«Que todos sean uno»: el ecumenismo en palabras de cinco Papas

Desde el Concilio Vaticano II hasta hoy, los sucesores de Pedro han recordado que la unidad de los cristianos no es una tarea opcional, sino una dimensión esencial de la fe. Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y León XIV nos guían en este recorrido.

Momentos antes de la Pasión, Jesús pidió al Padre por sus discípulos «que todos sean uno (…) para que el mundo crea» (Jn 17, 21). Esa súplica sigue resonando en la Iglesia como una herida abierta y, a la vez, como un horizonte de esperanza. 

Desde el Concilio Vaticano II, los Papas han subrayado, cada uno con su acento propio, que el ecumenismo no es un añadido pastoral, sino el latido mismo de una Iglesia fiel a la voluntad de su Señor. 

Recogemos a continuación, agrupadas en cinco claves, algunas de las palabras con las que Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y León XIV han ido iluminando este camino común hacia la unidad plena de los cristianos.


1. «Una prioridad de toda la Iglesia»

El primer paso del ecumenismo consiste en reconocer su carácter esencial. No se trata de una actividad reservada a especialistas ni de un capítulo más entre las muchas ocupaciones de la Iglesia: pertenece al núcleo mismo de su misión. 

Así lo afirmó san Juan Pablo II en la encíclica Ut unum sint, un texto programático que dio nuevo impulso al diálogo entre las confesiones cristianas:

Juan Pablo II · «No es un mero apéndice»

«El movimiento a favor de la unidad de los cristianos no es un mero "apéndice" que se añade a la actividad tradicional de la Iglesia. Al contrario, pertenece orgánicamente a su vida y a su acción».

Ut unum sint, n. 20

Juan Pablo II · Un imperativo de la conciencia

El ecumenismo es «un imperativo de la conciencia cristiana iluminada por la fe y guiada por la caridad».

Ut unum sint, n. 8

Su sucesor, Benedicto XVI, hizo suyo este mismo compromiso desde el inicio de su pontificado, y lo renovó en numerosas ocasiones:

Benedicto XVI · Trabajar sin ahorrar energías

«Renuevo (…) mi firme voluntad, manifestada al principio de mi pontificado, de asumir como compromiso prioritario el trabajar, sin ahorrar energías, en el restablecimiento de la unidad plena y visible de todos los seguidores de Cristo».

Discurso a la Comisión preparatoria de la III Asamblea Ecuménica Europea, 26 de enero de 2006

Más recientemente, León XIV ha querido inaugurar un nuevo ciclo de catequesis dedicado al Concilio Vaticano II. En la primera de ellas, recordando las palabras de san Pablo VI en Ecclesiam suam, subrayaba que, gracias al Concilio, la Iglesia se ha comprometido a buscar la verdad caminando junto a los demás cristianos y al mundo entero:

León XIV · La Iglesia se hace coloquio

Gracias al Concilio Vaticano II, «la Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio», comprometiéndose a buscar la verdad «a través del camino del ecumenismo, del diálogo interreligioso y del diálogo con las personas de buena voluntad».

Catequesis sobre el Concilio Vaticano II,

7 de enero de 2026


2. La oración, alma del movimiento ecuménico

Si la unidad es ante todo un don, la primera respuesta del cristiano no puede ser otra que la oración. Lo que Cristo pidió al Padre, los discípulos están llamados a pedirlo cada día. De ahí que el llamado «ecumenismo espiritual» —oración, conversión y santidad de vida— sea reconocido por el magisterio reciente como el corazón mismo del camino hacia la unidad.

Benedicto XVI lo expresó con singular claridad ante los jóvenes reunidos en Colonia:

Benedicto XVI · El corazón del movimiento ecuménico

«No podemos "hacer" la unidad sólo con nuestras fuerzas. Podemos obtenerla solamente como don del Espíritu Santo. Por tanto, el ecumenismo espiritual, es decir, la oración, la conversión y la santidad de vida, son el corazón del encuentro y del movimiento ecuménico».

Encuentro ecuménico, XX Jornada Mundial de la Juventud,

19 de agosto de 2005

Años más tarde, durante la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, volvía sobre esta misma idea recordando la enseñanza del Concilio:

Benedicto XVI · El elemento central del camino ecuménico

«La oración, dice el Concilio, es el elemento central de todo el camino ecuménico».

