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Miedo. Incertidumbre. Sensación de no ser suficiente. Preocupaciones que abruman. Todos nos hemos sentido así. Seguramente, antes de dormir, te has incomodado al recordar algo que hiciste durante el día: “¿Por qué dije eso? ¿Por qué actué así? Seguro los demás pensaron tal cosa…” Déjame repetírtelo: todos nos hemos sentido así.

Antes de seguir leyendo, te invito a hacer algo: descubre la mirada de Jesús puesta en ti. No sé dónde estás ahora: quizá en un oratorio, frente al Sagrario; tal vez en el coche, escuchando a alguien leer esto en voz alta; o en tu cuarto, junto a la cama, intentando aprovechar estos minutos para rezar un rato. Sea como sea, piensa en esto: Jesús te mira y se emociona. Se emociona porque te ama tal como eres.

Cada 25 años, la Iglesia celebra un Jubileo. Dios ha querido que lo vivamos en este momento de nuestra vida. Seguro has escuchado que los jóvenes somos la esperanza del futuro. Pues bien, Dios ha pensado en ti y en mí para encarnar este mensaje. La Iglesia nos recuerda que tenemos una razón inquebrantable para mirar la vida con esperanza.

Quizá pienses: ¿Yo? ¿Qué tengo que ver con esto? No te preocupes. Dios tiene una visión de conjunto. Él confía en ti para formar parte de este gran cuadro de la historia.

Pero entonces surge otra pregunta: ¿Cómo hablar de esperanza cuando el mundo parece estar lleno de preocupaciones, ansiedad y tensión? El Papa Francisco nos da la respuesta:

"Necesitamos que sobreabunde la esperanza (cf. Rm 15,13) para testimoniar de manera creíble y atrayente la fe y el amor que llevamos en el corazón."
Papa Francisco

La esperanza que la Iglesia nos invita a vivir no se apoya en nuestras fuerzas ni en nuestras virtudes. Su fundamento es que Dios nos ama hoy, tal como somos.

Medita en esta idea. Dios, el creador del universo, el pintor de los océanos y de los atardeceres, el dueño de las estrellas y los planetas, el que conoce el pasado, el presente y el futuro… ese mismo Dios te busca, se alegra con tu sonrisa y espera que de vez en cuando le dirijas una palabra. Aquel que cubrió las montañas de nieve, pensando en el día en que disfrutarías verlas, se emociona cuando lo visitas en el Sagrario, aunque sea por unos minutos.

Goza de este pensamiento en tu interior. Dios está loco de amor por ti. Y esa es la razón de nuestra esperanza. ¿Cómo podríamos tener una mirada pesimista cuando sabemos que estamos en manos de Aquel que dio su vida por nosotros?

"Soy amado, luego existo; y existiré por siempre en el Amor que no defrauda y del que nada ni nadie podrá separarme jamás."
Papa Francisco

Fuimos creados por amor, creados para amar y creados para vivir en Aquel que es amor.

San Josemaría, fundador del Opus Dei, se esforzó todos los días de su vida por transmitir este mensaje. ¿Qué aconsejaba?

Dios es un Padre —¡tu Padre!— lleno de ternura, de infinito amor. —Llámale Padre muchas veces, y dile —a solas— que le quieres, ¡que le quieres muchísimo!: que sientes el orgullo y la fuerza de ser hijo suyo.
San Josemaría


Mira a tu alrededor. Yo lo hago y, a veces, me asusta lo que veo: enfermerdades que no entiendo, familiares sin trabajo, amigos que sufren tristeza y soledad, guerras, pobreza, … Pero es en esos momentos cuando la Iglesia nos invita a recordar el mensaje central del cristianismo: Dios ha salido a nuestro encuentro.

Por eso, nuestra fe no es solo una idea o un estilo de vida. Es una relación con una Persona: Cristo. Y en esa relación, todo cobra sentido. No enfrentamos las dificultades solos: en todo momento estamos acompañados por Aquel que todo lo puede.

El Papa Francisco dice:

"El futuro iluminado por el perdón hace posible que el pasado se lea con otros ojos, más serenos, aunque estén aún surcados por las lágrimas."
Papa Francisco

Habrá momentos de sufrimiento. A veces, tendremos que pedir perdón y aprender a perdonar. Pero el camino que hoy se nos presenta es una aventura en la que caminamos de la mano de Dios, quien confía en nosotros. Tal vez te sientas pequeño, pero para Dios, tú lo eres todo. Y eso es lo que Él quiere que descubras en este jubileo de la esperanza

Un reto para ti

Ahora que hemos reflexionado sobre esto, quiero proponerte un reto. Estas ideas no pueden quedarse solo en nosotros: debemos compartirlas con el mundo, con nuestra familia, amigos, compañeros de escuela y trabajo. Este Año Jubilar, tú puedes ser protagonista de una revolución: recordarle a cada persona que es amada por Dios.

Personalmente, me llena de emoción saber que la Iglesia confía en nosotros para transmitir esta esperanza. Al mismo tiempo, siento el peso de la responsabilidad en mis hombros. Al reflexionar sobre ello, creo que comprendo un poco mejor qué significa cuando Cristo nos invita a "llevar la Cruz con Él". Pero no es una carga agobiante, sino una oportunidad de estar cerca de Aquel que nos ama tal y como somos. Por eso, podemos aprovechar este Año Jubilar para "ser" Iglesia, tú y yo.

¿Cómo hacerlo?

  • Cuida tu oración. ¿Cómo compartirás un amor que no has experimentado?
  • Sé mejor amigo de tus amigos. A través de tu cariño, ellos podrán palpar el amor de Dios.
  • Mira a Dios como un Padre. Él nos cuida, se interesa por nuestras preocupaciones y nunca nos deja solos.
  • Prepara bien tu Confesión. Este sacramento supone un encuentro con Dios, que nunca se cansa de perdonar.
  • Perdona: pide la gracia para perdonar de verdad. ¿Hay alguna herida que quizá haya “formado costra” en tu alma?
  • Mantén la mirada en el Cielo. No olvides que el clímax de nuestra vida será el encuentro con Cristo, un encuentro que ya saboreamos en cada Comunión.

Estas son algunas ideas que se me ocurren. Seguro que tú podrás pensar en muchas más. Este año puedes protagonizar una verdadera revolución, en la que muchas personas descubran que hay un Dios que las ama con locura.

¿Te animas?