El Padre en Uruguay: «La santidad consiste en la plenitud del amor, no en no tener defectos»

Del 22 al 27 de agosto de 2026, Mons. Fernando Ocáriz estuvo en Uruguay, a un par de meses de los 70 años de la llegada de los primeros miembros del Opus Dei al país. Se encontró con familias, jóvenes y personas de distintas iniciativas educativas y sociales. La crónica, las fotos y los videos recogen algunos momentos de esos días.

Del sábado 22 al jueves 27 de agosto, el Padre realizó su primera visita pastoral a Uruguay desde que fue elegido prelado del Opus Dei, tras su paso por Guatemala, Honduras y El Salvador.  

El viaje coincidió con la antesala de los 70 años de la llegada de los primeros miembros del Opus Dei a Uruguay, que se cumplen en octubre, en el camino hacia el centenario de la Obra.

Revive el viaje desde la cuenta de Instagram de la Region del Plata. 


    Jueves 27. Último día del Padre en Uruguay

    En su último día en Uruguay, Mons. Fernando Ocáriz se reunió con los grupos promotores de distintas iniciativas apostólicas, que le contaron historias, proyectos y desafíos de su trabajo. El Padre los escuchó con atención y compartió algunos consejos. Antes de emprender el regreso, recibió también a varias familias.

    Así terminaron unos días marcados por muchos encuentros desde Casavalle hasta la Universidad de Montevideo, pasando por las tertulias con jóvenes y familias.

    Cerca de las 21:30, el avión del Padre despegó de Montevideo rumbo a Roma. En el aeropuerto, algunas familias se acercaron para despedirlo y acompañarlo en los últimos momentos de su visita al país. Entre abrazos y saludos terminó un viaje muy esperado y quedaron resonando muchas de las palabras compartidas durante estos días.

    Hasta pronto, Padre.


    Miércoles 26. Clase en la Universidad de Montevideo y encuentro con jóvenes

    En su visita a la universidad, se encontró con directivos, docentes, alumnos y miembros de la comunidad educativa y ofreció una clase sobre la identidad cristiana en la vida universitaria.

    Antes de la sesión, el rector de la Universidad de Montevideo, Alejandro Cid, dio la bienvenida al Prelado. Recordó el apoyo espiritual y la orientación cristiana que el Opus Dei ha brindado a la Universidad desde sus comienzos y destacó la actualidad del mensaje de san Josemaría de buscar a Dios en el trabajo y en las actividades cotidianas al servicio de todas las personas.

    El Padre comenzó por el centro de la identidad cristiana: Jesucristo. «Lo que da la identidad cristiana es la presencia de Jesucristo», afirmó. Distinguió dos dimensiones que necesitan ir siempre unidas: la identidad cristiana de la institución y la de las personas. Una universidad puede tener normas, principios y estructuras que expresen su inspiración cristiana, explicó, pero no bastan si esa identidad no cobra vida en las personas.

    Recorrió distintos aspectos de la vida universitaria: desde la armonía entre la fe y la razón, el respeto a la libertad, hasta la dimensión evangelizadora de la Universidad a través de la ciencia, de las letras y todo lo que es la vida universitaria.

    También se refirió a la tarea de los profesores, llamados no solo a transmitir conocimientos, sino a darse a los alumnos y a los colegas con quienes trabajan: «El cristianismo es también donación». Desde ahí presentó la autoridad como servicio y el trabajo colegiado como «una gran garantía de eficacia, porque siempre varios ojos ven más que uno».

    Recordó que una universidad depende de todos, «desde el rector hasta el alumno más reciente», y que «el espíritu cristiano se transmite en la ciencia, en las letras, pero sobre todo en el trato personal». Sobre ese trato se detuvo en la justicia y la caridad, y recordó unas palabras de san Josemaría: «la caridad, más que en dar, está en comprender». «El deseo de comprender —añadió— es el primer paso para querer».

    Mons. Ocáriz saluda al nuncio apostólico, Mons. monseñor Gianfranco Gallone, en la Universidad de Montevideo.

    Al terminar, se abrió un coloquio con los presentes. Sofía, de la Facultad de Comunicación, le preguntó cómo llevar a la profesión, la familia y la sociedad aquello que se aprende durante los años en la Universidad. El Padre destacó la apertura como una actitud necesaria para escuchar opiniones y puntos de vista diferentes y trasladar esa convivencia entre unidad y pluralidad más allá de la Universidad.

