Bitácora de viaje: Expedición Conguillío, organizada por el Centro Cultural Los Montes.
Las palomas del Conguillío son los tiuques
Lunes 15 de diciembre: perdimos la señal de Internet
Martes 16 de diciembre: levantarse con un pájaro carpintero
Miércoles 17 de diciembre: “los mártires del Conguillío”
Jueves 18 de diciembre: “cóndor uno”, “pichón” y “águila poderosa”
Viernes 19 de diciembre: muy oxigenados
Las palomas del Conguillío son los tiuques
Como dijo Cristóbal, uno de los monitores, “las palomas del Conguillío son los tiuques”. Hay uno que vivió entre nosotros con una temeridad casi adolescente. Debe ser un ejemplar de 7º básico. Picoteaba las migas que quedaban sobre las mesas, sobrevolaba a cada rato nuestro campamento y no se asustaba cuando alguno de los nuestros le levantaba la mano. Había otros pajaritos más infantiles, como los “cometocinos” amarillos o el chincol, que se aprovechaban también de nuestras sobras, pero con actitud mucho más discreta. Así que me quedo con los tiuques para comenzar este artículo, pues reflejan mejor el ambiente que vivimos en el campamento. Ahora bien, ¿cómo narrar tantos aprendizajes y aventuras? Quizá lo mejor es que lo puedan vivir ustedes mismos, siguiendo nuestra bitácora de viaje.
Lunes 15 de diciembre: perdimos la señal de Internet
Comenzó la expedición Conguillío, organizada por el Centro Cultural Los Montes. Salimos de Santiago en 4 autos grandes, pues somos 32 personas: 9 adultos (incluyendo dos jóvenes de IVº medio, tres universitarios, dos profesores del colegio Tabancura, un profesional joven y un sacerdote novato con poca experiencia en campings), y 23 niños de 7º básico.
Vicente pasó a la recepción del Parque Nacional para las inscripciones. Lo acompañó nuestro encargado de relaciones públicas, Francisco de Borja. Por lo visto, este muchacho hizo un par de chistes y se ganó a la señora de la Conaf. Las zonas para acampar son agradables. Espacios amplios y limpios, una amplia caseta de madera para baños y duchas, y somos los únicos turistas en todo el lugar. Además, perdimos la señal de Internet y una sensación de tranquilidad nos invadió el corazón. Tuvimos buena luz para armar las carpas. Aun así, los talentos son disímiles: algunos son rápidos para desplegar varas y estacas, pero otros, en cambio, pura conversa. Gracias a las virtudes del equipo, a pesar de todo, quedó el campamento organizado.

Jerónimo y su fiel compañero Pedro se lucieron con los tallarines en salsa de salchicha. Se lo celebramos repitiendo el plato. Luego, de postre, saboreamos los jugosos duraznos que nos regalaron los abuelos de Francisco. La acostada tuvo sus gritos, canciones y revuelo, sin embargo, al poco andar, la noche fue cayendo por su propio peso y nos rendimos al sueño. Mañana nos espera el primer trekking. A ver cómo nos va…
Martes 16 de diciembre: levantarse con un pájaro carpintero
El sol se asoma, a la vez que un tiuque se pasea por el campamento como Pedro por su casa. Probablemente quería ser el primero en saludar a Vicente por su cumpleaños número 26. El golpeteo sobre tronco de un pájaro carpintero despertó a Diego. Poco a poco nos fuimos congregando en torno a la “cocina”, quizá atraídos por el olor a huevo revuelto que revolvían Ignacio y sus ayudantes sobre el disco a gas. Andrés hizo café para los mayores. Toto tostaba el pan de molde en otro disco. Leche chocolatada a la olla, que quedó un poco aguada. Algunos llegaban con el pelo mojado y afirmaron haberse duchado (como José Joaquín, Ignacio y otros valientes del agua fría). Cuando Toto ofreció más huevo a uno de estos héroes, Germán avisó que él también había “pensado” en ducharse. Nos reímos y se ganó el premio también. (Había más huevo del que éramos capaces de comer en todo caso).

