Un milagro moderno

Algunas veces, Dios ilumina el camino de la vida de una persona con momentos llenos de fe y de amor a través de las circunstacias más ordinarias. Para Shirley Sangalang, ese momento comenzó en un fatídica mañana de abril de 1989 cuando accidentalmente roció su oído con perfume.

Favores por su intercesión

Shirley sintió un intenso dolor que le quemaba, se limpió con un pañuelo y trató de olvidarse del asunto. Cuatro días después, el dolor volvió a aparecer y el quinto día era insoportable. La doctora que examinó el oído de Shirley dijo que era necesario operar. “El tono en el que me lo dijo era alarmante y me asusté” dijo Shirley, a quien le disgustaban los hospitales.

Shirley llamó a una doctora, amiga suya, y le preguntó por otro especialista que pudiera dar un segundo diagnóstico. Su amiga le recomendó al doctor Eric Nubla, un otorrinolaringólogo del Makati Medical Center. El doctor Nubla le explicó que el perfume había causado una infección que había quemado la membrana timpánica. “La infección había llegado a un punto crítico, causando mucho daño” dijo el doctor Nubla. “Ella venía al hospital dos veces por semana con un intenso dolor. Algunas veces lloraba cuando le limpiaba el oído, pero tenía que hacer la limpieza a fondo porque había el peligro de que la infección llegara al cerebro”.

Shirley no podía dormir por las noches y tuvo que ausentarse del trabajo varios días. “Sólo sentía dolor. Cada vez que me limpiaba el oído encontraba pus y pasaba noche enteras sin dormir cuando aparecía la infección” dijo Shirley. En 1992 la infección empeoró y la operación parecía inevitable.

El doctor Nuble había recetado a Shirley gotas para el oído. También le pidió que se lavara el oído con agua y vinagre, pero la infección empeoraba.

A finales de mayo de 1993, mientras el doctor Nubla estaba limpiando el oído a Shirley, le preguntó casualmente si le rezaba al beato Josemaría Escrivá. Shirley le contestó que sí, pero no había rezado por su oído. El doctor respondió, "¿Por qué no le pide al beato Josemaría la curación de su oído?" Shirley contestó, "Lo haré, si usted lo pide también."

En ese momento, el doctor Nubla retó al beato Escrivá: "Si es el santo que dicen que es, cure el oído de su hija.", y le dijo a Shirley que regresara en una semana.

La curación

Shirley regresó tres semanas más tarde. Cuando volvió, el doctor Nubla se sorprendió de verla en muy buenas condiciones, y sin dolor. Tras examinarle el oído, estaba impresionado por encontrarlo completamente libre de la infección.

En su testimonio, el doctor Nubla dijo que "me convencí que había sido la intercesión del beato Josemaría la que obtuvo la curación de Shirley, no sólo para beneficio de ella, sino por el mío propio".

La curación de Shirley sucedió en junio de 1993. Más de siete años después, cuenta que nunca más ha tenido una infección en su oído derecho.

  • Extracto del artículo de Ria Yap // Philippine Daily Inquirer (Manila)