    Mónica, de la Facultad de Psicología, compartió la historia de un alumno que comenzó a preguntarse por la fe al descubrir que sus compañeros cristianos eran los más alegres y dispuestos a ayudar. Quiso saber cómo hacer para que la identidad de la universidad pueda ser vivida por todos con libertad. El Padre señaló que el camino para transmitir la fe es la amistad: «La amistad auténtica es exigente, porque es una forma del amor», explicó.

    Claudio, uno de los primeros promotores de la Universidad, contó la alegría de verla hoy en manos de una nueva generación. Desde la Fundación Amigos de la Universidad, trabaja para conseguir becas para jóvenes sin los recursos necesarios. «Interesan todas las personas y todo lo que permita abrir oportunidades para los demás es profundamente cristiano», recordó el Padre.

    María José, encargada del área de Operaciones y Logística, preguntó por el valor del trabajo de quienes sostienen la universidad desde tareas no académicas. El Padre recordó que esos trabajos permiten que todo lo demás funcione y que el valor de una tarea no depende del lugar que ocupa: recordando una enseñanza de san Josemaría, afirmó que el trabajo más importante es el que se hace con más amor de Dios.

    Martín, médico y cirujano, compartió el sueño de impulsar una Facultad de Medicina centrada en la persona y le preguntó cómo afrontar iniciativas que pueden parecer demasiado grandes. «Hay que lanzarse muchas veces a la aventura», respondió el Padre. Animó a combinar realismo y audacia, contando con la ayuda de Dios para afrontar las dificultades del camino.

    También hubo una pregunta sobre el trabajo que estudiantes de la universidad realizan con personas privadas de libertad. El Padre puso el acento en procurar que se sientan comprendidas y queridas. «Lo que más a veces duele es la soledad, no la soledad física, sino la soledad del alma», explicó.

    Hacia el final, las preguntas abordaron el trabajo, los proyectos profesionales y la historia del Opus Dei en Uruguay.

    La Universidad de Montevideo quiso dejarle algunos recuerdos de su visita. Recibió una libreta con el escudo de la UM y una edición del Quijote preparada por la universidad, que custodia una de las colecciones cervantinas más importantes de Hispanoamérica. La edición conmemora la primera publicación completa de la obra en América del Sur, hecha en Montevideo en 1880.

    El encuentro terminó con el agradecimiento de la comunidad universitaria por las enseñanzas, las sugerencias y los horizontes que el Padre había abierto durante la mañana. «La Universidad de Montevideo es su casa», le dijeron antes de despedirlo.

    Miércoles 26. Encuentro con jóvenes: el Señor cuenta conmigo para ayudar a los demás

    Por la tarde, el Padre se encontró con jóvenes universitarias y profesionales llegadas desde distintos puntos de Uruguay, junto a algunas jóvenes de Argentina, Paraguay y Brasil. En el escenario, una frase de san Josemaría, «Tus brazos a Uruguay», recordaba unas palabras que había dirigido a un joven uruguayo en 1974, una invitación a poner también hoy los brazos y el corazón al servicio del país.

    Al comenzar, el Padre las invitó a poner a Jesucristo en el centro de la formación y de la propia vida. Explicó que ser cristiano no consiste solamente en aprender unas ideas o cumplir determinadas prácticas, sino en buscar y querer a alguien: «Conocer a Jesucristo, tratar a Jesucristo, amar a Jesucristo».

    También habló de no desanimarse frente a los propios límites y a estar dispuestas a comenzar y recomenzar. «La santidad consiste en la plenitud del amor, no en no tener defectos», recordó, porque incluso con las propias limitaciones siempre es posible volver a empezar con más amor de Dios.

    Pierina, equinoterapeuta, recreadora infantil y enfermera, contó que en su vida la acompaña una imagen que utilizaba san Josemaría: la de los patos que se lanzan al agua aun sin saber nadar. Ese «patos al agua» la ayuda a salir de su zona de confort y por eso le preguntó al Padre cómo hablar de Dios con amigos y familiares. El Padre puso el acento en la amistad: cuando es auténtica, explicó, hablar de aquello que uno lleva dentro surge de manera natural. Y recordó que la oración es el primer paso para luego ayudar.