Audiencia general, enero de 2008

Benedicto XVI · Mostrar al mundo el rostro de Cristo

«¿Cómo pueden conocer los hombres de hoy el rostro de Dios en el rostro de Cristo, si los cristianos estamos divididos? (…) Sólo en la unidad podemos mostrar realmente a este mundo (…) el rostro de Dios, el rostro de Cristo».

Audiencia general, enero de 2008

El Papa Francisco, en su viaje a los países bálticos, recordó que toda la dinámica ecuménica nace de unirse a la propia oración de Jesús al Padre:

Papa Francisco · El susurro de la oración de Jesús

«Es el susurro de esta oración [de Jesús, "que todos sean uno"] la que nos marca el sendero y nos indica el camino a seguir».

Encuentro ecuménico en la Catedral de Riga, 

24 de septiembre de 2018


3. «Un solo bautismo, un solo cuerpo»

Antes que las diferencias hay una realidad común que precede a todo diálogo: el bautismo. Por él, todos los cristianos están ya, de un modo real aunque imperfecto, incorporados al único Cuerpo de Cristo. Esta certeza es el suelo firme sobre el que se construye cualquier acercamiento entre las distintas Iglesias y comunidades eclesiales.

Benedicto XVI · La realidad sobrenatural de un único bautismo

«La fraternidad entre los cristianos no es simplemente un vago sentimiento (…). Se basa en la realidad sobrenatural de un único bautismo, que nos inserta a todos en el único Cuerpo de Cristo. Juntos confesamos a Jesucristo como Dios y Señor; juntos lo reconocemos como único mediador entre Dios y los hombres».

Encuentro ecuménico, XX Jornada Mundial de la Juventud, 

19 de agosto de 2005

Papa Francisco · Lo que nos une supera lo que nos separa

«Todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo. (…) El Espíritu Santo, que une todos los miembros, es más grande que nuestras divisiones carnales. Por eso es correcto decir que lo que nos une supera con creces lo que nos separa».

Encuentro ecuménico en la catedral de Nuestra Señora de Arabia, 

4 de noviembre de 2022


4. «Unidad en la diversidad: el ecumenismo de los santos»

La unidad cristiana a la que aspira el ecumenismo no es uniformidad. El Espíritu Santo, que es principio de comunión, suscita también la diversidad de carismas, lenguas y tradiciones. En esa armonía sinfónica, los santos y los mártires de todas las confesiones constituyen un punto de encuentro privilegiado: el testimonio que se sella con la sangre habla más alto que cualquier división doctrinal.

San Juan Pablo II definió este intercambio espiritual como una de las grandes riquezas del diálogo ecuménico:

Juan Pablo II · Un intercambio de dones

El diálogo ecuménico no es simplemente un intercambio de ideas, sino un «intercambio de dones y de experiencias espirituales».

Ut unum sint, n. 28

El Papa Francisco, comentando el relato de Pentecostés en el encuentro ecuménico de Baréin, lo expresó con una imagen luminosa:

Papa Francisco · La unidad está en la diferencia

«El Espíritu no acuña un lenguaje idéntico para todos, sino que permite a cada uno hablar las lenguas de los demás. (…) La unidad no está en ser "todos iguales", está en la diferencia».

Encuentro ecuménico, Baréin, 

4 de noviembre de 2022

Estas palabras no aluden, por supuesto, a una unidad lograda a costa de la verdad —pues, como recordaba san Juan Pablo II, «en el Cuerpo de Cristo que es "camino, verdad y vida" (Jn 14, 6), ¿quién consideraría legítima una reconciliación lograda a costa de la verdad?» (Ut unum sint, n. 18)—. La imagen pentecostal apunta más bien a un sincero diálogo en la búsqueda común de esa verdad, admitiendo que una misma fe pueda expresarse en lenguajes legítimamente diversos, sin que esas diferencias sean contradictorias.

Y en su viaje a Letonia, al ver la convivencia entre católicos, luteranos y ortodoxos, sintetizaba esa experiencia:

Papa Francisco · «Un ecumenismo vivo»

Esta tierra «se caracteriza por realizar un camino de reconocimiento, colaboración y amistad entre las diversas iglesias cristianas, que han logrado generar unidad manteniendo la riqueza y la singularidad que les es propia. Me animaría a decir que es "un ecumenismo vivo"».

Encuentro ecuménico en la Catedral evangélica luterana de Riga, 

24 de septiembre de 2018

«Reconocimiento, colaboración y amistad»: tres palabras que describen no un acuerdo de mínimos ni una renuncia a la propia identidad, sino el clima necesario para ese sincero diálogo que Ut unum sint sitúa en el corazón del camino ecuménico (cf. nn. 8, 9, 28 y 29). Solo en ese clima puede crecer una unidad que sea fiel a la verdad y, al mismo tiempo, capaz de acoger los dones propios de cada tradición.

