«¿Hasta dónde se puede amar a la Virgen?»

Encuentros y testimonios del reciente del viaje del Prelado del Opus Dei a Monterrey. Durante su estancia en México, mons. Fernando Ócariz peregrinó a la Virgen de Guadalupe y visitó Aguascalientes, Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México.

Basílica de Guadalupe · Aguascalientes  · Guadalajara

 Monterrey · Ciudad de México


Sábado 12 de noviembre

En su último día en México, el Prelado mantuvo un encuentro con familias en la Expo Santa Fe. Los participantes le recibieron con la “ola mexicana”, mientras agitaban listones de colores en el aire. “Somos cooperadores de la verdad -dijo don Fernando en su primera intervención, hablando de la tarea evangelizadora de todo cristiano-. El mismo Jesucristo dice a los apóstoles: Yo soy la Verdad. Por eso, toda la labor apostólica es cooperar con Jesucristo”. Para ser capaces de colaborar con Dios, “es preciso orar sin desfallecer; oración constante es tener el alma dirigida a Nuestro Señor. Incluso el sueño puede ser oración cuando lo ofrecemos a Dios”.

Luz María, una mexicana que conoció la Obra en Taipei y continuó con sus medios de formación en Corea del Sur, es hoy la directora del colegio Meyalli. “Pasar de la diplomacia a la educación ha sido el mejor regalo que he recibido”, dijo. El prelado del Opus Dei le animó a tener corazón universal: “Reza mucho, por todo el mundo, porque todo el mundo es nuestro, de cada persona con corazón cristiano. Podemos sentir como propias todas las alegrías, todas las penas, todos los éxitos y fracasos del mundo".

Otro de los presentes habló sobre las dificultades que vivió durante la pandemia y especialmente hizo alusión al dolor de perder a varios familiares a causa del COVID. “¿Es posible ser feliz sufriendo? -reflexionó Mons. Ocáriz-. Sí, es posible con fe y con la gracia de Dios. Esta fe en el Amor de Dios no nos quita el sufrimiento, pero hace posible ser felices en medio del dolor”.

Los testimonios fueron muy variados: Natalia, que es actriz, habló sobre la confianza en Dios; Claudia y Willy preguntaron sobre la vocación de los hijos; Pedro contó su recuperación del COVID gracias a la intercesión de san Josemaría; una familia explicó la tradición de las posadas navideñas en México, y Viviana y Mario cantaron una conocida canción mexicana. Fernando preguntó sobre el centenario de la Obra, y el Prelado le dijo que “es una ocasión para meditar que está todo hecho y está todo por hacer. Está todo hecho porque el espíritu ya nos lo ha dado Dios, y está todo por hacer en nuestra propia vida, en cada una, en cada uno. La Obra ya es una realidad, pero el Señor quiere que se extienda, que llegue a mucha gente. Es un verdadero mar sin orillas”.

Como mensaje final, animó a todos a estar «alegres en la esperanza y a olvidarnos más de nosotros mismos para pensar en los demás». Tras saludar a algunas familias, pasó a la Villa para despedirse de la Virgen de Guadalupe y finalmente tomó el vuelo de regreso a Roma, después de unos días entrañables en tierras mexicanas.

Viernes 11 de noviembre

Mons. Ocáriz mantuvo un encuentro de catequesis con chicas que reciben formación cristiana en centros del Opus Dei de Ciudad de México, Puebla, Morelos, Tlaxcala, Estado de México y Veracruz. Natalia y Fausta contaron algunas anécdotas de su paso por otros países, donde pudieron ayudar en los centros de la Obra; mientras que Jime y Alicia aprovecharon la ocasión para regalar al Prelado un cuadro de la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri: “Ojalá lo ponga en algún rinconcito de su casa”, desearon.

María, que está en el último año de la carrera de Enfermería, contó que ha abierto cuentas en TikTok e Instagram para dar a conocer a los demás sus aventuras en ese trabajo. Ha tenido muchos ecos positivos. “Es Dios quien actúa a través de cada uno de nosotros cuando no ponemos obstáculos, cuando trabajamos bien y servimos a los demás -dijo don Fernando-. Servir con alegría es un verdadero apostolado”.