    Abril, que vive en la Residencia Del Mar, llegó este año desde Treinta y Tres —una ciudad a 249 km al noreste de la capital— para estudiar Contador Público. Nunca había entrado a una iglesia, no estaba bautizada y sus padres no son creyentes. Al llegar comenzó a encontrarse con jóvenes que vivían su fe con naturalidad y decidió asistir a las meditaciones. «Estoy segura de que una de las mejores decisiones que tomé en mi vida fue llegar a la Residencia Del Mar», aseguró.

    Abril le pidió al Padre que rezara para que su fe siguiera creciendo. Él recordó entonces una petición que los apóstoles hacían a Jesús: «Señor, auméntanos la fe». La fe, explicó, es un gran don de Dios, pero necesita también ser pedida y acogida. 

    Las jóvenes de Del Mar le regalaron un estuche para sus anteojos con una frase de san Josemaría: «Señor, que vea».

    Pilar tiene 20 años, contó que el año pasado perdió a dos personas de su familia. El dolor le hizo dudar y le costaba entender cómo un Dios que la quería podía permitir algo que la hacía sufrir tanto. Le preguntó al Padre cómo abandonarse en las manos de Dios. El Padre la invitó a mirar a Jesucristo en la cruz y reconoció que hay momentos en los que los planes de Dios resultan difíciles de comprender. «Lo que sí podemos hacer es amar, aunque no entendamos», afirmó. Y agregó: «El amor de Dios no nos deja, aunque muchas veces no lo entendamos».

    Después llegó un momento bien rioplatense. Dos jóvenes le cantaron una «payada» —un canto improvisado en verso acompañado de guitarra— que recorrió, con humor, algunas de las tradiciones y rivalidades de los países de la nueva Región del Plata: el mate, el fútbol y hasta las discusiones con los vecinos. Antes de comenzar, dos alumnas de Los Pilares le regalaron un poncho. La payada terminó celebrando una región que, más allá de sus diferencias, comparte un mismo corazón.

    Julieta, de 18 años, contó que atravesó un momento muy difícil en su adolescencia y que años más tarde volvió a sentir con claridad la presencia de Dios en PREU —un instituto preuniversitario de Montevideo— donde se sintió acompañada y querida. Más adelante empezó a participar en las actividades de un centro del Opus Dei. Hoy se pregunta si Dios la llama a esa vocación y quiso saber cómo discernir una decisión que puede marcar toda la vida.

    El Padre explicó que Dios no suele mostrar el camino con una claridad que elimine toda duda, porque respeta profundamente la libertad. Habló de rezar, pedir consejo y contar también con una decisión personal generosa. Dios deja «una cierta oscuridad», explicó, para que cada uno pueda dar «un gesto de generosidad de lanzarnos a la aventura».

    Maite, estudiante de Comunicación y aficionada a la acuarela, habló de las redes sociales. En Instagram comparte sus pinturas y también procura mostrar con naturalidad su relación con Dios. El Padre la animó a aprovechar ese espacio para transmitir la vida cristiana y fomentar vínculos auténticos; y recordó que aunque haya amistad a través de las redes, no es igual a la que cultivamos en las relaciones diarias.

    Lula, que había diseñado el escenario, contó que conoció el Opus Dei a través de una amiga y que desde hace poco más de un año es supernumeraria. En su familia la fe no ha tenido un lugar importante y algunas de sus decisiones fueron cuestionadas. Preguntó cómo compartir con sus padres la alegría de su vocación. El Padre le propuso un camino muy concreto: «Querer más y mejor a tus padres», porque una relación más profunda con Jesucristo tiene que llevar también a querer más a la propia familia.

    Mercedes, jugadora de hockey de Los Ceibos, preguntó cómo hacer del deporte un espacio que no se reduzca a competir y buscar resultados, sino que ayude también a crecer y acercar a otros a Dios. El Padre volvió a la amistad como camino para compartir la fe y les pidió no sentirse intimidadas cuando se encuentran en ambientes donde Dios parece estar lejos y las animó a pensar: «Señor, cuenta más conmigo para ayudar a estas personas».

