Libro electrónico: Catequesis sobre las santas mujeres en la Iglesia

Este nuevo ebook ofrece recoge las catequesis que destacan la importancia de las mujeres en la historia de la Iglesia. A través de sus páginas, se recorre la vida de grandes místicas, reformadoras y mártires que han sostenido la fe con su testimonio y sabiduría.

Este nuevo ebook ofrece una recopilación de diecisiete intervenciones que el papa Benedicto XVI dedicó a destacar la importancia de las figuras femeninas en la historia y la vida de la Iglesia. 

Las catequesis fueron pronunciadas originalmente durante sus audiencias generales en un ciclo que se extendió desde el 1 de septiembre de 2010 hasta el 6 de abril de 2011.

El libro está disponible gratuitamente en los siguientes formatos:



El papel esencial de la mujer en la misión de la Iglesia

Benedicto XVI subraya que la historia del cristianismo hubiera tenido un desarrollo muy diferente si no hubiera sido por la aportación generosa de muchas mujeres. En la primera generación cristiana, ellas fueron testigos fundamentales que ayudaron a que la fe creciera y su memoria debe mantenerse viva en la Iglesia. No se trata solo de ocupar funciones, sino de una presencia que nace de la fidelidad y el acompañamiento al Señor hasta la cruz. Compartimos algunas citas presentes en este libro electrónico.

“La Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del “genio” femenino aparecidas a lo largo de la historia; da gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad”.

— Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, n. 31

“También hoy la Iglesia recibe un gran beneficio del ejercicio de la maternidad espiritual de numerosas mujeres, consagradas y laicas, que alimentan en las almas el pensamiento de Dios, fortalecen la fe de la gente y orientan la vida cristiana hacia cumbres cada vez más elevadas”.

— Santa Catalina de Siena

“Son los santos quienes cambian el mundo a mejor, lo transforman de modo duradero, introduciendo las energías que sólo el amor inspirado por el Evangelio puede suscitar. Los santos son los grandes bienhechores de la humanidad”.

— Santa Clara de Asís


La ciencia del amor y la oración profunda

Un tema recurrente en estas enseñanzas es la denominada scientia amoris o ciencia del amor, un conocimiento que no se opone al estudio académico, sino que lo trasciende a través de la experiencia espiritual. Muchas de las santas presentadas en este libro son maestras de la vida espiritual. Su experiencia mística no las alejó del mundo, sino que les permitió entender la realidad con una profundidad mayor.

“Cuánto más reces, tanto más serás iluminado; cuánto más seas iluminado, tanto más profunda e intensamente verás el Sumo Bien; cuánto más lo ames, tanto más te deleitará; y cuánto más te deleite, tanto más lo comprenderás”.

— Beata Ángela de Foligno, El Libro

“Vi con seguridad absoluta que Dios, aun antes de crearnos, nos ha amado con un amor que nunca ha disminuido y que nunca se desvanecerá. Y con este amor él ha hecho todas sus obras”.

— Juliana de Norwich, Revelaciones del Amor Divino, cap. 86

“Dulce Señor, si yo poseyera mil mundos y pudiera disponer de ellos a mi antojo, lo abandonaría todo por tu amor; porque tú eres la vida de mi alma, y no tengo ni quiero tener padre y madre fuera de ti”.

— Margarita de Oingt, Meditación II

“La fidelidad al encuentro con Cristo Eucarístico en la santa misa dominical es esencial para el camino de fe, pero también tratemos de ir con frecuencia a visitar al Señor presente en el Sagrario”.

— Santa Juliana de Cornillón


Maternidad espiritual y servicio al prójimo

La fecundidad de la Iglesia se manifiesta de manera especial en la maternidad y paternidad espiritual. Esta vocación vivida por tanta gente fortalece la fe de los demás y orienta las almas hacia la esperanza.

“Hijo os declaro y os llamo, en cuanto yo os doy a luz mediante continuas oraciones y deseo en presencia de Dios, como una madre da a luz a su hijo”.

— Santa Catalina de Siena, Epistolario, carta n. 141.

“Querida Isabel, es a Cristo a quien has lavado, alimentado y cuidado”.

— Luis de Turingia, esposo de Santa Isabel de Hungría — sobre la caridad de su esposa con los pobres

“Cuánto más amemos a Dios y seamos constantes en la oración, más lograremos amar verdaderamente a quien está a nuestro alrededor, porque seremos capaces de ver en cada persona el rostro del Señor. La mística no aleja de los otros, sino que acerca”.

— Santa Catalina de Génova

“Nosotros no podemos ir predicando por el mundo para convertir almas, pero estamos obligadas a rezar continuamente por todas las almas, especialmente con nuestros sufrimientos, es decir, con un principio de vida crucificada”.

— Santa Verónica Giuliani, Diario

“Si deseas la verdadera santidad, está cerca de mi Hijo; él es la santidad misma que santifica todas las cosas”.

— Palabras de la Virgen María a Santa Matilde de Hackeborn


La santidad en la historia

La vida de estas mujeres nos muestra que no solo fueron maestras de oración, sino que en muchos casos actuaron como guías para teólogos y pastores, demostrando que la caridad y la inteligencia de la fe van siempre de la mano.

“Este es el sello de una experiencia auténtica del Espíritu Santo: la persona depositaria de dones sobrenaturales nunca presume de ellos, no los ostenta y, sobre todo, muestra una obediencia total a la autoridad eclesial”.

— Santa Hildegarda de Bingen

“Los cónyuges cristianos pueden recorrer juntos un camino de santidad, sostenidos por la gracia del sacramento del Matrimonio. No pocas veces es la mujer quien, con su sensibilidad religiosa y su dulzura, logra que el marido recorra un camino de fe”.

— Santa Brígida de Suecia

“¡He encontrado el Amor, el Amor se ha dejado ver! Esta es la causa de mi sufrimiento. ¡Decídselo a todas, decídselo a todas!”.

— Santa Verónica Giuliani — últimas palabras antes de morir

“Nuestro Señor debe ser el primer servido”.

— Santa Juana de Arco — Catecismo de la Iglesia Católica, n. 223

“¡Oh loco de amor! ¡No te bastó encarnarte, sino que quisiste también morir! El corazón se me ahoga al pensar en ti, porque adondequiera que dirija mi pensamiento, no encuentro sino misericordia”.

— Santa Catalina de Siena, El Diálogo de la Divina Providencia, cap. 30