca termina. Haces muchas nuevas actividades que planeas desde antes de jubilarte. Una de estas actividades, interesantísima, que hacen varias personas que conozco, es escribir, relatar experiencias.

Cambias de actividad y te mueves muchísimo más y empiezas a tratar con gente maravillosa que es gente de tu edad.

¿Cómo fue la transición de ser una persona muy activa laboral a tener la administración de tu propio tiempo?

Algunas personas piensan que al dejar un trabajo profesional dejas de actuar, producir y hacer; pues no: simplemente cambias de actividad y te mueves muchísimo más y empiezas a tratar con gente maravillosa que es gente de tu edad o cercana a tu edad con muchas inquietudes que empiezas a compartir con ellos, como visitar enfermos, por ejemplo. Pero sobre todo empiezas a vivir y a disfrutar a tu familia de otra manera. A partir del momento en que dejas de trabajar, empiezas a ganar y a ganar… es tiempo de cosechar.

¿Qué le dirías a una persona que piensa que durante toda su vida no cosechó nada?

Yo creo que debemos balancear las cosas, no somos perfectos, todos cometemos errores y todos nos pudimos haber equivocado, pero aún queda mucha vida para cosechar muchas cosas. Tenemos que buscar lo positivo y la forma para ayudar a los demás, ya que siempre habrá alguien que necesite de ti.

¿Y a alguien que en esta etapa de la vida se siente desconcertado existencialmente?

Yo trataría en primer lugar enseñarle que esta etapa es otra juventud, que aún tenemos mucho por delante y que es bastante lo que podemos dar por los demás. Cualquiera puede dar algo a los demás, empezando por dar más amor. Y esto lo vivimos en esta época de una manera especial. Ocuparse del otro es un poco salir de sí mismo, y al dar apoyo, consejo y cariño se irá borrando ese disgusto por la vida. Salir un poco de ti mismo, quitarte del espejo y reflejarte en los demás.

¿Y qué nos dices del ser abuelo?

He entendido mejor esta labor en esta casa. Aquí vivimos muchos abuelos y abuelas, entonces escuchamos numerosas anécdotas. Si sumamos las edades de las 50 personas residentes aquí, el resultado es de 3,500 años de experiencias, porque hay varios de más de 80 y 90. Las anécdotas son maravillosas, y hemos notado que hablamos de lo que aprendimos de nuestros propios abuelos: me enseñó, me ayudó, me llevó, me trajo tal cosa. Nosotros tratamos de vivir así con nuestros nietos e hijos.

Vivimos a nuestros nietos de una manera nueva e incomparable porque nos une un compromiso de muchísimo cariño; parece mentira, pero el amor del abuelo al nieto, y del nieto al abuelo, fluye de una manera diferente. Nosotros aprendemos muchísimo de los niños y ellos de nosotros.

¿Qué le dirían ustedes a unas personas que tienen la inquietud de tener hijos, de casarse y de tomar responsabilidades?

Nuestro caso fue de un noviazgo de 5 años y medio, pero nos conocíamos desde niños porque nuestras familias se trataban. A los 19 años nos hicimos novios y a los 24 nos casamos. Ahora tenemos 51 años de casados, con siete hijos y 15 nietos.

Una cosa que platico a menudo con los jóvenes es que si te casas y no tienes la vocación familiar, tienes que pensártelo. Yo digo que el deseo de tener familia, hijos y, sobretodo, de tenerlos con determinada persona, es algo natural.

Llama mucho la atención que generaciones más jóvenes están muy cercanas al divorcio en diversas situaciones, las uniones que perduran llaman cada vez más la atención… ¿Cuál sería el secreto de un matrimonio que quiere seguir adelante?

No se trata de ganar y ganar, tener la razón siempre. Hay que saber ceder y meditar el asunto, ya calmados volver sobre el tema y aclarar las cosas.

Yo diría como algo práctico: para ganar, perder, pero volver. No se trata de ganar y ganar, tener la razón siempre. Hay que saber ceder y meditar el asunto, ya calmados volver sobre el tema y aclarar las cosas. No decir: “bueno, ya, te regalo la razón”. Si sientes que la tienes, debes defenderla hasta el final, pero respetuosamente y cariñosamente, y lo más probable es que se resuelva el asunto. Cuando hay una discusión o conflicto, los niños lo perciben, ellos deben de ver amor a todas horas. Pelear delante de los hijos, estar distanciados delante de los hijos les da una mala imagen del matrimonio, que es una lata o que es muy difícil. Yo pienso que las situaciones se deben se resolver amorosamente

¿Y de qué sirven las miradas al pasado?

En esta época de la vida tienes una tendencia natural a examinar cómo lo has hecho en la vida y a darte cuenta de la cantidad de cosas por las que tienes que pedir perdón. Me viene en la mente lo que decía el Beato Álvaro del Portillo: “Gracias, perdón y ayúdame más”. Se suaviza el trato humano constantemente, porque te das cuenta que debes de pedir perdón y vivir en la alegría de la misericordia.