Eduardo y Laurita: vocación al Opus Dei

Tanto Eduardo como su mujer Laurita pidieron la admisión en el Opus Dei con pocos meses de diferencia. Habían entendido, cada uno por su cuenta, que Dios los llamaba a seguirle más de cerca en su vida matrimonial.

Eduardo Ortiz de Landázuri conoció el Opus Dei a través de su hermana Guadalupe a mediados de los años 40, especialmente cuando ésta se marchó a vivir a un centro de la Obra. Su contacto directo con la labor apostólica del Opus Dei se produce a comienzos de los 50 en Granada (España), a donde se trasladó a trabajar como médico.

En la ciudad andaluza su hermana Guadalupe le pedía que fuera a atender como médico a algunas amigas suyas que trabajaban en la administración doméstica del Colegio Mayor Albayzín. A partir de ahí, empezó a colaborar en algunas actividades culturales (cursos de verano, conferencias, coloquios) con los universitarios que vivían en la Residencia, como él mismo explicaba. Le llamó especialmente la atención la vida de algunos de aquellos jóvenes, buenos estudiantes o recién licenciados, con buenos expedientes, que se esforzaban por adquirir las virtudes en su trabajo.

En 1952 el predicador enfermó y Eduardo aceptó la propuesta de un compañero del claustro universitario de hacer un curso de retiro en Molinoviejo

Fue determinante su trato con Ángel Jolín, un joven licenciado en Medicina que era el director del centro y se había incorporado como colaborador a su cátedra. Ángel padecía de hemofilia, lo que le provocaba dolores muy fuertes. El doctor Ortiz de Landázuri lo atendía médicamente, y se quedaba muy admirado de la alegría con que llevaba su enfermedad.

Eduardo solía hacer unos ejercicios espirituales todos los años organizados por la Acción Católica. En 1952 el predicador enfermó y Eduardo aceptó la propuesta de un compañero del claustro universitario de hacer un curso de retiro en Molinoviejo, una finca situada en la provincia de Segovia. El curso de retiro fue predicado por don Ignacio Orbegozo, un sacerdote del Opus Dei que años más tarde sería ordenado obispo de Yauyos (Perú).

Don Ignacio se dirigía a los asistentes directamente, invitándoles a considerar el sentido que estaban dando a sus vidas. Eso suponía un desafío para Eduardo, que descubrió que no se trataba de hacer más cosas, materialmente no le quedaba tiempo, sino de sacar pequeños ratos para el Señor y así convertir en oración toda su vida de trabajo y de ayuda al prójimo. La propuesta era clara: ser santo en medio del mundo.

Poco tiempo después, a su vuelta a Granada, pidió la admisión en el Opus Dei.

La vocación de Laurita

Laura Busca no dejó de notar el cambio que se había producido en la vida de Eduardo después de su incorporación al Opus Dei.

“Desde que conoció y se incorporó a la Obra pude advertir en Eduardo un cambio notable, especialmente en su carácter: él tenía mucho genio y un temperamento muy fuerte. También se fue haciendo más fervoroso en su vida de piedad, y también -no sé cómo decirlo- menos ambicioso personalmente y más desprendido y generoso”[1].

Laurita también aceptó la invitación para hacer un curso de retiro en Molinoviejo

El conocimiento de Laurita sobre el Opus Dei había sido, igual que el de Eduardo, a través de la vida de Guadalupe.

Animada por el buen ejemplo de su marido, pocos meses después Laurita comenzó a asistir a medios de formación cristiana, y también aceptó la invitación para hacer un curso de retiro en Molinoviejo. Lo mismo que Eduardo se había planteado meses atrás, comenzaba a venir a la cabeza de Laurita. La decisión no se hizo esperar demasiado, y el 8 de enero de 1953 solicitó la admisión al Opus Dei.

Laurita siguió haciendo lo de siempre pero con mayor espíritu sobrenatural, buscando un tiempo, al igual que su marido, para asistir a la Santa Misa e intensificar su relación con Dios, a través de la oración diaria y otras prácticas de piedad.

Esta común vocación hizo a Laurita y Eduardo todavía más inseparables, dándoles a entender que la vida matrimonial es verdadera vocación y camino de santidad en medio del mundo.



[1] Testimonio de Laura Busca sobre su marido recogido en “Laura Busca, una mujer fiel”. Hilario Mendo, Ediciones Palabra S.A, Madrid, 2009 pág. 24.