Cuadrillas para lavar, Diego sacando fotos, yo echando de menos los duraznos de la víspera. Charla de formación sobre las ventajas del silencio y las posibilidades de asombro frente a la Creación. Cargar las mochilas con agua y picnic, “¿te pusiste bloqueador solar?” “No”. “Dale, te esperamos”. Todo listo, por fin, para el primer trekking de la semana: la magnífica “Sierra nevada”.

¿Cómo describir tanta maravilla? Quizá con la diversidad de miradas frente a la naturaleza. Cuando el profesor veía nieve en la cumbre de alguna montaña, el alumno descubría la oportunidad de hacer guerra de nieve. (Benjamín y Agustín se ganaron el premio a los mejores lanzadores, por cierto). En este punto, tuve un aprendizaje importante: no es fácil medir la energía efectiva de los caminantes. Por ejemplo, los mismos niños que se quejaban por cansancio, en cuanto veían una porción de nieve, corrían como locos para acercarse. 300 metros planos en altura para ser los primeros en acumular nieve entre las manos, y luego arrojarla a la cabeza del rival. Un niño de 7º tiene, en efecto, mucha pila. Sin embargo, a veces la malgasta y se puede fatigar a mitad de camino. Por eso, según Toto, la comida es fundamental.
Aprendizajes: las ventajas del silencio y las posibilidades de asombro frente a la Creación
Después de almorzar sándwiches con vistas al volcán, almorzamos por segunda vez tipo 17.00 cuando regresamos al camping. Puré con salchichas, ninguna maravilla, pero caliente y reponedor. Luego tuvimos tiempo libre (para bañarse en el lago), meditación de 15 minutos y misa (me ayudó José Joaquín con mucho oficio). A continuación, ¡a comer otra vez! Entonces el plato estuvo mejor: arroz con huevo revuelto. Repetición.
Luego, lo más esperado del día, ¡la torta para cantar a Vicente! Resulta que sus papás nos enviaron de regalo una caja llena de cuchuflies, así que la distribución no podía ser más práctica. Francisco e Ignacio consiguieron comerse un segundo cuchuflí. Pero eso no agotaba el postre: también había tutti frutti con “elixir”. Esto último es un invento de los cocineros Germán, Agustín y Josemaría, que llenaron un jarro con ese líquido azucarado que queda en el fondo de los tarros de fruta en conserva, y a eso todavía le añadieron azúcar. Un jarabe asqueroso, según yo, pero a varios niños les parecía, en cambio, “el elíxir”. Benjamín prefirió no probarlo, pues confesó que ayer se durmió con dolor de guata después de haber comido demasiados tallarines (y luego ramitas y papas fritas en su carpa). Bien, hay que alimentarse, pero también dosificar.

Miércoles 17 de diciembre: “los mártires del Conguillío”
Si me pidieran poner un título a lo que vivimos hoy, quisiera hacer un homenaje a “los mártires del Conguillío”. Cuando salimos, resultó que varios niños sólo tenían una botella para llevar en la mochila. Sin embargo, la caminata era bajo sol, sin bosque para ofrecer sombra. Así que Toto y Cristóbal se animaron a cargar ¡bidones de 5 litros!, para ofrecer refill a los niños cuando estuviesen cortos de agua.

La ruta de “Pastos blancos” era más ardua que la del día anterior. Piedra volcánica granulosa, que estaba a medio camino con la arena. Las subidas eran lentas, en ocasiones entraba alguna piedrita en la zapatilla, nos sentíamos en un paisaje lunar. Claro, se trata de una zona que fue arrasada por una erupción del volcán, de modo que nuestro suelo era la ex-lava. Una belleza distinta, que incluía diversos matices del gris; de pronto, una colina roja y, al final, una vista digna de Mufasa y Simba.

