Te aviso, te anuncio, que hoy renuncio.
Quizá esto te recuerda a la canción de Shakira, pero venimos a hablarte de otro tema: la mortificación. Aprender a elegir bien. Renunciar a algo no es perder, es entrenar el corazón para ser más libre y amar mejor.
Y tú... ¿qué habrías elegido?
Jesús invita al joven rico —cumplidor pero inquieto— a dar un paso radical: venderlo todo, dárselo a los pobres y seguirle; él se va triste porque no se atreve a soltar sus seguridades. Y tú te quedas con la pregunta clavada: cuando Cristo te mira con amor y te llama, ¿bajas la mirada… o le dices “aquí estoy”?
¿Ante quién te arrodillas?
La Cuaresma empieza en el desierto, donde Jesús nos enfrenta a una pregunta clave: ¿ante quién pongo mi corazón? Porque lo que parece libertad —hacer lo que quiero— puede acabar esclavizándonos.
San José, mi Padre y Señor
Al empezar y terminar nuestros ratos de oración con el texto que preparó San Josemaría, acudimos siempre a San José y además añadimos mi Padre y Señor. Y no deja de ser curioso que el hombre que había renunciado por amor de Dios a la paternidad, más de dos mil años después se ha invocado por miles de almas.
El Papa recuerda que los santos se caen pero la misericordia de Dios los levanta
En su audiencia general, Francisco recordó la figura de San Andrés Kim Tae-gon y la puso como ejemplo a los peregrinos. Vivió hace doscientos años en Corea y es el primer sacerdote mártir del país. El último ciclo de catequesis del Papa está centrado en el celo apostólico y en las últimas semanas ha explicado las vidas de varios santos.