    Al acercarse el centenario del Opus Dei, Mélani quiso saber qué pueden aprender los jóvenes de quienes vivieron los primeros años de la Obra en Uruguay. El Padre animó a todas a ser fieles y perseverar en el camino a la santidad, sin mirar el pasado como «una especie de época dorada», pues quienes los precedieron fueron haciendo crecer el Opus Dei con una vida normal, «con el trabajo ordinario y con el comenzar y recomenzar cada día».

     Antes de la bendición del Padre, un grupo de jóvenes cantó «Oración del remanso».


    Martes 25. Encuentro con familias

    Personas de todas las edades y de distintas partes de Uruguay, Argentina, Paraguay, Brasil y Chile se reunieron con Mons. Fernando Ocáriz. Durante el encuentro compartieron historias y preguntas sobre la oración, la esperanza, la educación de los hijos, la amistad y cómo descubrir la presencia de Dios en las distintas circunstancias de la vida.

    En el escenario, un gran mural inspirado en la obra del artista Joaquín Torres García reunía escenas que representan cada departamento del país: una ronda de mate, el trabajo en el campo y en la oficina, el hogar, el deporte, la educación y la salud. Una composición que buscaba también representar el mensaje de san Josemaría de encontrar a Dios en medio de las actividades de cada día.

    A las 16.30, la espera terminó. El Padre fue recibido en medio de mucha emoción. Marianne y Juan Pablo, encargados de conducir el encuentro, le dieron la bienvenida: «¡Qué alegría tenerlo en nuestro país!».

    Al comenzar, el Padre recordó que dentro de pocos meses el Papa León XIV estará en Uruguay y los animó a preparar desde ahora su visita rezando especialmente por él, por su trabajo y por sus intenciones, creyendo con «una fe grande en la oración», les dijo. A veces pedimos algo a Dios y aquello que esperamos no sucede. Pero eso, explicó, no significa que Dios se haya olvidado de nosotros o que no nos haya escuchado. «La oración nunca es inútil. Dios nos escucha siempre».

    El Padre habló también de las dificultades y el sufrimiento, que llegan de un modo u otro a la vida, e invitó a mirar a Cristo en la cruz y a confiar en el amor de Dios aun cuando no podamos comprender lo que sucede. «Si hay amor, podemos ser felices a pesar del sufrimiento, porque es el amor lo que da sentido a la vida», afirmó. Esa confianza en Dios, explicó, «nos abre el alma para preocuparnos de los demás».

    Foto del estadio lleno con el Padre y los asistentes en Uruguay

    Los primeros en acercarse fueron Emilia, de seis años, acompañada por sus padres, Renato y Paula, que le entregaron un ramo de flores para la Virgen. Renato contó que durante muchos años había vivido alejado de Dios y que fue precisamente su hija quien comenzó a acercarlo nuevamente a la fe: «ella fue mi puente hacia Dios», explicó. A partir de esa experiencia, le preguntó al Padre cómo recuperar de adultos esa sencillez de los niños en el trato con Dios.

    El Padre comentó unas palabras de san Josemaría: «Rezar como rezan los niños. Creer como creen los niños. Esperar como esperan los niños». Explicó que esa infancia espiritual debe ir unida a una gran madurez y sinceridad con Dios: presentarnos ante Él tal como somos, con la sencillez de los niños y vivir así la oración, con una apertura completa.

    Evangelina contó sobre Familia sin Barreras, una iniciativa que impulsa junto a su marido y otros matrimonios para acompañar a familias que viven en contextos de vulnerabilidad. Le preguntó al Padre cómo hablar de Dios a quienes, por las situaciones que han atravesado, se sienten abandonados por Él, han perdido la esperanza o no encuentran siquiera el cariño dentro de su propia familia.

    El Padre aconsejó pedir a Dios las palabras adecuadas para cada persona: «Señor, habla tú a través de mí». Invitó después a conocer la situación de quien tenemos delante y, sobre todo, a quererlo: «Lo más importante es transmitir cariño, transmitir afecto. Es cuestión de querer». Y es que cada persona, recordó, «vale toda la sangre de Cristo».

