¿Cómo suena la voz de Dios en la vida de un joven de hoy?
A veces llega como un sueño que empuja, otras como una duda que inquieta, otras como una certeza que da paz.
Esta es una serie de vídeos con testimonios de jóvenes de distintas partes del mundo —Italia, Australia, Estados Unidos, Sudáfrica, Francia, España— que cuentan cómo descubrieron su vocación al Opus Dei.
Hablan de las ilusiones que les movieron, las dudas que les frenaban, los sueños que les empujaban a decir que sí. Historias reales, con preguntas que quizá te suenen cercanas.
Cada historia es distinta: distintas culturas, distintos recorridos vitales, distintas formas de vivir una misma vocación (numerarios, agregados, supernumerarios). Pero todas comparten algo en común: la certeza de que Dios sigue llamando hoy, en medio de la vida ordinaria, con palabras que cada uno puede reconocer en lo más profundo de su corazón.
Si crees que crecer en una familia católica es una puerta automática para conocer tu vocación, piénsalo otra vez. La llamada de Dios no es una llamada de grupo; es una llamada individual, entre Dios y yo. Crecí en Soweto, en Sudáfrica, y gracias a eso pude asistir a Misa y participar en la vida de mi parroquia natal.
Poco a poco, empecé a querer hacer algo más por Dios. Quería hacer más, porque ser monaguillo y participar en la juventud no era suficiente para mí. Después conocí el Opus Dei, y sentí que era justo lo que necesitaba: un lugar donde poner el mundo y a Dios como uno solo. Me ayudó mucho, porque entonces mi vida ya no estaba en pequeños fragmentos.
Antes, todo lo que hacía en la iglesia o con mis amigos era como otra vida; no parecía parte de mi vida real. Y la escuela… esa vida tampoco parecía parte de esta vida. Así que, de repente, todo lo que hago se unió en uno solo, como hija de Dios. Mi vocación al Opus Dei es como agregada: sigo con mi familia y, además, soy profesora.
Ser profesora y miembro del Opus Dei ha aportado mucha luz a mi forma de vivir. Al comenzar cada día, ofrezco mis lecciones por mis alumnos y por mis colegas. Y sé que todo lo que hago es trabajar lo mejor que puedo. Sé que, al hacerlo, doy gloria y alabanza a Dios a través de mi trabajo y a través de las personas con las que comparto mi vida y enseñanzas.





