Pude estudiar un posgrado en el extranjero

Cada problema que se presentaba en el largo proceso para estudiar en el extranjero, don José Luis Múzquiz lo resolvía.

Opus Dei - Pude estudiar un posgrado en el extranjero

Siempre he querido estudiar en el exterior y durante algunos años estuve enviando solicitudes de becas para posgrados. En muchas ocasiones llegaba a la última fase pero al final me rechazaban. Trabajo en una universidad y cuando empecé a trabajar ahí supe que había tres plazas para estudiar en el exterior. Acerca de las áreas de formación que se podía escoger, resultó que a la que yo que podía aspirar ya se había elegido una candidata. No obstante, esta persona rescindió su contrato inesperadamente y la plaza quedó vacante.

En el mes de octubre me dijeron que varios colegas habían sugerido mi nombre para ocupar esta plaza e irme a hacer estudios de posgrado, así que querían saber si estaba dispuesta a iniciar el proceso. Evidentemente acepté la oferta. Empezó entonces una carrera a contrarreloj, pues debería empezar los estudios al año siguiente, lo cual suponía que sólo tenía tres meses para buscar un país, una universidad y empezar el proceso con todos sus requisitos. Además, hay que añadir que por las características de la beca solo podía aplicar a un sitio donde el español no fuera la lengua oficial.

Me impresionó bastante la valentía y confianza en Dios de don José Luis para empezar la labor en un país y con un idioma que desconocía. Por esto, decidí encargarle mis estudios de posgrado en EE.UU.

Con todo esto en mente empecé la búsqueda: Alemania, Nueva Zelanda, Inglaterra, Irlanda, etc. Debido al rigor académico que caracteriza a las universidades de los Estados Unidos este país no era para mí una opción de entrada. Pero conforme pasaba el tiempo sin hallar un programa de maestría y doctorado en el área que necesitaba tuve que empezar a buscar en EE.UU.

Ese año había leído el libro “Echando raíces”, la biografía de don José Luis Múzquiz y el relato sobre los inicios del Opus Dei en Estados Unidos. Me impresionó bastante la valentía y confianza en Dios de don José Luis para empezar la labor en un país y con un idioma que desconocía. Por esto, decidí encargarle mis estudios de posgrado en EE.UU.

Después de una búsqueda exhaustiva encontré un posgrado que consideré oportuno y lo presenté ante una asamblea (compuesta por profesores del departamento en el cual trabajo) y solicité su aprobación. El día que presenté la propuesta de universidad y programa de estudios se rechazó porque consideraban que el enfoque no era el adecuado. Ya que el tiempo apremiaba seguí rezando y logré encontrar un programa de posgrado más adecuado, lo llevé de nuevo a la asamblea y esta vez aprobaron mi candidatura y el programa de estudio de manera unánime.

A menos de un mes de que iniciara el posgrado no tenía visa, ni billete de avión. Así que volví a acudir a Father Múzquiz: “necesito que me den la visa en menos de 15 días para comprar el billete”

Ahora empezaba una fase difícil: lograr la admisión a la universidad. Para ello tenía que preparar exámenes de inglés TOEFL, así como el examen GRE (mi dominio del inglés era entonces muy básico). A todo esto, se sumaba que estaba trabajando a tiempo completo en una maestría virtual. Fue un periodo muy intenso, pero para la fecha límite logré entregar la aplicación. Una vez entregada empecé a rezar la estampa todos los días “para que me admitieran” pues era un proceso competitivo y aunque obtuve una buena nota en el GRE, no fue así con el examen del TOEFL. También pedí a muchas personas que me ayudaran a rezar por esa intención.

Llegó al fin el correo electrónico con la notificación oficial y cuando abrí el sitio web decía “lamentamos informarle que no ha sido admitida”. Un poco desilusionada por el resultado escribí a la coordinadora del posgrado para pedirle si podía enviarme una carta sellada donde se dijera que no había sido aceptada, pues debía presentar una documentación oficial a mi jefe. Y acá viene el primer favor, pues mi email no lo respondieron sino tres días después y me decían que habían confundido mis papeles y me habían notificado mal. Resulta que sí estaba admitida en el posgrado.

Apenas me llegó ese email, me llegó otro de la oficina de registro donde oficialmente me daban las felicitaciones por haber sido admitida. Ya con la carta de admisión debía completar una serie de pasos para recibir el permiso y el financiamiento de la Universidad para la que trabajaba. En una de las primeras reuniones con la Oficina de Asuntos Internaciones me di cuenta que iba a necesitar pedir ayuda a don José Luis, pues me dijeron que era un programa muy extenso y que usualmente esos no los financiaban y se rechazaban. Así que empecé a pedir “Father Múzquiz, que aprueben la beca”.

Y con la confianza que ya le iba teniendo a Father Múzquiz así se lo pedí: “que encuentre un lugar donde vivir y una buena compañera de piso”

Efectivamente después de meses de espera, trámites largos y angustiantes y contra todo pronóstico, recibí la carta oficial donde figuraba que se había aprobado la beca. Ya que el trámite anterior se había prolongado tanto tiempo, tuve que atrasar la solicitud de visa de estudiante.

A menos de un mes de que iniciara el posgrado no tenía visa, ni billete de avión. Así que volví a acudir a Father Múzquiz: “necesito que me den la visa en menos de 15 días para comprar el billete”. Efectivamente logré una cita y tener la visa en menos de 15 días.

Ahora venía otro asunto importante, necesitaba un apartamento en el cual vivir y una buena compañera de piso. Y con la confianza que ya le iba teniendo a Father Múzquiz así se lo pedí: “que encuentre un lugar donde vivir y una buena compañera de piso”. Tras varias gestiones me escribió una persona diciendo que estaba buscando una roomate católica. Esa era yo. Cumplía los requisitos. Ella se encargó de conseguir el apartamento en un sitio que fuera conveniente para ambas e hizo todo el proceso del leasing del cual yo no tenía la más mínima idea. Y además de todo, era una persona sencilla, súper amable y de buenas costumbres.

Lo último que pedí a Father Múzquiz fue encontrar un trabajo en el campus pues, aunque ya tenía financiamiento

Llegó el momento de mudarme y aún con la emoción de empezar una nueva etapa me preocupaba no “hallarme” en el nuevo sitio o no hacer amigos. Así que puse esto en manos de Father Múzquiz, y le pedí: “que me halle y que haga amigos”. Puedo decir que a casi tres años de haber empezado esta aventura, no he extrañado mi casa, pues me siento muy a gusto y he conocido muchísimas personas y he hecho buenos amigos, quienes curiosamente conocí porque se acercaron a hablar conmigo, yo no hice nada, ellos llegaron a mí.

Lo último que pedí a Father Múzquiz fue encontrar un trabajo en el campus pues, aunque ya tenía financiamiento, este solo cubría el 80% del costo de los estudios y no quería pedir un préstamo para el restante 20%. Un semestre después de que llegase a la universidad y cuando ya me habían dicho que era muy difícil que me otorgaran un trabajo por ser estudiante de máster, me llamaron del departamento de español para ofrecerme un puesto de asistente. Esto cubría todo el costo de mi matrícula y además me daba un salario.

Toda mi aventura de posgrado en tierras norteamericanas ha sido gracias a la intercesión de don José Luis Múzquiz. Hay miles de detalles pequeños e inexplicables que son parte de este gran favor pero acá trato de hacer un panorama general para dejar constancia de que don José Luis Múzquiz es un gran intercesor.

M. J. R. - Costa Rica