    Varias familias formaron el coro que acompañó el encuentro con canciones para el Padre
    Varias familias formaron el coro que acompañó el encuentro con canciones para el Padre

    Hubo también un momento para volver la mirada hacia los comienzos del Opus Dei en Uruguay. Con motivo de los 70 años de la llegada de los primeros miembros de la Obra al país, que se celebrará a mediados de octubre, exresidentes de Iará —la primera residencia de estudiantes— prepararon un video con recuerdos, anécdotas y testimonios de esos primeros años.

    Después de las imágenes, Luis llevó la conversación desde esos 70 años de historia hacia el futuro y el camino al Centenario del Opus Dei. Al terminar, los nietos de Luis se acercaron para entregarle al Padre en nombre de todos los uruguayos, una antigua brújula con reloj de sol, utilizada por navegantes para orientarse en alta mar. El regalo hacía referencia a una imagen que utilizaba san Josemaría para hablar del Opus Dei como una «pequeña barca». «Queremos agradecerle que siga llevando esta nave por tan buen rumbo y con los ojos puestos en el Sol», explicaron al entregársela.

    El Padre recibe una antigua brújula con reloj de sol, utilizada por navegantes para orientarse en alta mar.
    El Padre recibe una antigua brújula con reloj de sol, utilizada por navegantes para orientarse en alta mar.

    Rosina, de Paysandú, contó que en 2007, junto a otras familias, comenzaron un colegio con el deseo de ofrecer una formación humana y cristiana. Ante la próxima visita del Papa León XIV, le preguntó al Padre cómo aprovechar ese acontecimiento para renovar la fe y ayudar a los padres a asumir su papel en la formación cristiana de sus hijos.

    El Padre los animó a escuchar al Papa tomando sus palabras como dirigidas personalmente a cada uno. Y recordó que incluso ante las noticias de guerras y sufrimiento en lugares lejanos podemos hacer propios esos acontecimientos rezando por quienes los padecen. Sobre la educación de los hijos, recordó que «lo que forma fundamentalmente a las personas es la familia». Por eso animó a los padres a asumir la responsabilidad de transmitir la fe y a ayudar a otras familias a hacer lo mismo, principalmente a través del trato personal y la amistad. 

    Sofía y Julián llegaron desde Venezuela a Uruguay en 2019. Sofía contó al Padre que un año atrás había pedido la admisión en la Obra y que, durante los recientes terremotos en su país, su ciudad natal había quedado destruida. Contaron también que desde que se conocieron, soñaban con tener muchos hijos, pero que luego de algunos años de matrimonio lleno de ilusión recibieron una noticia que los entristeció mucho: los médicos les dijeron que no podrían tener hijos. Sofía le preguntó al Padre qué podía decirles a quienes esperan unos hijos que quizás nunca lleguen y cómo encontrar también allí lo que Dios quiere para ellos. «Su matrimonio está llamado a ser fecundo de un modo distinto», les dijo, hablando de una maternidad y una paternidad espiritual abiertas a muchas otras personas. Y los invitó a no vivir esa realidad como un fracaso: Es «una nueva y distinta llamada de Dios».

    Juan Andrés e Ileana llegaron con sus hijos desde Rocha, una ciudad al sureste del país, donde nace el sol de la patria. Él trabaja en el campo, lejos de la ciudad, y contó que las distancias y los horarios muchas veces le dificultan participar de la Misa y de otras actividades que lo ayudan a crecer en su vida cristiana. Le preguntó al Padre cómo mantenerse cerca de Dios en esas circunstancias. El Padre le aconsejó hacer todo lo posible para participar de la Eucaristía y seguir formándose, pero siempre con paz, y cuando las circunstancias lo impidan lo animó a pensar que no está solo: «Dios está contigo», también en el trabajo y en todo lo que haces.

    Renato y Emilia: ¿cómo aprender a rezar como rezan los niños?

    Ingrid, artista y diseñadora, contó que con los años fue descubriendo la belleza como un reflejo de Dios y de su amor. Rodeada hoy de artistas, muchas veces descubre que las conversaciones sobre la belleza terminan en una búsqueda de sentido y de Dios. Por eso le preguntó al Padre cómo hacer del arte y la belleza un camino para acercar a otros a Dios.

    «La belleza es un reflejo de la perfección de Dios», explicó el Padre. Y aclaró que no se trata solamente de aquello que gusta inmediatamente, sino también la unión profunda que existe entre la belleza y el bien. «Una aparente belleza que no va con el bien, no es verdadera belleza». afirmó. Y la animó a trabajar precisamente en esa dirección: «Intentar conectar belleza y bien».