Andrea y María realizaron un truco de magia que sorprendió a todos los presentes; Zyanya –después de contar su conversión– interpretó una pieza en el violín; Isa preguntó sobre la pureza en el noviazgo y Geraldine pidió al Padre que les hablara sobre la vocación y el don del celibato. “Lo has dicho bien: el celibato es un don -explicó el Prelado-. A veces, podemos elegir lo más fácil. Pero es bueno pensar: ¿A qué me llama Dios? ¿Cómo voy a ser más feliz?”.

Al final del encuentro, dos chicas le regalaron una piñata, donde venía un regalo de parte de todas ellas. Antes de dar la bendición final, animó a rezar por el Papa Francisco y reiteró su deseo de que cada una encuentre “su propio camino, siendo fieles a lo que Dios quiere para cada una”.

Jueves 10 de noviembre

El día incluyó diversos encuentros, entre ellos con un grupo de mujeres mayores, fieles de la prelatura: le contaron que, entre todas, sumaban 1.520 años en la Obra. “Siempre tenemos motivos para estar contentos -les dijo el Prelado- porque Dios nos quiere mucho. San Josemaría siempre fue feliz porque –si bien vivió situaciones de mucho sufrimiento– estaba metido en Dios”. También les habló de libertad interior, de hacer las cosas por amor a Dios, y de la disponibilidad para hacer la Obra. Se contaron historias sobre las dificultades durante la pandemia, inquietudes apostólicas y retos en la familia.

Miércoles 9 de noviembre

En su catequesis de este día surgieron preguntas alrededor de la alegría y la amistad: “Lo importante es la sonrisa por dentro -explicó-. Hay que estar alegres siempre, contentos porque todo es ocasión de encuentro con el Señor”. Con motivo de una pregunta de Sofía –que es enfermera– sobre el cuidado de las personas, el prelado le animó a “pedir al Señor que nos aumente la caridad, la capacidad de querer”.

Este miércoles, además, bendijo la primera piedra de un colegio y saludó al consejo directivo de una escuela promovida por varias familias.

Martes 8 de noviembre

Por la mañana el Prelado estuvo con el equipo directivo de la Universidad Panamericana y con varios miembros de la comunidad universitaria en el campus de Bosque Real. Susana, cubana-mexicana, contó cómo descubrió la Obra a través de su trabajo en el IPADE y Yazmín habló de su trabajo en la Universidad, dentro del área de servicio social. Don Fernando animó a los presentes a mantener un entorno de diálogo, fundado en el respeto, la amistad y el interés auténtico por los demás.

Por la tarde, acudió al colegio Cedros para charlar con jóvenes de Puebla y Cuernavaca. Alejandro le platicó sobre cómo ser mejor amigo de sus amigos. Don Fernando le explicó que, como él mismo habrá experimentado, la amistad crece cuidando los pequeños detalles: pasárselo bien con las cosas que gustan al amigo, escuchar con atención, la puntualidad, etcétera. Para un cristiano, ser amigo es ser apóstol.

Otra pregunta abordó el tema de la castidad. “Podríamos decir -señaló Mons. Ocáriz- que hay dos motivos para desear ser castos: el primero y más decisivo es por amor a Dios, porque así Dios lo quiere y por tanto es bueno para nosotros. El segundo motivo lo da la experiencia humana: la impureza no da alegría, deja una experiencia amarga. Vivir la castidad, saber amar con el cuerpo, incrementa la capacidad de amar de las personas con todas sus capacidades humanas y espirituales. Quien no valora la pureza tiende a vivir una vida egoísta. No es fácil, pero hace falta fiarse de Dios que nos da su gracia”.

Mariano contó que está preparando con un grupo de amigos la Jornada Mundial de la Juventud en Portugal. Antes del encuentro con el Papa, harán varias etapas del Camino de Santiago. “Deseo prepararme espiritualmente para ese momento, ¿qué consejo me da?”. El prelado del Opus Dei le respondió que un modo era prepararse todos los días rezando más por el Santo Padre, pidiendo por su persona y por todas las intenciones que trae encima, que no son pocas, para que mucha gente se acerque más a Dios y haya más unidad dentro de la Iglesia.

