Guadalupe Ortiz de Landázuri en el corazón de la Gran Vía de Madrid

“La vida de Guadalupe Ortiz de Landázuri es motivo de acción de gracias a Dios porque nos está demostrando que Dios no abandona a su Iglesia”, dijo Mons. Martínez Camino quien presidió este viernes la ceremonia de bendición de la sepultura e inhumación de los restos de Guadalupe.

Noticias

Los restos de Guadalupe Ortiz de Landázuri descansan ya en una arqueta de madera con su nombre expuesta a la veneración de los fieles en el Real Oratorio del Caballero de Gracia, en plena Gran Vía de Madrid. El Oratorio, creado en el siglo XVII por el noble italiano Jacobo de Grattis, está llamado a convertirse, en palabras del obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, en “una de las muchas transparencias del Cielo en el suelo de la Iglesia diocesana, pues transparencias del Cielo son los sepulcros de los mártires, de los santos y de los beatos”.

Monseñor Martínez Camino presidió este viernes la ceremonia de bendición de la sepultura e inhumación de los restos de Guadalupe Ortiz de Landázuri, que regresaban a Madrid tras 43 años en el cementerio de Pamplona, la ciudad en la que falleció en julio de 1975 con fama de santidad. A la tumba que ocupó durante décadas en la capital navarra iban a visitarla personas como Isabel, quien había leído la vida de la próxima beata, y decidió encargarle el cambio de una de sus hijas, que había decidido marcharse del hogar familiar. Este viernes, agradecida porque sus oraciones habían sido escuchadas, acudía a venerar los restos de la primera laica del Opus Dei que subirá a los altares, tras el decreto aprobado este verano por el Papa Francisco.

Monseñor Martínez Camino presidió este viernes la ceremonia de bendición de la sepultura e inhumación de los restos de Guadalupe Ortiz de Landázuri.

Junto a Isabel, un nutrido grupo de fieles de la diócesis acudió a venerar los restos y a participar en la ceremonia, concelebrada por los vicarios del Opus Dei Ramón Herrando, Pedro Álvarez de Toledo y José Javier Marcos; el rector del Real Oratorio del Caballero de Gracia, Juan Moya; el delegado de las Causas de los Santos del Arzobispado, Alberto Fernández; el vicepostulador de la Causa, José Carlos Martín de la Hoz, y el sacerdote Luis Cruz, sobrino nieto de Guadalupe Ortiz de Landázuri.

Entre los más de 200 asistentes a la ceremonia se encontraban sobrinos, sobrinos nietos y numerosos parientes políticos de la futura beata, como la sobrina que lleva su nombre, Guadalupe Ortiz de Landázuri, hija del doctor Eduardo Ortiz de Landázuri, promotor de la Universidad de Navarra y de la Clínica Universidad de Navarra. “Mi padre decía que en mi familia, todo se lo debemos a Guadalupe: la conversión de nuestros padres, la vida cristiana de cada uno de nosotros y el hallazgo de nuestra vocación; todo se lo debemos a ella”, relató la sobrina, visiblemente emocionada.

El obispo auxiliar de Madrid reiteró que la llegada de los restos a Madrid era un motivo de gratitud por la vida de la propia sierva de Dios y por el Opus Dei.

Monseñor Martínez Camino también se sumó a las palabras de agradecimiento a la Venerable: “la vida de Guadalupe Ortiz de Landázuri es motivo de acción de gracias a Dios porque nos está demostrando que Dios no abandona a su Iglesia. A pesar de las luchas y de los pecados, la quiere, la guía y la protege. Especialmente cuando suscita santos en la Iglesia”.

El obispo auxiliar de Madrid reiteró que la llegada de los restos a Madrid era un motivo de gratitud por la vida de la propia sierva de Dios y por el Opus Dei, “porque además de la enorme, diaria y callada labor apostólica que hace en la diócesis con tanta gente, va presentando sin pausa frutos extraordinarios de santidad, tan necesarios para la obra evangélica, pues sin santidad no hay evangelización”.

Entre los más de 200 asistentes a la ceremonia se encontraban sobrinos, sobrinos nietos y numerosos parientes políticos de la futura beata.

“El Opus Dei no se recata en presentar la santidad como el objetivo de todos sus trabajos. Lo importante es que los bautizados seamos santos, y para ser santos hay que desear la santidad, como acaba de recordar el Papa Francisco en la exhortación Gaudete et Exsultate, cuya finalidad es precisamente suscitar el deseo de santidad en toda la Iglesia”, incidió el prelado.

Los santos, la mayoría parlamentaria de la Iglesia

Es a través de la vida de los santos, aquellos que siendo humanos se transforman en Cristo, como Dios manifiesta a los hombres su presencia y su rostro, según aseveró Martínez Camino, citando lo que expone la Lumen Gentium publicada por el Concilio Vaticano II. “Los santos son revelación de Dios viva. Los santos son además la mayoría parlamentaria en la Iglesia; ellos son los que tienen capacidad de decisión. En ellos Dios manifiesta a su Iglesia en cada tiempo su rostro y su presencia”, dijo.

“La obra apostólica de la Iglesia es ante todo una obra de atracción que ejercen los santos sobre el corazón de los hombres. No por sus propios méritos y sus obras, sino porque a través de ellos se manifiesta la misericordia de Dios. Se puede amar a Dios sobre todas las cosas. Se puede perdonar a los enemigos. ¿Por qué se puede? Porque lo han vivido miles de hermanos nuestros”, añadió el prelado, que pidió, durante la oración de los fieles, por el plan diocesano de Evangelización y los frutos del Año mariano en la diócesis de Madrid.

Mons. Martínez Camino pidió oraciones por el plan diocesano de Evangelización y los frutos del Año mariano en la diócesis de Madrid.

“El Señor nos invita a pedir con confianza: pedid y se os dará. Hoy le pedimos por intercesión de la Reina de todos los Santos que no deje de suscitar santos en su Iglesia. Al lado de nosotros, junto a nosotros, en esta Iglesia de Madrid”, concluyó el obispo.

Por lo pronto la diócesis madrileña cuenta desde este viernes con un nuevo lugar en el suelo de la urbe donde el Cielo se hace transparente. Un oratorio donde tocar la presencia de los santos en medio del fragor de la Gran Vía, del ruido y los escaparates, de los locales de ocio y los teatros musicales. Allí, en un rincón silencioso del Real Oratorio del Caballero de Gracia, brillan otras luces que nunca se apagan.