    Las últimas preguntas abordaron la amistad y el desafío de encontrar un equilibrio entre el trabajo, la familia y tantos compromisos y actividades. El Padre recordó que «la verdadera amistad es una forma del amor» y, al hablar de cómo ordenar el tiempo entre tantas ocupaciones, fue muy concreto: «La familia, lo primero». También animó a vivir con alegría: «Dios quiere que estemos contentos»

    Antes de despedirse, el Padre volvió a recordar la próxima visita del Papa León XIV a Uruguay y renovó el pedido con el que había comenzado el encuentro: «Recemos mucho por el Papa». Después agradeció la acogida e impartió la bendición: «Que el Señor esté en vuestros corazones, en vuestras familias, en vuestros trabajos, en todas vuestras intenciones y en vuestra alegría».


    Lunes 24 de agosto. En la Fundación Los Pinos y Los Rosales

    La jornada del lunes comenzó en Casavalle, uno de los barrios más vulnerables de Montevideo, donde Mons. Fernando Ocáriz visitó laFundación Los Pinos yLos Rosales, dos iniciativas nacidas bajo la inspiración de san Josemaría que acompañan a niños y jóvenes desde la primera infancia hasta la adolescencia, trabajando junto a sus familias para ayudarlos a desarrollar sus talentos y abrirles oportunidades para construir su propio proyecto de vida.

    Al llegar a Los Pinos, el Padre recorrió las instalaciones y saludó al personal, a los alumnos que encontraba a su paso y mantuvo un breve encuentro con el Consejo de Administración de las dos fundaciones.

    Mientras tanto, estudiantes, profesores y otros trabajadores lo esperaban en el gimnasio polideportivo. Cuando el Padre entró se escuchó: «Soy de la orilla brava del agua turbia y la correntada, que baja hermosa por su barrosa profundidad», los primeros versos de la canción Oración del remanso.

    Facundo fue el primero en animarse a contar su historia. Llegó a Los Pinos este año, después de haber intentado ingresar durante mucho tiempo. Al principio tenía miedo de no encajar, pero pronto descubrió profesores y compañeros dispuestos a ayudarlo. Allí también comenzó a conocer la fe. Poco a poco fue aprendiendo a rezar y, con el tiempo, tomó una decisión: recibir el Bautismo. Le preguntó al Padre cómo podía seguir creciendo en la fe y prepararse para ese momento. Mons. Ocáriz le recordó que la fe es un don de Dios que también necesita ser acogido, y lo animó a pedírsela al Señor: «un punto fundamental de la fe es creer en el amor de Dios por nosotros», explicó. Creer que Dios está con nosotros y nos quiere, incluso cuando no podemos verlo con claridad.

    Luzmila contó que llegó a Los Rosales hace cuatro años, después de haber atravesado situaciones muy difíciles durante su infancia que la habían dejado triste y muy enojada con la vida: «No sabía lo que era sentirse comprendida y acompañada», recordó. Poco a poco aprendió a dejarse querer, a apoyarse en los demás y también a rezar. Cuando necesitaba un poco de calma, explicó, comenzó a ir a la capilla y quedarse allí un rato. «Siento que Dios me ayudó a mirar mi vida de otra manera», dijo antes de preguntarle al Padre cómo perdonar a alguien que la hizo sufrir y aprender a mirarlo como lo mira Jesús.

    El Padre reconoció que perdonar no siempre es fácil, por eso animó a mirar a Jesús en la cruz, que se entregó precisamente para perdonarnos. Recordó también las palabras del Padrenuestro: «Perdónanos como nosotros perdonamos. Pedimos perdón a Dios, pero con la condición de que nosotros perdonemos a los demás», explicó. En esos momentos en los que cuesta perdonar, invitó a pedir ayuda a Dios y a distinguir el perdón auténtico, que implica la voluntad, del puro sentimiento: aunque el dolor permanezca, uno puede decidir perdonar y querer el bien del otro. «Perdonar a los demás es algo muy grande», dijo, y recordó unas palabras de san Josemaría: «Lo más divino de nuestra vida es perdonar».