Antes de terminar, le preguntaron sobre las virtudes más importantes para los jóvenes. “Todas las virtudes van unidas. Es necesario crecer en ellas con armonía. Sin duda, la primera es la caridad; pero hay momentos en la vida en que algunas adquieren importancia. Os aconsejo la sinceridad: sed sinceros primero con Dios, con vosotros mismos y con los demás”.

Lunes 7 de noviembre

El prelado del Opus Dei viajó a Montefalco, una casa de retiros espirituales ubicada en el estado de Morelos, al sur de la capital, a donde llegó poco antes del mediodía.

Allí recibió a diversos grupos de personas. Paty le contó de su sobrina, que tiene 4 años y sufre una grave enfermedad. Tiene mucho interés por conocer más la fe católica y es muy piadosa. Mons. Ocáriz dijo que el ejemplo de esta joven puede ayudar a reflexionar sobre la infancia espiritual y el abandono en Dios: «Tened confianza en el Señor; la misma confianza que depositábais en vuestro padre y vuestra madre». 

También explicaron al Prelado que en una parroquia de una zona lejana han podido comprar copones grandes de un metal precioso gracias a la colecta realizada entre todos los vecinos. Quien explicó esta iniciativa preguntó a don Fernando cuándo llegaría la Obra a áreas tan alejadas de las capitales: «Donde tú estás -dijo-, la Obra está ahí. Pero nos desarrollaremos más, si sois fieles».

Domingo 6 de noviembre

Por la mañana, hubo una tertulia general en la Arena Monterrey. Acudieron personas provenientes del norte de México, del sur de la Unión Americana e incluso de algunos países de Centroamérica.

En primer lugar, Mons. Ocáriz pidió oraciones por el Papa Francisco. También recordó la importancia de tener fe en la oración y de amar mucho al Señor para identificarse con él.

Algunas personas quisieron compartir algunas impresiones, hacerle preguntas y contarle múltiples anécdotas: desde iniciativas educativas con los más desamparados, hasta operaciones quirúrgicas, pasando también por impulsores de la devoción a la Madre de Dios a través de matachines y del proyecto de “La Virgen en todos lados”. “Siempre se puede querer más a la Virgen. Ella nos mira con amor y nosotros debemos responder a esa mirada”, dijo el Prelado.

En ese rato de catequesis se abordaron numerosos temas: la importancia de las virtudes en la educación de los hijos, el redescubrimiento de la amistad, la esperanza ante las contrariedades o el agradecimiento que debemos tener hacia los migrantes que fortalecen nuestra sociedad.

En concreto, el prelado del Opus Dei se detuvo en la oportunidad que ofrece el sufrimiento cuando aparece en la vida, para fortalecer la fe, siempre que lo experimentemos unidos a la Cruz del Señor. Otros temas fueron la necesidad de ser prudentes en las redes sociales, el valor del celibato como un don de Dios y el matrimonio.

Finalmente, don Fernando concluyó la tertulia reiterando la importancia de pedir juntos por el Papa, y pidió oraciones para toda la Iglesia, para la Obra y también para él.

Sábado 5 de noviembre

El día 5 Mons. Fernando Ocáriz respondió, durante un encuentro, a las preguntas de muchas jóvenes mexicanas: «Es bueno conocer y estudiar la propia fe, para ser capaces de amar más a Jesucristo, que nos llama a identificarnos con Él, para ser felices. Del conocimiento viene el amor hacia quien nos llama a ser ipse Christus, el mismo Cristo».

Luisa, de Sinaloa, preguntó cómo se podía preparar mejor para la Jornada Mundial de la Juventud que tendrá lugar en Lisboa. «Escuchad y meditad las palabras del Papa. Y también, ¡divertíos mucho!». Además, le regalaron un farol proveniente de la ciudad de Culiacán: «Esto me hace pensar que todos tenemos que ser faroles encendidos, para dar luz a los demás e iluminar sus vidas».

Karina contó cómo descubrió su vocación a la Obra como Numeraria Auxiliar poco después de la muerte de 11 mujeres de la Obra mexicanas en un accidente automovilístico en el 2016. «Para seguir la propia vocación -recordó el Prelado- es necesaria la oración, pedir luces al Señor y pedir consejo. Lo importante no es pensar qué es más fácil y qué es más difícil; toda vocación es fácil y toda vocación es difícil. Es fácil con la gracia de Dios y es difícil porque todas implican esfuerzo. El celibato es un grandísimo don de Dios que da la capacidad de amar mucho».

