“Dejaba huella en la vida de los demás, ¡siempre!”

El próximo 22 de octubre (2018), Helena Ospina de Fonseca cumple un año de su partida.

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Helena era Catedrática de Literatura en la Universidad de Costa Rica. Se preparó académicamente en Estados Unidos y varios países europeos. Miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua. Autora de varios ensayos, relatos y poemarios. Tenía un conocimiento profundo del ser humano. Mujer de fe inquebrantable, con un amor inmenso a la Santísima Virgen a quien acudía diariamente –no sólo con el rezo del Santo Rosario–, sino en múltiples circunstancias y también con sus romerías al Santuario de la Virgen de los Ángeles en Cartago (Costa Rica), de la que era tan devota.

En 1982 fundó con su esposo, el Ing. Carlos Manuel Fonseca Quesada, la Editorial Promesa (Promotora de Medios de Comunicación S. A.), cuya misión consiste en: “brindar un servicio al mundo cultural, buscando ser fermento de iniciativas de intelectuales, artistas y críticos que conciben su quehacer profesional como un ámbito de encuentro abierto a un sentido trascendente de la vida”.

En 1990 inicia el Proyecto Interdisciplinar de las Artes con el lanzamiento de la Colección de Poesía, que Helena (2010) lo define como:

… un camino de exploración de la belleza a partir del verbo poético. El verbo poético es “la forma germinal” que suscita el diálogo con las artes: la música, la danza, el teatro, la pintura, el cine… Busca irradiar la belleza del verbo en el espacio a través de líneas melódicas, pictóricas y coreográficas (p. 17).

Helena participó también en varios congresos nacionales e internacionales en donde promovió el valor de la familia, la vida del no nacido y la dignidad de la mujer en todos los campos. El tema de “Persona, Arte y Cultura” le apasionó siempre. También dio a conocer la unidad de vida en la creatividad artística que se encuentra presente en las enseñanzas de San Josemaría Escrivá de Balaguer. Lo definió como “Poética de la unidad” (2010):

El arte es el resplandor de la persona. El verbo del poeta es el resplandor del Verbo encarnado. Y la persona del artista, el resplandor de la Persona del Logos. Carne y espíritu, fondo y forma son el resplandor –en la persona y en el arte– de la armonía a la cual tienden el artista –en su andadura diaria– y la obra de arte –en su búsqueda de la belleza formal–. Carne y espíritu, fondo y forma, buscan recobrar –en la vida y en la obra– una armonía presentida y hacia la cual se sienten interpelados por la dignidad inherente a la persona humana y por las exigencias propias de la obra de arte (p. 30).

Desde pequeña cultivó las virtudes humanas. Nació en Cali, Colombia, y ella relata, en unos de sus escritos, que la primera virtud que aprendió de su madre fue la compasión, la misericordia, debido a que, en su casa, doña Georgina, tendió su mano a varios artistas exiliados después de la II Guerra Mundial. Su casa se convirtió en un centro cultural en donde se enseñaba el ballet clásico y la música. De su padre aprendió la virtud de la disciplina, que impregnó toda su vida, y que luego transformó en fortaleza en la adversidad, y en fidelidad a su llamado de esposa, madre, abuelita e hija de Dios.

De Helena también se desprendía ese “saber estar” que la representaba muy bien siempre. La distinguieron la laboriosidad y la reciedumbre, que aprendió de las enseñanzas de San Josemaría. Dar lo mejor de sí y no limitarse, eso lo encontró factible.

Alrededor del año 1974, Dios la llama a ser fiel del Opus Dei y ella responde con generosidad. En esos años Veragua, Centro del Opus Dei, estaba ubicada cerca de la Pulpería La Luz. Al conocerlo, se ofrece para impartir un curso de Historia del Arte. Ese rasgo era muy característico en ella: “dar y darse a los demás”. Pensaba más en los demás que en sí misma: hacerlo todo por amor.

En su forma de actuar, dejaba claro que lo recibido siempre se comparte con otras personas. Sus talentos sabía compartirlos, dirigirlos al servicio de los demás, porque le interesó siempre -de un modo muy auténtico-, que todos estuvieran muy bien. Tenía la intención clara de realizar actividades que resaltaran por el buen gusto, que fueran de alto contenido, esto lo conseguía con mucha soltura y serenidad, logrando heroicamente lo propuesto con un alto sentido sobrenatural.

Aunado a eso, la visión amplia de los proyectos, y el saber reconocer cuando un proyecto tenía objetivos de gran envergadura, propició que fuera parte de muchas iniciativas que giraban en torno a la educación, formación y cultura en general. Formó parte de los inicios de Iribó School como Directora del Colegio. Además fue parte esencial del ICEF (Instituto Costarricense para la Educación Familiar).

Supo dar un alcance global a sus iniciativas con una visión amplia y detallista. Entre sus metas estuvo el promover un entorno de cultura y valores esenciales con personas de todo el mundo y elevar el tono de las actividades académicas. Trabajo y orden. Cumplía los plazos. Gestionaba muy bien el tiempo. Tuvo la habilidad de promover y desarrollar al máximo los talentos de las personas en su quehacer profesional.

Cualidades contrastantes: dominio del campo artístico y adecuado manejo de los asuntos económicos. Le gustaba enseñar a los demás cómo hacer bien las cosas. Dedicaba ese tiempo -con paciencia y tenacidad-, en diversas tareas. Nunca superficial, se tomaba en serio a los demás. En su trato personal acercó a muchísimas almas a Dios.

Su amor a la familia, a su esposo, a su hija Helena María y a sus nietos, hizo que propiciara un alegre y sereno ambiente en su hogar, en donde los acogía dando ejemplo de piedad y visión sobrenatural en los acontecimientos de la vida ordinaria. En múltiples ocasiones, las tertulias en familia y con amigos, tenían un ambiente acogedor de altura, en donde reinaba el orden, la elegancia y su sonrisa dulce y serena.

A Helena le gustaba poner todos los medios humanos como si los sobrenaturales no existieran y todos los medios sobrenaturales como si los humanos no existieran. Con frecuencia acudía al Templo Votivo del Corazón de Jesús a rezar ante el Santísimo durante las tardes, para poner en manos de Dios todo su quehacer.

Ella, al ser Catedrática Universitaria, promovió y defendió los valores éticos y morales, en ambientes donde muchas veces anduvo contracorriente. Como profesional, como intelectual, como poeta, destacó en todas las actividades que realizaba con un amplio espíritu de servicio.

Mujer de carácter fuerte, de inmensa claridad y, al mismo tiempo, de una dulzura, amor y comprensión de los demás impresionante. Se deja entrever en este breve poema escrito por ella.

ORO

Los probó como oro
en el crisol.

Sabiduría 2,23.

Y así vivo...
-purificado ya el amor-
en el dolor,
-arrancado ya su “yo”-
que sólo quedó oro
en el crisol.

12-XI-91

Bibliografía

Ospina, Helena (2010). El anhelo de la belleza. La búsqueda de una poética de la unidad en el Proyecto Interdisciplinar de las Artes PROMESA. Una experiencia estética. San José: PROMESA.