    Gonzalo, exalumno de Los Pinos y hoy coordinador de deportes, quiso saber qué pueden hacer educadores y compañeros para acercar la fe a los jóvenes que todavía la sienten lejana. El Padre lo animó a rezar mucho por todos: ese es el primer paso. 

    Con los alumnos de liceo

    Para despedirse, los estudiantes interpretaron la canción Virgen Morenita, y entregaron un regalo al Padre en nombre de la institución.

    Luego, el Prelado visitó Los Rosales. Recorrió las instalaciones, saludando a familias, docentes y directivos. También se detuvo unos momentos a rezar en la capilla.

    Más tarde, el Padre estuvo en la Catedral de Montevideo. Al ingresar se encontró con un grupo de universitarias que se habían acercado para saludarlo y se detuvo unos minutos a conversar con ellas. Rezó ante la tumba del Beato Jacinto Vera, primer obispo de Montevideo. Después compartió el almuerzo con el arzobispo de Montevideo, el cardenal Mons. Daniel Sturla. El Padre le regaló una corona para la Virgen, que el Cardenal recibió con mucho agradecimiento. Por su parte, Mons. Sturla le entregó una reliquia del Beato Jacinto Vera.

    Lunes 24. El Padre en Los Ceibos: “No os deis nunca por vencidos”

    Por la tarde, el Padre se reunió con jóvenes en el complejo deportivo Los Ceibos. Entre historias personales, preguntas y música, la conversación fue recorriendo inquietudes muy distintas, pero cercanas a la vida de quienes estaban allí: la amistad con Dios, la vocación, el estudio, el noviazgo, el dolor, la solidaridad y el deseo de vivir la fe con naturalidad en medio del mundo.

    Al comenzar, el Padre los animó a luchar por ser cristianos de verdad, sabiendo que eso no significa no tener defectos o limitaciones, sino estar dispuestos a recomenzar una y otra vez. Los animó a poner en el centro de la vida cristiana el encuentro personal con Jesucristo, procurando parecerse cada vez más a Él. «La vida cristiana es seguir a Jesucristo. Esta es la clave», les dijo. Y sugirió un sencillo itinerario: «Conocer al Señor, tratar al Señor, amar al Señor».

    Los animó a enfocar el esfuerzo sin desanimarse por las dificultades, los defectos, las equivocaciones. «Siempre tenemos la ayuda de la gracia de Dios para tirar para adelante, para no desanimarnos, para luchar». Y explicó que la seguridad tiene que estar en el amor de Dios por cada uno.

    Santiago, que trabaja en Los Pinos desde hace poco más de un año, contó cómo esa iniciativa ayudó a que muchas familias del barrio recuperaran la esperanza. Aunque hoy pueda parecer que allí “está todo hecho”, aseguró que quienes trabajan en Los Pinos saben que “está todo por hacer”. Por eso le preguntó al Padre cómo contagiar a más personas el deseo de sumarse y poner su tiempo y sus talentos al servicio de los demás. Mons. Ocariz lo animó a compartir no solo lo que allí se hace, sino también la propia experiencia. Le habló de transmitir, a través de la amistad, aquello que uno lleva dentro, porque «cuando hay amistad auténtica lo que a uno le interesa al otro también le interesa».

    Leandro, de 24 años, contó que su acercamiento al Opus Dei comenzó inesperadamente haciendo fila para entrar a una discoteca. Allí conoció a un joven que terminó convirtiéndose en un gran amigo y lo invitó a un centro de la Obra. Volvió a acercarse a Dios y se preparó para recibir la Confirmación. Le preguntó al Padre sobre la importancia de la formación para crecer en la propia fe y poder transmitirla a los demás. «La formación es necesaria para que la libertad se pueda ejercer bien», explicó Mons. Ocáriz, invitándolo a formar la inteligencia para poder reconocer el bien y elegirlo libremente.

    Rafa, un joven de Paysandú, le contó que el año pasado perdió a su padre, que se encontraba trabajando en Venezuela. Lo recordó como un hombre muy piadoso y especialmente generoso con quienes necesitaban ayuda. «Hoy mi vida se mezcla de alegría por los recuerdos que tengo de él, de la seguridad de que está en el cielo, pero con momentos de tristeza, de que ya no está más», contó.