Lilly, Paula y Lucía tocaron una pieza con flauta traversa. También surgió una pregunta sobre cómo cuidar nuestra fe y ser coherentes: «La fe es un don de Dios. Ante algunos ambientes que se oponen a la doctrina cristiana, primero, no hay que asustarse, sino mantenerse serenos, y –a la vez– ser prudentes. La primera prudencia es pedir ayuda a Dios. Los mismos apóstoles, teniendo a Jesús presente, le pedían: Señor, auméntanos la fe».

El equipo de @opusdeitips, una cuenta de Instagram que publica contenido sobre el mensaje de san Josemaría, preguntó cómo transmitir la filiación divina a gente joven. «El contenido que hacéis, que explica qué es la filiación divina, es ya una gran ayuda. Luego, transmitid la experiencia de la alegría de saberse hijos de Dios a las personas que tenéis cerca».

Al final, el Prelado se dirigió a todas: «Cuento con vosotras. No podéis limitaros a recibir formación cristiana; ustedes también hacen la Obra con nosotros».

Viernes 4 de noviembre

Tras celebrar la santa Misa en el colegio Liceo de Monterrey, a la que acudieron numerosas familias, Mons. Ocáriz charló con un grupo de mujeres. Maru –odontóloga– recordó algunas anécdotas de su profesión y Sofi habló sobre las amigas que ha hecho en la Universidad. Algunas, que vinieron desde el cercano Estados Unidos, le pidieron oración por la labor apostólica en ese país. El prelado les recordó que en el Opus Dei uno se siente en casa esté en el país que esté, «si cuidamos el ambiente de familia y el trato lleno de caridad entre nosotros».

Por la tarde, recibió a un grupo de jóvenes que participan de la formación cristiana que se ofrece en diversos centros del Opus Dei en el Norte de México. Asistieron chicos de Hermosillo, Culiacán, Chihuahua, Torreón y Monterrey. Se habló sobre temas como la fe, el apostolado, la vocación, las contrariedades, la alegría, la esperanza y otras cuestiones e inquietudes que presentaron los muchachos con anécdotas y preguntas.

Don Fernando les animó a no cansarse de profundizar en la formación y a asistir a ella de modo activo, no solo como el que recibe una clase, sino buscando cómo se pueden traducir las enseñanzas de la fe católica en la propia vida y cómo incorporarlas a la jornada cotidiana y a los sueños personales.

Pablo fue el primero en intervenir; contó cómo la llegada de un hermano con parálisis cerebral le ha ayudado a él y su familia a quererse más y a ser más generosos. “De alguna manera -le dijo el Prelado-, ahí está presente el amor de Dios, y ha servido para algo muy importante: la unión y generosidad de la familia; a veces estas cosas que pueden presentarse como una desgracia son en realidad una bendición de Dios, aunque no siempre sea tan fácil verlo así”.

A continuación, Eugenio preguntó: “¿Cómo vencer el miedo a las dificultades?”. “La raíz de nuestra seguridad siempre está en Dios —contestó don Fernando— pues nunca estamos alejados de la mano de Dios, ni dejados a nuestra suerte”. Citó también las palabras de San Pablo: “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? Muchas veces lo que necesitamos es tener más fe, pedirle al Señor que nos aumente la fe”.

Otro joven de Monterrey —que también se llamaba Eugenio— pudo compartir con el Prelado cómo fue acercándose y redescubriendo a Dios gracias a la catequesis y las actividades que ha encontrado en Sillares, un centro del Opus Dei. “La formación -respondió Mons. Ocáriz- está dirigida a la identificación de cada persona con Jesucristo. Necesitamos recibirla no solo para tener información más o menos interesante, sino para que me sirva para conocer más al Señor, quererle más, y también para actuar más como Él, y sentir más como Él”. Explicó también cómo Dios quiere que todos seamos santos, pero que toca a cada uno descubrir el plan concreto que Dios ha pensado para cada uno.

