Costa Rica: tres historias en el 90 aniversario del Opus Dei

El Opus Dei cumple 90 años este 2 de octubre (2018). En 1959 inició su labor apostólica en Costa Rica. Tres historias son un reflejo, en parte, de cómo algunos costarricenses han conocido esta institución de la Iglesia Católica y viven con naturalidad su vocación cristiana.

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Opus Dei - Costa Rica: tres historias en el 90 aniversario del Opus Dei

La madre de José Andrés trabajó en la Caja (Caja Costarricense de Seguro Social, CCSS). Un compañero de trabajo le habló sobre el Club Kamuk para sus hijos y al ver que en esos días se organizaba un curso de vulcanología, conversó con su hijo de 13 años, quien con mucho entusiasmo participó. “Desde entonces”, comenta José Andrés, “nunca dejé de asistir a actividades relacionadas con el Opus Dei y más cuando organizaban actividades de montañismo para gente de mi edad. Influyó mucho en la práctica de este tipo de deporte mi hermana Ligia, que es un referente costarricense en competencias duras de montaña y ciclismo. Todo esto es una herencia de padre y abuela materna -basquetbolista- amantes del deporte”.

José Andrés Madrigal es supernumerario. Estudió Ingeniería Mecánica en la Universidad de Costa Rica (UCR) y luego completó sus estudios especializándose en Ingeniería Ambiental: “El desorden contamina. El problema mundial de contaminación es principalmente un problema de orden en el aprovechamiento de los recursos. El ser del Opus Dei me ha llevado a interesarme más por mi trabajo y familia, y a querer dejar un mejor lugar donde habitar a mis hijos. De San Josemaría he aprendido a ofrecer el trabajo a Dios, a hacerlo lo mejor posible por el bienestar de todos, y siguiendo también las enseñanzas de San Francisco y San Agustín a respetar la creación.”

“Luego me enamore de quién ahora es mi esposa Ana Lucía, quien trabajó mucho tiempo en deportes de aventura -dicho sea de paso, la conocí en una competencia de campo traviesa organizada por mi hermana-. Cuando nos casamos nos fuimos de luna de miel al Camino de Santiago (España) y caminamos 308 kilómetros. Antes, aprovechamos la ocasión para asistir a la beatificación de Don Álvaro (Álvaro del Portillo, primer sucesor de San Josemaría). Tenemos un niño y una niña y desde ya disfrutan del deporte en la naturaleza…”

Quien encuentra a un amigo, encuentra un tesoro. Una frase muy popular y que un grupo promotor de señoras ha puesto en práctica desde hace muchos años al transmitir el valor de la amistad y obtener fondos para becas de alumnas de secundaria del Colegio Educativo Surí, en Pavas. “De marzo a noviembre nos reunimos una vez a la semana con el fin de planear nuestras actividades para recoger fondos; una de ellas consiste en buscar lugares para los paseos para señoras”, cuenta Lina León, Supernumeraria del Opus Dei. Entre las encargadas contratan el autobús, organizan y elaboran el menú y hasta planean juegos que aporten sana alegría al convivio. El punto de partida es Suri, cosa que resulta ser una gran oportunidad para que las invitadas conozcan el colegio. Durante el viaje se aprovecha el tiempo para rezar el Rosario e impartir una breve charla sobre valores como la generosidad o la humildad. Los paseos tienen una cuota y después de cubrir los gastos, el restante dinero se utiliza para becas que hacen posible la superación de la mujer en Pavas, distrito capitalino con algunas zonas de alta vulnerabilidad.

Por medio de los paseos Vera Bolaños conoció el Opus Dei y dio el paso para ser Cooperadora, colaborando en lo que Suri necesite de ella. “He mejorado en lo espiritual y en el trato con los demás”, dice doña Vera.

Todos estos esfuerzos junto con los del personal docente, administrativo, las familias y el de muchos donantes tienen su premio. “En Colegio Suri he aprendido a enfrentar las situaciones que se me presentan gracias a la ayuda de mis profesoras y preceptora; a estudiar y hacer las tareas de la mejor manera; a ser más responsable y buena amiga de mis amigas y a conocer más a Dios. Me siento muy orgullosa de estar en Suri”, es la experiencia de Génesis, alumna de sétimo año.

“Después de un duro accidente de tránsito contra un puente, rodeado de oscuridad y de neblina camino a Santa Clara a la sede del ITCR, no sabía ni donde me encontraba. Fue gracias a un señor, alguien que fue como mi ángel de la guarda, que me ayudó a salir del carro destrozado y me ayudó a sentarme a un lado del camino. Nunca supe quién fue. Luego llegó la ambulancia”. Johan Hidalgo, de San Antonio de Pérez Zeledón recuerda este incidente con viveza. Se recuperó pronto pero tuvo que llevar un cabestrillo inmovilizador de brazo lo cual con ciertos movimientos le ocasionaba dolor. Al terminar una misa a la que asistió en la Catedral (de San José) se le acercó Andrea, y le preguntó si necesitaba ayuda. Hoy día Johan y Andrea están casados y tienen un hijo que es el mayor, y una bebé.

Estudió en el colegio de Pejibaye, luego terminó sus últimos dos años de bachillerato en el colegio Científico de Perez Zeledón y dio el salto al Tec de Cartago (ITCR) donde estudió Ingeniería en Computación. Actualmente trabaja en una empresa en Escazú. “Un amigo me habló del Opus Dei y decidí llamar por teléfono a la oficina de información… y aquí estoy”. Comenta: “Me costaba mucho llegar a las charlas de formación pues no tenía carro. Pero aprendía tanto y las disfrutaba tanto que valía la pena. Incluso una vez, saliendo de una charla un amigo me ofreció llevarme en carro y justo cuando subíamos nos asaltaron, con pistola en mano. Pedí ayuda a Dios y pasó por mi mente mi familia, mi esposa. También pedí en esos instantes que tanto yo como mi amigo estuviéramos tranquilos y no hiciéramos nada que pudiera poner más nerviosos a los asaltantes. Gracias a Dios no pasó a ser más que un robo y no me hicieron daño.”

Johan procura acercar a sus amigos a Dios y trabajar bien. “A veces me buscan para pedir consejo. Vivimos todos las mismas cosas, solo que el espíritu del Opus Dei me ayuda a confiar más en Dios y a saber que no nos deja nunca solos. Me apuro al terminar el trabajo para llegar a apoyar a Andrea, pues no tenemos familiares cerca, pues mi familia está en la Zona Sur y la de Andrea en Guápiles. Entre los dos sacamos las cosas de la casa adelante. Andrea es odontóloga.”

“Con frecuencia he tenido que viajar fuera del país, pero aún más a México y muy cerca del alojamiento hay una Iglesia dedicada a San Josemaría donde aprovecho para ir a Misa. Está atendida por sacerdotes del Opus Dei; y cada vez que voy es como si fuera una extensión de mi familia.”