El milagro de un niño feliz

Los Ureta Wilson cuentan en el número de abril de la revista Mundo Cristiano el antes, el durante, y el después de una curación extraordinaria atribuida a Mons. Álvaro del Portillo: el milagro aprobado por la Santa Sede que da pie a la inminente beatificación.

Los tres, y el resto de la familia, estarán el 27 de septiembre en Madrid.

José Ignacio Ureta Wilson es hoy un niño feliz de 11 años. Un chileno de sonrisa constante. Sin embargo, su vida empezó siendo una pesadilla llena de quirófanos, de médicos, de tensión, de miedo, de peligro de muerte.

El 10 de julio de 2003, José Ignacio vio la luz por un momento. En su historia clínica prenatal ya había indicios serios de complicaciones. Nada más nacer, le amenazaba una hernia intestinal que se conoció seis meses antes, durante las revisiones del embarazo. Desde ese momento, sus padres empezaron a pedir a Mons. Álvaro del Portillo el favor de una nueva vida sin sobresaltos. Pero en marzo se constató que la hernia era una realidad plasmada en una ecografía. Cuatro meses antes del nacimiento, ya sabían sus padres que el quirófano sería una parada obligada antes de que el nuevo hijo llegara a su casa.

Desde aquél primer mes de nubarrones con titular feliz, José Ignacio y sus padres (Susana y Javier) están enormemente agradecidos y enormemente contentos.

La hernia era lo de menos

Sin embargo, cuando en julio de 2003 nació José Ignacio, la hernia intestinal se convirtió casi en una inocente anécdota. Antes de la operación, el recién nacido se sometió a pruebas médicas preparatorias y los médicos descubrieron que el pequeño había llegado al mundo con una malformación cardiaca con consecuencias graves para la circulación de la sangre, una patología congénita que había pasado desapercibida durante el embarazo. Entonces, las oraciones a Mons. Álvaro del Portillo cobraron intensidad.

A los dos días de nacer, José Ignacio pisó el primer quirófano de su vida para desterrar para siempre la hernia. Y entonces su historia médica se complicó sobre manera. Un paro cardíaco fundía en negro su futuro y las esperanzas de sus padres. De aquel fallo en el corazón vinieron daños cerebrales por culpa de la falta de riego sanguíneo. Y la estampa de Mons. Álvaro del Portillo era el agarradero de toda la familia.

Julio fue el mes que le dio la vida y el mes que pudo acabar con ella. 20 días después de su nacimiento, José Ignacio fue operado de corazón. Después de 48 horas de alegría contenida por el éxito de la intervención, la situación empeoró de golpe.

Luto en la UCI

El 2 de agosto -relatan sus padres- José Ignacio estaba a punto de poner el punto y final a su biografía. Las noticias que llegaban desde la UCI pediátrica del Hospital de la Universidad Católica eran las más negativas posible. Nervios. Y la estampa a Mons. Álvaro del Portillo se convirtió en el único estribillo de unos padres desolados, y de muchos amigos que les acompañaban en la prueba más dura.

Entre tanto, hubo más fallos cardíacos, derrames en el pericardio y un paro letal de media hora. Los médicos le daban por muerto. Más oraciones intensas.

Tras la tempestad, llegó una primera noche tranquila. Contra todo pronóstico, el pequeño ahora estaba mejor. Mons. Álvaro del Portillo seguía pegado a su lado. Sus padres seguían en vela. De aquélla constancia y aquélla fe, surgió un milagro que se ha convertido en el milagro aprobado por la Santa Sede para beatificar al Siervo de Dios, el Venerable Álvaro del Portillo.

Desde aquél primer mes de nubarrones con titular feliz, José Ignacio y sus padres (Susana y Javier) están enormemente agradecidos y enormemente contentos. Esa ilusión se intensificó cuando en julio de 2013 la Santa Sede hizo pública la grandeza de este favor atribuido a la intercesión de Mons. Álvaro del Portillo y anunció que el requisito previo para su beatificación estaba superado.