Gerardo, de Culiacán, y José Pablo, de Chihuahua, preguntaron cómo acercar a sus amigos y hermanos a Dios. “Que se vea la alegría que tenéis cuando os empeñáis por vivir una auténtica vida cristiana. Además, rezad mucho por vuestros amigos y profundizad en la amistad”.

Sergio, del Club Roda, preguntó cómo distinguir la visión humana de lo que Dios nos quiere inspirar. “Piensa en tu oración, habla con Dios, pregúntale. Y pide consejo a quien te pueda ayudar. Dios respetará tu libertad, pero esa libertad alcanza su verdadero sentido cuando se dirige siempre hacia el amor, el amor a Dios y, por Dios, a los demás”.

Antes de acabar, unos chicos regiomontanos tuvieron la oportunidad de cantar el “Corrido de Monterrey”. El Prelado dio su bendición a todos, animándoles a ser fieles, alegres y apóstoles.

Jueves 3 de noviembre

Ese día don Fernando acudió al colegio Liceo de Monterrey, cuya formación cristiana está confiada a la prelatura. Las alumnas le dirigieron varias preguntas. Se mencionó en diversas ocasiones la necesidad de tratar a Jesús en el Sagrario y hacerle compañía. Después de que algunas cantasen una canción con la guitarra, el Prelado les animó a estar siempre alegres, y a demostrar esa alegría «cantando siempre, aunque sea por dentro».

Miércoles 2 de noviembre

El 2 de noviembre el prelado siguió su recorrido por México. En Monterrey, al norte del país, se reunió con un grupo de hijas suyas en Los Pinos, un centro donde se organizan numerosos retiros espirituales. Comenzó hablando de la ilusión que necesita cada cristiano para querer formarse siempre un poco más. Chayo y Mariana contaron unos chistes, y el Prelado aprovechó para animar a las presentes a tener siempre buen humor. Ana Lucía preguntó cómo cultivar amistades profundas: “Interesaos genuinamente por cada una -dijo Mons. Ocáriz-, y cuidad siempre la cercanía de la oración”.

Luego, Angie le dio la bienvenida en tarahumara, un lenguaje indígena, y le pidió que volviera pronto. Otra de las presentes preguntó qué tenía que pasar para que el Opus Dei tuviera más presencia en la Sierra Tarahumara. “San Josemaría siempre decía que, si queremos ser más, hemos de ser mejores, empezando por vosotras, con vuestro trabajo, con vuestra oración”.

Edith platicó sobre su reciente bautizo, primera comunión y confirmación, y también cantó –acompañada por la guitarra– una canción mexicana popular. Las intervenciones siguieron. Antes de irse, el prelado recordó que “no nos despedimos, porque siempre estamos muy cerca”.

Martes 1 de noviembre

El prelado del Opus Dei dedicó gran parte de la mañana a visitar enfermos y enfermas, y a charlar con matrimonios que impulsan diversas iniciativas educativas (Lar, Forsa y FAPACE). También aprovechó para conocer el colegio Los Altos, donde pudo platicar con algunas alumnas.

Después, tuvo una reunión en la Universidad Panamericana Campus Guadalajara con personas que trabajan en colegios, en la Universidad y en la escuela de negocios Ipade. Don Fernando mencionó muchas veces la importancia del trabajo que hace cada persona en esas instituciones. “No es mejor trabajo -dijo- el que hace el rector de la Universidad que el que hace una persona que solo da una clase a la semana, porque -como decía san Josemaría- es mejor el trabajo que se haga con más amor de Dios”.

Lunes 31 de octubre

Por la mañana, don Fernando se reunió con un grupo de hijas suyas para charlar de los retos profesionales y apostólicos entre sus compañeras de trabajo y con otras amigas. Por la tarde, acudió a rezar a la Virgen de Zapopán, en Jalisco.

Domingo 30 de octubre

En el segundo día de su visita a Guadalajara, el prelado mantuvo una tertulia con universitarios en la Universidad Panamericana.

