«Agradar a Dios». La gratuidad y la libertad del amor, entre los bastidores de lo cotidiano

«Que yo vea con tus ojos, Cristo mío». Así rezaba san Josemaría y así querríamos rezar también nosotros, a la vuelta de casi cincuenta años. Sí, nos ilusiona mirar el mundo, nuestra vida, nuestras cosas, con los ojos de Jesús. Con esa mirada todo cobra su verdadero sentido. Este libro recoge algunas de las perspectivas que se abren con esa mirada.

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«Que yo vea con tus ojos, Cristo mío». Así rezaba san Josemaría el 19 de marzo de 1975. Y así querríamos rezar también nosotros, a la vuelta de casi cincuenta años. Sí, nos ilusiona mirar el mundo, nuestra vida, nuestras cosas, con los ojos de Jesús. Con esa mirada todo cobra su verdadero sentido. Desaparecen los engaños, las confusiones, los escondites en los que buscamos refugios inciertos. Si miramos como él, si le dejamos mirar a través de nosotros, nos concentramos en lo único verdaderamente importante: la libertad y la gratuidad del amor de Dios; el amor que Dios nos da, para que también nosotros lo demos, con ese mismo espíritu, a nuestro alrededor (cfr. Mt 10,8).

Este libro recoge algunas de las perspectivas que se abren con esa mirada. Descubrimos, por ejemplo, la discreción con la que Dios actúa para proteger nuestra libertad. O la sencillez con la que se nos acerca en la vida de cada día, porque si algo puede chiflar a nuestro creador son cosas muy pequeñas: lo único que, a fin de cuentas, tenemos a nuestro alcance. Con los ojos de Jesús aprendemos también a distinguir la tendencia al perfeccionismo de la ilusión por darle alegrías. Descubrimos el regalo inmenso de su Padre en cada persona que nos rodea. Su mirada penetra hasta nuestra intimidad, nos hace capaces de amores auténticos. Y, poco a poco, nos vamos convenciendo de lo fácil que es robar el corazón de quien nos contempla así. Los ojos de Cristo, en fin, nos permiten mirar a nuestros amigos con una libertad llena de ilusión y de paciencia. La misma que él pone constantemente sobre nosotros.

Portada del libro «Agradar a Dios». La gratuidad y la libertad del amor, entre los bastidores de los cotidiano

Capítulos que componen este libro electrónico gratuito

1. En donde se oculta Dios. En la discreción y en el silencio de los sacramentos nos espera Jesús para que le abramos libremente nuestra alma.

2. Lo normal, discreto y divino. Algunos paisanos de Jesús dudaron de que el poder de Dios pueda manifestarse en alguien "tan normal". El Señor quiere seguirnos encontrando en lo cotidiano, tejido por sencillas normas de piedad que procuramos vivir.

3. Robar el corazón a Cristo. El buen ladrón con una palabra robó el corazón a Cristo y abrió las puertas del Cielo. Así es la oración: una palabra que roba el corazón a Jesús y nos permite vivir, desde ese momento, junto a Él.

4. Sé que te encantó, Jesús. San Josemaría nos enseñó a cuidar las cosas pequeñas porque comprendía la capacidad del hombre de agradar a Dios con pequeños y casi minúsculos detalles realizados por amor.

5. Agradar a Dios. La llamada del Señor a «ser perfectos como el Padre celestial» (Mt 5,48) consiste en vivir como hijos de Dios, conscientes del valor que tenemos a sus ojos, anclados en la esperanza y en la alegría que nace de sentirnos hijos de tan buen Padre.

6. Hermanos que miran al padre. El Papa Francisco habla con frecuencia de la necesidad de generar una mayor unidad entre las distintas generaciones. La parábola del hijo pródigo, su hermano mayor y su padre, relatada por Jesús, nos puede ayudar a profundizar en este tema.

7. La autenticidad del amor (el título original fue Una revolución en la intimidad). Jesús perdona a una mujer pecadora que unge sus pies y la lanza hacia la libertad que surge de un corazón limpio.

8. Apóstoles que disfrutan. En un mundo lleno de actividad, san Josemaría nos propone una "lógica" sorprendente: primero, oración y mortificación; solo después, acción. Así podremos sintonizar mejor con el apostolado que quiere Dios.


El autor del libro es Diego Zalbidea, sacerdote. Trabaja con jóvenes en Pamplona desde hace quince años. Es profesor de Derecho canónico en la Universidad de Navarra.