"Siempre le pedimos ayuda en situaciones difíciles, en momentos de alegría, en los nacimientos de los niños... Cada cosa importante se le encomienda a él"

Un aliado permanente

Los tres, y el resto de la familia, estarán el 27 de septiembre en Madrid. "Por supuesto" -señalan Susana y Javier- "Que el milagro de don Álvaro para la beatificación sea el de nuestro hijo significa muchas cosas. Por un lado, está suponiendo en nuestra vida la misión de transmitir a los que nos rodean la importancia de don Álvaro como modelo a seguir para llegar a la santidad. Por otro, es una alegría constante poder aprovechar a José Ignacio día a día".

La intercesión de Mons. Álvaro del Portillo sigue siendo un recurso habitual en esta casa chilena: "Siempre le pedimos ayuda en situaciones difíciles, en momentos de alegría, en los nacimientos de los niños... Cada cosa importante se le encomienda a él".

José Ignacio tiene ahora 11 felices años y es consciente de que en su vida ha habido un milagro. Como relatan sus padres, "en un principio estaba muy impresionado con su historia, pero luego él lo ha visto como un acontecimiento importante, da gracias a Dios, se ríe... y le da un poco de vergüenza cuando alguien le dice que es el niño del milagro de don Álvaro".

"Ver en tu familia la mano de Dios tan presente y cerca es algo que te llena el alma. Somos unos privilegiados"

Tocar la mano de Dios

Una década y un año, pero la huella de un hecho extraordinario sigue viva en Susana y Javier: "Vivir en primera persona un milagro es algo que no se puede dimensionar. Es una mezcla de muchas emociones. Ver en tu familia la mano de Dios tan presente y cerca es algo que te llena el alma. Somos unos privilegiados".

Protagonizar un acontecimiento así, les convirtió, desde el principio, en embajadores de la devoción al Venerable Álvaro del Portillo. Como destacan los dos, "ahora y siempre lo seremos. Constantemente transmitimos que se encomienden a don Álvaro, que fue ejemplo de fidelidad, sencillez, serenidad, paciencia...".

Susana y Javier ven que la intercesión de don Álvaro sigue siendo muy eficaz. Según cuentan, han vivido de cerca "varios favores que ha realizado, como curaciones de enfermedades, personas que han encontrado trabajo, familias en situaciones difíciles que han solucionado sus conflictos, problemas matrimoniales resueltos... Unos amigos nuestros no podían tener hijos, hasta que se lo pidieron a don Álvaro y ahora son padres".

11 años después de aquel ir y venir por los pasillos de una UCI pediátrica y 11 años después de llenar los días de agradecimiento, Susana y Javier creen que "el milagro de don Álvaro nos muestra a todos que la vida es un regalo de Dios. Este milagro representa el valor de la vida, de la familia, de los amigos que te acompañan, incluso de aquéllos que no conoces, pero que rezaron por nosotros y nuestros hijos. Pero sobre todo, este milagro es una muestra de la cercanía de Dios en todo momento".

"Para mí don Álvaro es alguien muy importante, pero lo que signifique para mí es privado. Yo siempre le rezo y converso con él"

24 horas de alegría al día

En estos 11 cumpleaños felices de José Ignacio, sus padres ven que el hijo que parecía abandonarles desde el principio "nos enseña día a día a disfrutar de la vida al máximo. Es un niño gozador, divertido y alegre. Sabe decir el comentario oportuno y desde que se levanta hasta que se acuesta siempre mantiene la alegría en todo lo que hace".

11 años después, el propio José Ignacio habla. Le preguntamos: ¿Quién es para ti don Álvaro? Y responde: "Para mí don Álvaro es alguien muy importante, pero lo que signifique para mí es privado. Yo siempre le rezo y converso con él". Entre osos de peluche y balones de goma, José Ignacio tiene un amigo especial.

Álvaro Sánchez León Mundo Cristiano