Un relicario de Guadalupe en la iglesia prelaticia

El lunes 13 se instaló en el oratorio de la dormición, en Santa María de la Paz (Roma), un relicario de la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri, cerca de donde reposan los sagrados restos del fundador del Opus Dei.

Opus Dei - Un relicario de Guadalupe en la iglesia prelaticiaEl relicario está en la capilla de la dormición en Santa María de la Paz (Roma).

El 22 de diciembre de 1948, la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri escribía en una carta a san Josemaría Escrivá de Balaguer: “Cada día me siento más unida a la Obra y a usted”[1]. Con el paso de los años, la filiación espiritual de Guadalupe con el fundador del Opus Dei fue creciendo y fortaleciéndose.

Desde el pasado lunes, esa unión quedó materializada con la instalación dentro del complejo de la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, en Roma -donde reposan los sagrados restos del fundador-, de una reliquia ex ossibus de la beata madrileña, elevada a los altares el 18 de mayo de 2019.

El relicario, diseñado por Talleres de Arte Granda, ha contado con la supervisión de una arquitecta mexicana afincada en Roma y se ha colocado en la capilla de la dormición de la Virgen, a la derecha del altar y de la escultura de Santa María.

Relicario de Guadalupe Ortiz de Landázuri.

En el centro de una base rectangular de piedra de travertino está el relicario; encima hay un medallón de bronce con un retrato de Guadalupe y debajo un pequeño letrero dorado con su nombre. El relicario, en forma de cruz, está bañado en oro y con esmaltes. Se ha buscado que fuera acorde con el diseño y los materiales empleados en esa pequeña capilla.

De esta manera, el primer fiel laico del Opus Dei en ser beatificado está presente en la iglesia prelaticia, donde también reposan los restos del beato Álvaro del Portillo, Mons. Javier Echevarría y la sierva de Dios Dora del Hoyo. A partir de ahora, quienes se acerquen a rezar a esta iglesia, podrán también acogerse a la intercesión de la nueva beata.


[1] Letras a un santo, María Del Rincón y María Teresa Escobar (ed.), p. 27.