De parte de todos los jóvenes que frecuentan el club Cauda, Álvaro regaló a Mons. Ocáriz un álbum del mundial, en el que en vez de los jugadores de fútbol puede verse a los chicos que acuden a recibir formación cristiana en ese centro. Luego, Álvaro contó que ha empezado a impartir catecismo a niños pequeños. Como no sabe si lo está haciendo bien, preguntó cómo explicar el amor de Dios a una persona a quien parece no interesarle. “Depende de las circunstancias –dijo el Prelado–; no hay una fórmula mágica. Lo que siempre es necesario es acompañar la formación con la oración, con tu oración. A veces no es fácil enseñar porque no conoces a esa persona o a ese niño, pero por eso le pides al Espíritu Santo el don de lenguas, le pides luz para que el mensaje de la fe llegue a él”.

A continuación preguntó Diego: “¿Cómo podemos saber qué es a lo que Dios nos llama?”. La voluntad del Señor, contestó don Fernando, no se manifiesta normalmente de modo evidente, “por lo que es muy importante rezar, pedir luz y fuerza para decidir. A veces sabemos que nos llama, pero nos falta querer seguirlo”. El Prelado habló sobre el celibato y comentó que supone –para quien recibe esa llamada– un don muy grande: “El celibato apostólico es una donación de amor inmenso a Dios, y, por Dios, al mundo entero”. Expresó que sería un error ver el celibato como un gran sacrificio, y recordó las palabras que Jesús dirige en los evangelios numerosas veces a sus apóstoles: “No tengáis miedo”.

Entre una pregunta y otra también hubo tiempo para breves espectáculos: José Andrés, que vive en la residencia universitaria Altovalle, cantó la canción “Cuando Sale La Luna”. Santiago hizo un truco de magia que despertó los aplausos de los asistentes.

Poncho, un muchacho de Aguascalientes, y José María, de San Luis Potosí, hicieron preguntas similares: ¿cómo acercar a mis amigos a Dios? El prelado del Opus Dei habló de la importancia de la amistad y de la oración en el apostolado: “Se trata de saber transmitir, por el afecto y el cariño, lo que uno lleva dentro, que es la verdadera alegría de la propia relación a Dios, que no limita nuestra vida, sino que multiplica la felicidad”. Citando a san Josemaría, recordó que “lo que se necesita para conseguir la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado”.

Más adelante, el Prelado charló un rato con algunas jóvenes que reciben formación cristiana en centros del Opus Dei, que le acogieron con la canción "Cielito lindo". Precisamente, comenzó el encuentro reflexionando sobre la fortuna que supone acudir a clases para conocer la fe católica y profundizar en la vida espiritual, para poder así acercarse más a Cristo.

Rosita le contó su proceso de conversión, gracias al acompañamiento que recibió desde el primer momento en Jaltepec, un colegio donde estudia la preparatoria. Durante este tiempo fue descubriendo el valor de los sacramentos y decidió recibir la Primera Comunión y la Confirmación hace pocos meses.

Las preguntas de las participantes versaron en torno al ambiente difícil que se está viviendo en el Estado. El prelado animó a no perder la esperanza, a reconocer que Dios es un Padre que cuida de nosotros. Recordando una idea de san Josemaría, señaló que «se puede llorar, se puede sufrir, pero estar tristes, no».

Antes de concluir, Jimena le regaló una Virgen que pintaron entre todas las chicas que participan en la catequesis, desde la más pequeña hasta la más grande.

Sábado 29 de octubre

Durante su primer día en Guadalajara, el prelado del Opus Dei mantuvo un encuentro con fieles y amigos de la Prelatura que arrancó con la canción “México, lindo y querido”, entonada al son del mariachi.

A raíz del evangelio del día, Mons. Ocáriz habló sobre la humildad, y recordó que san Josemaría señalaba que esta virtud nos lleva a reconocer nuestros fallos, pero también revela nuestra grandeza de ser hijos de Dios.

Con ocasión de su 56 aniversario de bodas, un matrimonio preguntó cómo afinar en fidelidad. «La fidelidad -respondió el Prelado- está en quererse cada día más. Toditos y toditas, como dicen aquí en Guadalajara, tenemos defectos. Hay que quererse como son».