En el umbral del tercer milenio, san Juan Pablo II había hablado del «ecumenismo de los santos» como el más convincente de todos:

Juan Pablo II · El ecumenismo de los mártires

«El ecumenismo de los santos, de los mártires, es tal vez el más convincente. La communio sanctorum habla con una voz más fuerte que los elementos de división».

Tertio millennio adveniente, n. 37

Juan Pablo II · Un potencial extraordinariamente rico

«Este común testimonio de santidad, como fidelidad al único Señor, es un potencial ecuménico extraordinariamente rico de gracia».

Ut unum sint, n. 48

El Papa Francisco, contemplando ese mismo cielo común, lo evocaba en Baréin:

Papa Francisco · Un solo cielo repleto de estrellas

«No sólo aquí en la tierra, sino también en el cielo hay una estela de alabanza que nos une. Es la de los muchos mártires cristianos de diversas denominaciones (…). Ahora forman un solo cielo repleto de estrellas».

Encuentro ecuménico, Baréin, 

4 de noviembre de 2022


5. «Para que el mundo crea: diálogo, amistad y misión»

El ecumenismo no se agota en sí mismo. Cristo pidió la unidad de los suyos «para que el mundo crea». De ahí que el diálogo entre cristianos esté íntimamente ligado a la misión: solo unidos podemos ofrecer al mundo un testimonio creíble del Dios del amor. Y ese diálogo, para ser fecundo, ha de nacer de la amistad sincera y de la caridad.

San Pablo VI, en su encíclica programática sobre el diálogo, dejó dos imágenes que se han convertido en clásicos del pensamiento ecuménico:

Pablo VI · Oír el corazón del hombre

«Hace falta, aun antes de hablar, oír la voz, más aún, el corazón del hombre, comprenderlo y respetarlo».

Ecclesiam suam, n. 33

Y en la misma encíclica formuló una de las definiciones más recordadas del diálogo cristiano:

Pablo VI · El clima del diálogo es la amistad

«El clima del diálogo es la amistad. Más todavía: el servicio».

Ecclesiam suam, n. 33

Benedicto XVI, ante los desafíos de la secularización europea, recordaba que el camino de la reconciliación pide valentía:

Benedicto XVI · La valentía de la reconciliación

«La presencia de los cristianos sólo será eficaz e iluminadora si tenemos la valentía de recorrer con decisión el camino de la reconciliación y de la unidad. (…) El diálogo sincero y fraterno engendra confianza, elimina temores y prejuicios, supera dificultades y abre a la confrontación serena y constructiva».

Discurso a la Comisión preparatoria de la III Asamblea Ecuménica Europea, 26 de enero de 2006

El Papa Francisco, en Baréin, ligaba con fuerza la unidad y el testimonio como dos dimensiones inseparables:

Papa Francisco · Unidad y testimonio, inseparables

«No podemos dar verdadero testimonio del Dios del amor si no estamos unidos entre nosotros como Él quiere; y no podemos estar unidos permaneciendo cada uno por su lado, sin abrirnos al testimonio».

Encuentro ecuménico, Baréin, 

4 de noviembre de 2022

Y en Riga, recordaba que es la urgencia misionera la que empuja a superar las heridas del pasado:

Papa Francisco · La urgencia de la misión

«Es la misión la que nos exige dejar de mirar las heridas del pasado o toda actitud autorreferencial para centrarnos en la oración del Maestro».

Encuentro ecuménico en Riga, 

24 de septiembre de 2018


De Pablo VI a León XIV, las palabras de los Papas dibujan un mismo camino: el de una Iglesia que reconoce la división de los cristianos como una herida en su propio cuerpo y que, a la vez, no cesa de orar, dialogar y caminar hacia la unidad querida por Cristo. Es una tarea de todos los bautizados y se expresa en gestos cotidianos de oración, amistad, conocimiento mutuo y servicio. 

Como recordaba san Josemaría, la caridad, «más que en dar, está en comprender»: ese comprender al hermano cristiano de otra confesión, descubrir lo mucho que ya nos une y trabajar pacientemente por lo que aún nos separa, sigue siendo hoy un imperativo de la conciencia cristiana y, sobre todo, una expresión luminosa de fidelidad al Señor que oró «ut unum sint».

Foto de Noah Holm