"Una beatificación es una ocasión para alabar a Dios"

Se ha presentado en Roma, en el Aula Magna de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, la edición italiana de la biografía de Monseñor Álvaro del Portillo. Participó el Prelado del Opus Dei.

El libro se titula Alvaro del Portillo. Il primo sucessore, y ha sido escrito por Javier Medina (Bilbao, 1950), sacerdote postulador de la causa y testigo directo de los últimos 24 años de la vida del próximo beato.

Durante la presentación han intervenido Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, que ha dirigido un breve saludo inicial; el Cardenal Francesco Monterisi, Arcipreste emérito de la Basílica de San Pablo; el padre carmelita Antonio María Sicari, teólogo, escritor y ensayista; la senadora Emma Fattorini; y María Vittoria Marini Clarelli, directora de la Galería Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo de Roma. Ha moderado las intervenciones Cesare Cavalleri director de Ediciones Ares, sello editorial que ha publicado el libro.

Recogemos a continuación extractos de las intervenciones:

En su saludo inicial, Mons. Echevarría recordó que “una beatificación no se puede reducir a la celebración de una persona, sino que es, sobre todo, una ocasión de alabar a Dios, de darle gloria y de agradecer sus dones: concretamente, el de sus beatos y sus santos. El Venerable Álvaro del Portillo fue un hombre, un sacerdote, un obispo lleno de alegría al que el Señor concedió muchos talentos humanos. Su beatificación pone ante nuestros ojos —y aquí está la clave de este acto de la Iglesia— el hecho de que la santidad es accesible a todos los bautizados, si responden con generosidad a la gracia de Dios”.

El Cardenal Monterisi recordó que Mons. del Portillo “trabajó mucho por el Concilio Vaticano II, antes, durante y después de su celebración, pasando días y noches estudiando, leyendo y componiendo textos y pareceres. Es admirable —dijo— su trabajo en la redacción del decreto conciliar Presbyterorum Ordinis”. También subrayó cómo don Álvaro “supo inspirar decenas y decenas de iniciativas sociales y educativas en todo el mundo: escuelas rurales y urbanas, centros de formación y hospitales. Cuando llegaba a un sitio de África o de América Latina intentaba comprender cuáles eran las necesidades más urgentes de la población. Y, en consecuencia, con su espíritu sereno pero determinado, animaba a algunos fieles del Opus Dei del lugar a poner en marcha alguna iniciativa para responder a esta necesidad”.

En su intervención, el padre carmelita Antonio María Sicari, describió la relación de afecto y lealtad que unía al fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá, y al futuro beato Álvaro del Portillo. “Lo que más resalta es el feliz encuentro entre un fundador, lleno de carisma y de pasión, y un primer discípulo. El nombre que se podría dar a este ‘feliz encuentro’ es la palabra ‘fidelidad’, pero entendida en un sentido profundo y bidireccional, que va desde el fundador-padre al discípulo-hijo y del discípulo-hijo al fundador-padre”. 

Entre las anécdotas y las escenas de vida cotidiana extraídas de la biografía, el padre carmelita se detuvo en una en particular: “Álvaro del Portillo le hizo una corrección a san Josemaría, que le costó mucho aceptar. La reacción del fundador del Opus Dei fue orar diciendo: ‘Señor, tiene razón Álvaro y no yo’. Pero, enseguida: ‘No, Señor, esta vez tengo razón yo... Álvaro no me pasa una... Y eso no parece cariño, sino crueldad’. Y después: ‘Gracias, Señor, por ponerme cerca a mi hijo Álvaro que me quiere tanto que... no me pasa una’”. El padre Sicari subrayó cómo este tipo de sinceridad, llena de fe, caracterizaba la relación entre los dos.

La senadora Emma Fattorini habló de la relación que existe entre la fidelidad de Mons. Álvaro del Portillo y su sencillez, especialmente recordando que “de la historia de la relación con su familia y del modo en el que cursó sus estudios se desprende una gran interioridad, vivida al mismo tiempo con libertad de espíritu. Una interioridad profunda y positiva. Por ese motivo, la fidelidad —que es la clave para entender su personalidad— se conjuga con la libertad”.

Maria Vittoria Marini Clarelli, directora de la Galería Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo de Roma, recordó que otro “rasgo de la personalidad de Álvaro del Portillo fue la serenidad”. “Caminaba en un modo que asemejaba la sentencia latina festina lente (corre despacio). Comunicaba esta serenidad porque que la belleza de su persona estaba unida a una extraordinaria transparencia, como si su alma fuese visible”.

La edición de este volumen coincide con la inminente beatificación de Álvaro del Portillo, que tendrá lugar en Madrid el próximo 27 de septiembre. La presentación ha tenido lugar en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, que el futuro beato contribuyó a poner en marcha en 1984 —siguiendo un deseo de san Josemaría Escrivá—, y de la que fue primer Gran Canciller.