Aprovechando la proximidad del Mundial de fútbol, una familia subió al escenario para regalarle una camiseta de la selección mexicana de fútbol marcada con su nombre por atrás. Al final del encuentro, Daniela cantó “Paloma Querida”, acompañada por Álvaro en el violín, mientras dos niñas vestidas de Catrinas (uno de los íconos más representativos de la cultura mexicana en el Día de Muertos) le entregaban un ramo de flores.

Viernes 28 de octubre

El prelado se trasladó a Aguascalientes, ciudad ubicada en el centro norte de México. Allí tuvo lugar un encuentro general de catequesis en el Centro de Convenciones San Marcos.

Una de las intervenciones fue la de Francisco, que se definió como “el hombre más joven del recinto”, pese a sus 105 años. Su hija relató la devoción tan grande de su padre por el Santo Rosario. A propósito de esta referencia, el prelado invitó a los presentes “a rezar y acudir a María con mayor devoción”.

También comentó que el espíritu cristiano no puede imponerse, «sino que hay que transmitirlo, porque es lo que tenemos en el corazón: no dar lecciones, sino transmitir con alegría”. Mons. Ocáriz habló también de la importancia de la Santa Misa, y volvió a invitar a todos a vivir muy unidos al Papa y a rezar por él.

Otra de las preguntas fue de Gonzalo Quesada, un padre de familia de la ciudad de Querétaro, que trabaja como organizador de eventos, especialmente de bodas. Contó que aprovecha esas celebraciones para animar a los futuros esposos y transmitirles experiencias para mantenerse unidos y crecer en el amor a lo largo del tiempo. Preguntó al Prelado cómo mantener el trato con Dios a lo largo del día, y éste le aconsejó que pensara que Jesús lo espera en cada rato de oración y en cada acto de piedad, porque “Él, en su grandeza, ha querido necesitar de nuestro afecto”.

Otra persona contó la ayuda que había recibido un amigo gracias a la intercesión del beato Álvaro tras un accidente automovilístico, y que hoy goza de buena salud. Mons. Ocáriz agradeció ese favor a Dios e invitó a todos a tener fe en la oración, a creer que Él nos escucha cuando le pedimos algo: “Su acción siempre es eficaz, aunque no veamos el resultado, pues la oración no se pierde”.

Michelle Raymond, directora del departamento de Arte y Cultura de la Universidad Panamericana, relató que había trabajado junto con los estudiantes en un musical basado en “Los Miserables”; algunos alumnos involucrados presentaron la pieza “Un día más”.

El encuentro continuó adelante con una cuestión sobre cómo vivir la castidad en el noviazgo; por su parte, una niña quiso saber cómo se llamaba el ángel de la guarda del Prelado. Unas jóvenes cantaron una canción usando la tonada de “Pescador”, compuesta para la venida del Papa Juan Pablo II a México, cambiando su letra para hacer alusión a la venida del Prelado.

El encuentro terminó con otra canción: “Pelea de gallos”, una canción emblemática de Aguascalientes, cantada por una profesora y un profesor de la Universidad Panamericana, que fueron acompañados por un joven charro que floreaba la reata al son de la música.

Jueves 27 de octubre

Por la mañana, el Prelado saludó a algunas familias mexicanas, que aprovecharon para felicitarle por su cumpleaños, que coincidía con su primera jornada en tierras mexicanas.

Por la tarde, acudió a la Basílica de Guadalupe, para celebrar la Misa [enlace a la homilía]. Durante la homilía, invitó a los presentes a «no admitir el pesimismo ni el desánimo», sino a “fortalecer nuestro ánimo mediante la fe en la asistencia, en la presencia de Dios en nosotros, reconociéndonos hijos de Dios en Jesucristo; hijos de un Dios que es amor y que todo lo sabe y todo lo puede”.

Pidió a los numerosos fieles asistentes que acompañaran al Papa Francisco y a toda la Iglesia con la oración y recordó que México, “que ha recibido tantas bendiciones de Dios, tiene una especial responsabilidad para ser sal y luz en los cinco continentes, comenzando por los hogares de familia y los lugares de trabajo”.

Al finalizar la Misa, todos los asistentes cantaron “Morenita mía”, recordando la visita hecha por san Josemaría Escrivá en 1970 en la Antigua Basílica de Guadalupe, en la que también se entonó esa canción.