Algunos se apiadaron y ofrecieron cargar con algún bidón por turnos. Encontramos nieve varias veces. Un arsenal perfecto para los guerreros de la montaña. Germán acertó con una bola en mi espalda, alguno se lo reprochó, pero yo lo perdoné como un señor, pues un momento antes yo mismo le había disparado otra con semejante puntería.
Cuando llegamos arriba, el panorama era sobrecogedor. Pero se levantó un viento frío… y un niño alegó que había olvidado su polerón. Toto sonrió y sacó un segundo abrigo que llevaba en su mochila justamente para atender una eventualidad como esa. Otro niño se dio cuenta en ese momento que había olvidado sus sándwiches; pero ahí estaba Vicente, que le entregó uno de los suyos. Y así fue como llegamos a sentarnos en las faldas del volcán Llaima para contemplar el valle y el lago Conguillío, mientras devorábamos el primer almuerzo de sándwiches, barritas de cereal y galletas, Josemaría atrapaba una lagartija y los niños pedían refill de agua fresca a los mártires del Conguillío.

Jueves 18 de diciembre: “cóndor uno”, “pichón” y “águila poderosa”
Son las 9.35 y la charla está terminando. (Hoy los niños se dividieron en grupos para pensar cómo ser más agradecidos con Dios y con sus papás). Nos falta llenar la mochila con agua, dos sándwiches, dos barritas y una bolsita de galletas. ¡Ah!, y el Zuco Go, que, por cierto, esto es un detalle simpático: según Toto es un cuento para que los niños tengan ganas de hidratarse durante el camino. Ponerse el bloqueador solar, subirse a los autos y ¡vamos andando! Aquí se asoma otro encargo: los walkie talkie. Diego tiene el “cóndor uno”, José Manuel tiene el “pichón” y Jerónimo maneja el “águila poderosa”. Como el grupo tiende a segmentarse entre los rápidos, los lentos y los del medio, da seguridad tener este canal. Ahora bien, ayer estos aparatos sirvieron sobre todo para contar chistes y otras tonterías.
Así fue como el mejor trekking de la semana quedó para hoy. Una caminata en medio de bosques de roble, raulí y araucarias, específicamente por la “Ruta de los carpinteros” (por los pájaros). Es decir, sombra, riachuelos, vientecillo fresco y, al final, almorzar en la ribera de una laguna. (Por cierto, en esta bitácora cuesta mencionar otros trabajos más ocultos. Como el de lavar platos, talento de personajes como Diego, Ignacio. La olla es más difícil, pero Germán no la elude. O, en el desayuno de hoy, Augusto destacó en tostar panes al disco e Ignacio sobresalió en el arte de comérselos…).

Viernes 19 de diciembre: muy oxigenados
Regresamos a Santiago, victoriosos, exultantes y muy oxigenados. Además, libres de hambre. El desayuno express consistió en dos sándwiches de manjar-mermelada, que quedaron atómicos. Andrés y Joaquín se aseguraron de no escatimar cantidades en los ingredientes.
Con el almuerzo la historia fue similar: Francisco, Ignacio, Cristóbal, el Toto y algunos otros, llenaron bolsas de sándwiches con queso, mayonesa y 4 rodajas de salame. Llegamos a Santiago tipo 19.30. Papás y mamás se aparecieron por la casa para llevarse a sus hijos. En varios casos, lo primero que hicieron los niños al entrar en el auto de sus papás fue quedarse dormidos. No sé por qué, pero los entiendo.

Bonus: El Parque Nacional Conguillío es famoso por sus bosques de araucarias, lagos turquesa –como la Laguna Verde y Arcoíris–, el imponente volcán Llaima, y paisajes "prehistóricos". Su nombre viene del mapuche "Ko-nqilliu", que significa "piñones en el agua" o "entre piñones", por la abundancia de árboles y aguas.


