A mi hijo le detectaron, con ocho años, una enfermedad que afecta a los pulmones. Ocho años después, con dieciséis, la enfermedad había progresado tanto que los ingresos en el hospital eran cada dos meses. Su calidad de vida cada vez era peor, pues llevaba el oxígeno puesto casi todo el día, más todos los tratamientos. Su neumóloga nos dijo que era conveniente que estuviera cuanto antes en lista de espera para trasplante bipulmonar. Así que, el uno de marzo de dos mil veintidós, entró en lista. A partir de ese momento, comenzamos una novena para que todo fuese bien, a Dora del Hoyo, numeraria auxiliar, de la que me habían hablado mis dos hermanas, que también lo son. A ella se unieron también otras personas que conocíamos.
Ese mismo mes de marzo, el día veintidós, ingresó en el hospital por una infección pulmonar. Estuvo una semana con tratamiento de antibiótico intravenoso. Estando ingresado, el veintinueve de marzo, entró en la habitación del hospital un neumólogo que nos dijo que había un donante y que era compatible con mi hijo. Esa misma tarde le hicieron el resto de pruebas que faltaban y, por la noche, le realizaron el trasplante con éxito. Era el treinta de marzo de dos mil veintidós.
Desde entonces, mi hijo ha ido mejorando cada vez más y, hoy día, que ha pasado un año, aunque tiene que seguir tomando mucha medicación, lleva una vida totalmente normal. Me gustaría agradecer con este testimonio a Dora del Hoyo su ayuda en todo este proceso.
M. V. V. C. - España