    Luego le preguntó al Padre cómo conservar la alegría y la esperanza en medio del dolor. «Todos rezamos ya por tu papá», le dijo el Padre, y lo invitó a pensar en la felicidad de su padre junto a Dios: «una felicidad que es tan grande que no podemos ni imaginarla, la felicidad del cielo». Y agregó: «El cielo está con nosotros, el cielo es Dios. Dios está también en tu corazón y tu padre está muy cerca de ti».

    Entre otros temas, los jóvenes conversaron sobre el noviazgo, las decisiones del pasado, la Eucaristía, la pureza, la acción social y el modo de compartir con la propia familia un camino vocacional. Al hablar de las dificultades y de la necesidad de volver a empezar, el Padre les aconsejó: «No os deis nunca por vencidos; si hay que recomenzar todos los días, recomenzad todos los días, porque nunca nos va a abandonar Dios».

    Antes de despedirse, el Padre impartió su bendición, y los animó a estar alegres también cuando aparezcan dificultades: «Dios está con nosotros siempre».


    Domingo 23. El Padre encuentra algunas familias

    El domingo, el Padre pasó parte de la tarde en La Cantera, una casa de retiros y convivencias. Visitó la ermita donde permaneció unos minutos en oración y dejó a los pies de la Virgen cuatro rosas, una por cada país de la Región del Plata: Uruguay, Argentina, Bolivia y Paraguay.

    Durante su visita el Padre también plantó un árbol que seguirá creciendo y dando sombra a tantas personas que pasarán por allí buscando unos días de formación, recogimiento y oración. Al terminar de plantar el cedro azul, se acercó a Wilson, que conoce bien cada rincón del parque, y le dijo con cariño: «Te lo dejo para que me lo cuides, para que crezca bien».

    El Padre plantó un cedro azúl en La Cantera

    Más tarde, el Padre compartió un encuentro con algunas familias que se acercaron para saludarlo y conversar unos minutos con él, una a una. Muchos aprovecharon esos momentos para pedirle una oración, contarle alguna historia familiar o compartirle algún recuerdo. Lucas, uno de los niños, también quiso hacerle un regalo al Padre. Le contó con sencillez que sus hermanas le habían hecho dibujos, pero que él no sabía dibujar muy bien, por eso eligió regalarle uno de sus autitos, “el autito azul”. Al final, el Padre sorprendió a cada niño con una bolsa llena de golosinas.

     
    Al final, el Padre quiso dejarles su bendición, animándolos a vivir con alegría y recordándoles que, aun en medio de las dificultades y contrariedades, Dios está siempre cerca.


    Sábado 22. Con gran alegría Uruguay recibe al Padre
    La noche ya había caído sobre Montevideo el sábado 22 de agosto, cuando el avión en el que viajaba el Padre tocó suelo uruguayo, después de varios días de visita pastoral por Guatemala, Honduras y El Salvador. El vuelo aterrizó unos minutos antes de lo previsto, como si también quisiera acortar una espera que llevaba ya mucho tiempo.
    En el aeropuerto lo recibieron Fernando y Guadalupe, junto a sus hijos, y Daniel e Isabel, también con su familia, en representación de tantos uruguayos que esperaban con alegría su visita.
    Entre globos y carteles de bienvenida estaba también la Virgen de los Treinta y Tres, patrona del país. Uno de los niños había preparado algo especial: tomó su violín y tocó una canción para el Padre que se detuvo sonriente a escucharlo y a saludar a cada uno antes de continuar.
    La Virgen de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay, también esperaba al Padre a su llegada.
    Se trata de la primera visita del Padre a Uruguay desde que fue elegido prelado del Opus Dei, un viaje especialmente esperado porque completa las visitas pastorales que, en los últimos años, realizó a los demás países de la región del Plata. Su llegada coincide, además, con un año especial: en octubre se cumplirán 70 años desde la llegada de los primeros miembros del Opus Dei a Uruguay. 
    Durante los próximos días mantendrá encuentros con familias, jóvenes, sacerdotes y personas que participan en distintas iniciativas educativas y sociales inspiradas por el mensaje de san Josemaría en el país. 
    Fernando y Guadalupe, junto a sus hijos, y Daniel e Isabel recibieron al Padre en el aeropuerto.