El párroco del pueblo más joven de España

D. José Ignacio de Andrés pertenece a la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara y es socio de la Sociedad sacerdotal de la Santa Cruz

Una de las curiosidades del censo realizado en toda España en 2001 es el "título" de municipio más joven de España, que desde entonces ostenta Villanueva de la Torre, gracias a la edad media de 28,9 años de sus habitantes.

Hablamos con el cura del pueblo, que nació hace 49 años en Valfermoso de Tajuña y decidió marchar al seminario cuando estudiaba bachillerato en Azuqueca. Se doctoró en Derecho Canónico en Roma y actualmente es también Vicario Judicial de Guadalajara. Su primer destino sacerdotal fue "en Prados Redondos y siete pueblos más; luego tuve que ir a Cáceres para hacer la mili; pero eso no fue un problema, porque los curas tenemos trabajo donde hay gente ". Al enumerar sus diferentes destinos habla también de su trabajo de profesor de Instituto, y de los dos años en que fue capellán del Hospital General Universitario de Guadalajara. "La Iglesia siempre ha salido al paso de las necesidades de la gente, y en un municipio como éste, con tanta gente que trabaja fuera y vive en medio de prisas y preocupaciones, no sólo ofrecemos los sacramentos -hay unos cien bautizos al año- y las catequesis correspondientes, sino también un espacio de tranquilidad". De eso es de lo que nos habla el párroco del pueblo más joven de España:

"Me llamo José Ignacio y soy el sacerdote de Villanueva de la Torre, que es un pueblo de Guadalajara que limita con Madrid, está en el corredor del Henares. Y aquí es donde yo desarrollo mi trabajo desde hace ocho años.

Lo que a mí me gustaría resaltar del trabajo de un sacerdote en un pueblo como éstos es la peculiaridad que puede tener una parroquia que ha sufrido un incremento muy notable de gente, porque ha pasado de tener, hace 15 años, treinta personas a ser ahora, en la actualidad, más o menos siete mil personas, siete mil habitantes. Con todo lo que eso conlleva de gente que viene, que no se conoce, que viene a un lugar, en principio, que le resulta extraño. Y eso para un sacerdote y para una parroquia ofrece unos retos que son muy interesantes.

Yo creo que es el mismo Espíritu Santo el que va configurando y trayendo las cosas de diversas formas. Hace no mucho tiempo vino una familia -la portavoz, como en casi todos los casos, era la madre- diciendo: Venimos aquí porque nuestra hija quiere... -la hija tiene cinco o seis años-, nuestra hija quiere bautizarse. Porque en el colegio va a clase de religión y le han dicho que, para pertenecer al Reino de Dios (con estas palabras) hay que bautizarse. Y entonces ella ha preguntado si estaba bautizada, le hemos dicho que no, y ha dicho que ella quiere pertenecer al Reino de Dios y, por tanto, se quiere bautizar. Y no solamente eso –dijo la madre– sino que el hermano pequeño…, dice 'el hermano pequeño ¿también está sin bautizar? Pues yo quiero que mi hermano pertenezca al Reino de Dios'. Por tanto, dijo la madre, venimos para ver qué tenemos que hacer para bautizar a estos dos pequeños. Meses antes, habían estado los propios padres en la catequesis matrimonial.  

Bueno, esto es un ejemplo de las distintas situaciones que se pueden presentar en esta parroquia.

Me parece de estricta justicia, citar y referirme a San Josemaría como un referente actual, importante para mí, para afrontar el trabajo que se puede desarrollar en esta parroquia. Y, además, haciéndolo con eso, con ánimo, con esperanza. Sabiendo que cada día es una oportunidad para llegar, fundamentalmente, a las familias. Transmitirles el mensaje genuinamente cristiano que significa que la gente abra, que las familias abran, su corazón a Dios que es el que en definitiva integra todo en nuestra vida.